Los gritones, los panelistas y el poder



Osvaldo Quinteros-. La banalización de las discusiones en torno al poder.



Nace un nuevo oficio: chimentero de Tribunales. Su dedicación es part time, dado que puede opinar de cualquier cosa y temática, solo se le requiere un requisito: desconocer el tema en profundidad.
Se complementa con el Debateitor. El Debateitor es un militante político, generalmente asesor del político que elogia, que se dedica a ser panelista de medios haciendo campaña negativa permanente contra sus adversarios.
Luego están los "influencers" que cobran por cada palabra que escriben, cada detalle de una foto en sus redes sociales, cada lugar al que asisten.
A esto hay que sumarle que los políticos, desde el menemismo hasta la fecha, se creen figuras del espectáculo. Su falta de horizontes posibles, tras el aplastante triunfo del capitalismo financiero, facilita que se dediquen a ser personajes del espectáculo y se definan en torno a lo que dicen, no a lo que hacen o dejan de hacer.

Pero hablamos de poder. El poder es una cuestión compleja. Los sociólogos no nos ponemos de acuerdo en una definición única del poder. Depende de la escuela a la que se adhiera, en el marco de las Ciencias Sociales.
Sin embargo, la espectacularización del poder, es un bochorno. El poder narrado con ingenuidad, como un cuento de hadas, es repugnante. A lo cual se suman los juicios express y la ola de fascismo de ultraderecha que llegó a la Argentina con la insólita forma del lenguaje progresista.

La dinámica del poder que se dirime debajo de los extasiados comentaristas y puestas en escena del espectáculo de la falsedad, no se alcanza a comprender sino se comprende que lo que se discute es precisamente, eso, el poder.

Sería largo enumerar las peleas de poder detrás de las fachadas del aluvión de noticias diarias. En esta nota, solo tratamos de advertir al lector que concentre su mirada en este aspecto oculto en la mayoría de las disputas de la agenda pública, muchas veces plagadas de idiotas útiles que ni siquiera saben qué intereses sirven, solo quieren su minuto de fama o un lugar en el planetario del calendario público.

Las grandes olas que van moldeando el humor social así como creando un sentido común, tienen detrás peleas de poder, donde se camuflan proyectos sociales y económicos. Aunque el alcance efectivo de estos resultados no se vea en lo inmediato, como las brujas,  que no existen pero estar, están.
De esta manera, leer las noticias sobre presunta corrupción como una mera declaración moral de principios del periodismo o el sector político adversario al acusado, es una ingenuidad. Esto es más o menos obvio para la sociedad argentina, que está madura ante estos experimentos de laboratorio.
Lo cual no quiere decir que no haya corrupción o que deba existir impunidad para quienes delinquen. Son dos cosas totalmente distintas, que no se contraponen entre sí.
Pero esta misma lógica de sospecha hay que plantearla en diferentes temas de la agenda pública, que en su velocidad impiden profundizar el razonamiento y menos que menos, la reflexión serena.