Ligero el hombre

                 
 



Manuel Langsam-. En el verano de 1969, estando ya en SENASA, se desató una de esas epizootias de fiebre aftosa que solían aparecer cada tanto.





Esa vez fue por el Distrito Bergara en la Colonia San Jorge.

Hice un comunicado por radio pidiendo colaboración a la gente de la zona para que denuncien los focos a fin de obtener muestras, hacer los protocolos y darles asesoramiento. Se les informaba que de inmediato iba a empezar a recorrer la zona y, a los que denunciaran los focos solo se les interdictaría el campo hasta que pasara la enfermedad y se les daría asesoramiento gratuito. En cambio, en las intervenciones de oficio o por denuncia de terceros, se labraría el acta correspondiente y se clausuraría el campo.

Empecé a recorrer la zona, visitar a los que habían denunciado, hacer los linderos y tratar de observar animales afectados en posibles focos no denunciados.

Una mañana llegué temprano y paré en el almacén del lugar para comprar cigarrillos. Aún estaba cerrado, por lo que estacioné el auto y me dispuse a esperar a que llegara el dueño. Este  también tenía un campito con algunas vacas a unos pocos kilómetros de ahí.


A eso de las siete llegó el hombre y al ver mi auto estacionado frente a su negocio, rápido de reflejos, se acercó con una gran sonrisa, los brazos abiertos, y dijo: que suerte que lo encuentro, doctor, lo estaba buscando para avisarle que yo también tengo aftosa en mi campo… empezó hace una semana, venga verlos, pero no se preocupe. Ya les eché kerosen en la nuca…