La plaza: el infierno de las mamis



Mercedes Derna Viola-. La plaza es un lugar de gran respiro, con variedad no tanto de fauna cuanto de flora. Dentro de la plaza está la zona de juegos para niños, con menos fauna, menos flora, y menos respiro.


A sofocar éste último somos las madres, comúnmente llamadas “mamás”, mientras “madre” reviste un rol elevado, con retrogusto de eternidad en la memoria. Cuando decís “porque soy tu madre”, es como si esa cosa la dijeras ya de muerta (momento en el cual, si no nos hicimos odiar demasiado, devenimos míticas y perdonables).
“Mamás” en cambio, es una palabra que viste mejor la postura desgarbada de quien corre un niño de dos años, desparrama repelente sobre rodillas sucias, chupa restos de helados de agua de limón, tiene los pantalones negros manchados de blanco y los blancos manchados de negro, y usa zapatos bajos porque los terrenos y las tareas no consienten alturas. Al menos hasta la pre-adolescencia  de la progenie, cuando la mamá ya no camina más plegada, sino que deambula en posición de flor de loto en busca de paz interior para no hacerse alcohólica, y vuelve a leer manuales que no responden a nada pero hacen pasar el tiempo. Que no es poco.
Pero volviendo a la mamá de la plaza, quiero aclarar una cosa: esa mamá no sos vos, no soy yo.
Vos, como yo, sos especial, distinta, suelta cuando se puede, categórica cuando se debe, autoritaria pero democrática, dejas espacio a la libertad pero controlas sin hacerte sentir, los haces comer sano pero de vez en cuando haces excepciones. No temes suciedad ni enfermedades transmitidas por las palomas y no te molestan los perros y sus cacas.

Aclarada nuestra perfección, hablemos de las otras. Bajemos en ese infierno que Dante no llegó a describir solo porque no lo conocía.
Este infierno nace de la inseguridad atávica de las mamás (de las otras mamás, no vos, no yo) que produce una respuesta reactiva de ostentación.

Por ejemplo:

¿Le pones las zapatillas a tu hijo antes de hacerlo bajar del cochecito?
Ella te dice que los suyos crecieron descalzos en un campo de espinas.

¿Acompañas a tu nene de dos años por toda la plaza, lo sostenes en la hamaca, y lo esperas al final del tobogán?
Ella al año los dejaba solos. En Disneyworld.

¿Compras dos fichitas para reposar cinco minutos mientras se balancea sobre una ballena con música colombiana?
Ella sentencia que a-la-plaza-vienen-a-JUGAR-y-ENSUCIARSE.

¿Vos los haces jugar y ensuciarse?
Ella les hace hacer barro con pis y revolcarse adentro.

¿Llamas a tus hijos y les decís que jueguen lejos de ese con el dogo sin correa?
Ella llama los suyos y les dice que vayan a preguntar si se puede acariciar, porque los perros son muuuuuucho mejores que los hombres.

¿Vos les haces acariciar el dogo?
Ella hizo un paseo en un lugar donde te hacían entrar en la jaula de un tigre y sus hijos le hicieron cuchi cuchi en la papada.

¿El tuyo a los dos años usa pañales?
Los suyos a un año hacían caca en el inodoro, se limpiaban solos y cambiaban el rollo de papel cuando se terminaba.

¿Vos le sacaste los pañales a un año y medio?
Ella te dice que es muy pronto, le habrás causado un daño irreversible por control precoz de los esfínteres, su nene tiene catorce años y todavía los usa de noche.

¿Vos les haces hacer las tareas de verano?
 Ella no, porque los chicos tienen que superarse y la escuela se pasa.

¿Vos NO les haces hacer las tareas de verano?
Ella sí, porque dónde se ha visto, solo en Argentina tiene tres meses de vacaciones y los chicos vuelven a la escuela que son unos burros.

¿Vos amamantás a tu hijo de un año?
Ella a los cuatro meses le estaba dando la manzanita y a los seis le comía tan de-todo que tenían que esconderle las mollejas.

¿Vos no amamantas tu hijo de tres meses?
Ella saca de la cartera los gráficos de la OMS donde aconseja dar leche materna hasta los dos años, su nene tiene cuatro y todavía se prende, no puede más que hacerle bien.

¿Usás la homeopatia?
Placebo. No sirve para nada y un antibiotico a tiempo salva vidas.

¿Usás la alopatía?
Típica salida fácil frente a un disturbo que los chicos tendrían que aprender a atravesar, dure cuánto dure.

¿Vos te prendes un cigarrillo?
Ella hace todo cuando los chicos duermen, para no ser un mal ejemplo.

¿Rechazas un cigarrillo porque están tus hijos?
Ella fuma, toma, dice malas palabras, eruta y cuenta los hechos de crónica negra del día porque tienen que aprender que el mundo es mundo y hay de todo.

Rendite. Cualquier cosa hagas será  equivocada.

Yo cuando no puedo evitarlo voy a la plaza y me agarro de mis hijas, hago caprichos y lloro, pateo la tierra si no quieren que las siga y empuje la hamaca o devuelva las pelotas que se van afuera. Porque no quiero compartir ni saber ni explicar ni disculparme, porque si al principio yo también creía que mi camino era EL camino, hoy no tengo certezas. Cada madre (también vos, también yo) hace lo que puede con lo que tiene, tratando de no perderse a sí misma en el camino. Quizás no haya un camino, solo un laberinto pintoresco, con todas las estaciones y alteraciones, con tantos pasajes para pasar al otro lado cuantas madres haya para recorrerlos.

(No hace falta decir, que con ésta ultima reflexión, alta, equilibrada y superada, me declaro mejor que todas, por lejos, sin derecho a replica)

Nosotros leemos ésto: