La identidad del radicalismo entrerriano



Ramiro Pereira,-. “Impersonalistas”, “Yrigoyenistas” y la personalidad propia del Radicalismo  Entrerriano.



25 de febrero de 1928, Caras y Caretas, con la firma de Laurencena




El  Radicalismo Argentino surge en Buenos Aires, en los cantones de la Revolución del Parque[i] desde donde se irradia a toda la República, entonces con catorce provincias.
La impronta porteña convive con una estructuración marcadamente federal, que puede evidenciarse en la Convención Nacional de la Unión Cívica, con representación de todas las provincias y la capital, cuya primera reunión fue en la ciudad de Rosario.
De hecho, de los tres objetivos proclamados por la Junta Revolucionaria del ’90 uno de ellos aludía a la recuperación de la autonomía de las provincias, sofocada por el unicato.
El propio origen de la UCR señala un recorrido donde se compatibiliza la dimensión nacional del Partido, la centralidad de Buenos Aires –capital y provincia- y un fuerte sesgo federal, lo que por otra parte se vinculaba a la tonalidad política de cada provincia.
El surgimiento del Radicalismo Entrerriano se enmarca en el mencionado contexto,  destacándose en sus primeros tiempos la figura del Dr. Miguel Laurencena, hombre proveniente del jordanismo y que fuera ministro del gobernador Eduardo Racedo.[ii]
Tras la reorganización partidaria de 1904 auspiciada por el liderazgo nacional de Hipólito Yrigoyen, el accionar deslegitimador del Radicalismo hacia los gobiernos del régimen llevó a los sectores más lúcidos de éste a entender la necesidad inexorable de un cambio electoral. Esto, a fin de conferirle legitimidad a los gobiernos, más aún en un contexto de radicalización de sectores obreros en las áreas integradas a la economía mundial, de mayoría extranjera tras el aluvión inmigratorio de fines del siglo XIX y principios del XX.
Es así que en 1912  se sancionó la ley de voto universal –masculino- secreto y obligatorio, con padrón confeccionado en base al enrolamiento militar:  la “Ley Saénz Peña”, que es el mérito de más de dos décadas de acción intransigente del Radicalismo, fundado por Leandro Alem para obtener la pureza del sufragio, es decir el derecho del pueblo a elegir a sus representantes y constituir una República verdadera.
Como se sabe, el voto secreto y obligatorio debuta en las elecciones provinciales de Santa Fe de 1912, con el triunfo de la UCR  frente  a los conservadores y a la Liga del Sur de Lisandro De La Torre.  Ya lanzado el país a votar en elecciones razonablemente limpias, Entre Ríos será la segunda provincia en votar a un gobernador radical, con el triunfo de la fórmula Miguel Laurencena – Luis L. Etchevehere.
Estas elecciones iniciaron un ciclo de tres décadas de gobiernos radicales en Entre Ríos, atravesadas desde 1924 por la división entre yrigoyenistas e impersonalistas, con el predominio de estos últimos en la vida política provincial, hasta la reunificación de ambas fracciones radicales diez años después, tras haberse combatido con saña. Este acontecimiento es distintivo de nuestra UCR provincial.
Ante todo, debe señalarse que si bien en el plano de la política general el yrigoyenismo sugería un Radicalismo popular, más a la izquierda, en tanto el antipersonalismo se promovía como institucionalista, republicanista, evidenciándose más conservador y a la derecha, esa distinción, clara en el orden nacional, debe desecharse al analizar la política en el plano local, donde ya primaba la fragmentación radical en cada provincia aún antes de la división nacional de 1924. Ello explica el obrerismo de Octaviano Vera en Tucumán –opuesto a Yrigoyen- al igual que los Cantoni en San Juan y el lencinismo en Mendoza, estos últimos de algún modo precursores del peronismo –tanto en su faz popular como en la autoritaria-  quienes sustentaron la candidatura antipersonalista de Leopoldo Melo en 1928 junto a las fuerzas conservadoras y al poder económico.[iii] 
Expresión local de un fenómeno nacional, el antipersonalismo de Entre Ríos  lo fue también de  la impronta autonomista de nuestra provincia.
En efecto, bajo el liderazgo del Dr. Eduardo Laurencena, sin dudas el más importante dirigente político entrerriano de la primera mitad del siglo XX, Entre Ríos mantendrá su personalidad propia en el concierto nacional, debiéndose enfatizar el lugar de importancia que ocupaba la provincia en el plano político, demográfico, económico y aún cultural, que irá declinando a lo largo del siglo XX.
Liberal clásico –en lo político y en lo económico[iv]- Laurencena orientó la división partidaria de 1924 y también lideró la reunificación radical en 1934.
En verdad, la UCR de Entre Ríos, como se llamaba la fracción opuesta a la UCR Comité Nacional, solidaria con Yrigoyen, fue central en la articulación de la coalición entre antipersonalistas y conservadores que quiso evitar la segunda presidencia del gran caudillo radical, al punto que quien lo enfrenta como candidato a presidente, Leopoldo Melo, era senador nacional por Entre Ríos, si bien radicado en Buenos Aires. Del mismo modo, al producirse el golpe de estado de septiembre de 1930, la dictadura de Uriburu no interviene esta provincia.
Hay un episodio que ilustra los duros enfrentamientos entre los dos radicalismos entrerrianos, así como también la matriz democrática y liberal (en lo político) del Dr. Hipólito Yrigoyen.
En 1926 había sido elegido gobernador de Entre Ríos el Dr. Laurencena, triunfante ante el candidato yrigoyenista Francisco Beiró. Con Don Hipólito en la presidencia, desde 1928 aparece la amenaza de la intervención federal. Es en ese contexto que una delegación integrada por Enrique Mihura, Silvano Santander y Fermín Garay  se entrevista con el presidente de la Nación y le pide la intervención a Entre Ríos. Ante ello, el presidente inquirió a sus interlocutores si en estas tierras había libertad de prensa e independencia del poder judicial. La respuesta positiva de los entrerrianos determinó la negativa a su solicitud.[v] Yo acudo a este episodio cuando se me señala la  supuesta comunidad de ideas entre Perón e Yrigoyen, pues entiendo que el líder radical forma parte de la Argentina liberal, en su versión democrática, liberalismo político  que cayó con el fraude electoral y el desprestigio de las instituciones representativas en la década del ’30 y la ideologización nacionalista y católica del Ejercito en la denominada “década infame”.[vi]
En cualquier caso, Yrigoyen no intervino Entre Ríos pese a la insistencia de sus seguidores locales y el gobernador Laurencena pudo señalar en su mensaje a la Legislatura de fines de octubre de 1929, junto a duras críticas al presidente de la Nación, que “las relaciones oficiales del gobierno provincial con el nacional ‘se han mantenido hasta ahora en un pie de absoluta corrección y de recíproco respeto”.[vii]
Tras el derrocamiento de Yrigoyen en septiembre de 1930, la proscripción de Alvear y la abstención del radicalismo reorganizado bajo su liderazgo con apoyo del viejo caudillo, el antipersonalismo se negó a integrar la Concordancia, la coalición política liderada por el general Justo. Laurencena fue tentado por Justo,[viii] pero el antipersonalismo entrerriano esperó[ix] y finalmente volvería al tronco partidario nacional, junto con los antiguos yrigoyenistas.
El radicalismo reunificado mantendría la gobernación en 1935. Lo haría nuevamente en 1939, con Enrique Mihura, quien durante su mandato resistió los embates del gobierno nacional y el clima ideológico de la época, en el auge del prestigio del fascismo y en 1943 volvería a ganar con fórmula integrada por el ex gobernador Laurencena y completada por Fermín Garay. Estos últimos no pudieron asumir sus mandatos pues, tras setenta y tres años, con el golpe filo fascista del 4 de junio de 1943 Entre Ríos volvió a sufrir la intervención federal, esta vez a  manos de una dictadura militar.
El Radicalismo entrerriano tuvo pues un recorrido histórico propio, donde el influjo nacional del Partido fue compensado debidamente con dirigentes de personalidad que entendían que el federalismo demandada una celosa defensa de lo provincial frente a la centralidad de Buenos Aires, en un país que sigue marcado por el peso desproporcionado de la esta ciudad y su interland.  
Entre Ríos ha profundizado su declive en el concierto nacional. En efecto, la insularidad entrerriana no facilitó nuestra incorporación plena al modelo económico de sustitución de importaciones, tras el agotamiento del largo ciclo agroexportador en 1930. El éxodo entrerriano fue clara manifestación de este proceso, con estancamiento poblacional evidenciado en los censos de la segunda mitad del siglo pasado.
Las obras de conexión física –donde junto al impulso iniciador de Uranga (UCRI) debe destacarse la labor continuadora del Contín (UCRP) en la construcción del túnel subfluvial – no han variado sustancialmente el retroceso provincial.
No fue menor la importancia del gasoducto mesopotámico, realización del Dr. Montiel en su primer mandato, aunque no recibió el impulso industrialista esperable en las gobernaciones subsiguientes.
En todo caso, la fuerte pertenencia partidaria nacional del radicalismo entrerriano, donde cabe mencionar a dirigentes de tal proyección, como Carlos Perette y Cesar Jaroslawsky, convivió con el reconocimiento del perfil propio y provincialista, plasmado en hechos tales como el enfrentamiento del gobernador Montiel con De La Rua ante los embates de su ministro Cavallo en 2001.
Ese registro histórico radical de defensa de lo provincial ha de reivindicarse convenientemente, en el entendimiento que la política entrerriana debe definirse en la propia provincia y que resulta imprescindible un horizonte de desarrollo social y económico que –sin desatender las políticas nacionales- enhebre acuerdos y estrategias locales.


[i] La Revolución del Parque acontece el 26 de julio de 1890 y se prolonga por tres días,  organizada por la Unión Cívica. La UCR se crea tras la división del 26 de junio de 1891, no obstante lo cual vale para mí la afirmación de que el Radicalismo nace en los cantones revolucionarios del parque de artillería del Ejército, ubicado en donde hoy se erige el edificio de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, frente a la Plaza Lavalle de Buenos Aires.
[ii] Cfr. PEREIRA, Enrique S. “Mil nombres del radicalismo entrerriano. Vivencias de un partido centenario”, pág. 145/149, UNL, 1992.
[iii] Cfr. PERSELLO, Ana Virginia; “Historia del radicalismo”, págs.. 77 a 86. Edhasa, 2007.
[iv] A comienzos de 1939 escribió un muy interesante artículo titulado “Contra el nacionalismo económico”, donde puede constatarse su notable formación cuanto su confianza –como tendencia secular- en las fuerzas del mercado. De todos modos, no debe perderse de vista el temor de la época a la guerra mundial y al intenso proteccionismo, quizás una de las causas de la guerra.
Presidente de la Convención Constituyente de 1932/33, la Constitución Provincial de 1933 es un capítulo claro – a su manera- del constitucionalismo social, razón por la cual no hay que ser lineal al juzgar la acción de los dirigentes políticos. Del mismo, el gobierno de Etchevehere –es decir, del partido gobernado por Larencena- fue el fundador del Banco de Entre Ríos, que implicó una clara intervención del Estado para el fomento económico.
[v] El episodio, que sobrepasa la anécdota, me fue referido por mi padre, Enrique S. Pereira y lo escuché también de Luis A. Brasesco, Eduardo Broguet y Guillermo Alfieri.  A fin de ahondar en el mismo me comuniqué telefónicamente el 18 de septiembre de 2018 con el Dr. Juan Antonio Tardelli, quien corroboró el hecho, indicándome además que el mismo se encuentra relatado en la biografía de Yrigoyen escrita por Silvano Santander.  El “Cuco” Tardelli abundó además  en que él pudo escuchar dos versiones diferentes del episodio, que en cualquier caso denotan la negativa del presidente radical  a intervenir el Entre Ríos gobernado por su enconado adversario Laurencena. En una de estas, la “evasiva clásica” de Yrigoyen se manifiesta preguntando a sus interlocutores por la salud del Dr. Laurencena. En otra, inquiriendo sobre la libertad de prensa en Entre Ríos, que es la versión que yo había escuchado.
[vi] Sobre el retroceso de la democracia liberal y su reemplazo por la concepción nacionalista autoritaria, encarnada por el Ejército bajo el influjo espiritual de la Iglesia Católica, Cfr. ZANATTA, Loris; “Del estado liberal a la nación católica. Iglesia y Ejército en los orígenes del peronismo. 1930-1943”, Universidad Nacional de Quilmes, 1997.
[vii] GASIÓ, Guillermo; “Yrigoyen en crisis 1929/1930”, pág. 581, Corregidor, 2006. Este es el segundo de los tres extensos volúmenes del autor sobre la segunda presidencia de Yrigoyen. La situación política de Entre Ríos durante esta presidencia, centrada en el conflicto entre los dos radicalismos, puede leerse detalle en las págs. 580 a 610 de la obra citada.
[viii]   Diálogos con Rodolfo Miguel Parente, a quien su padre, Rodolfo Domingo Parente, le refirió haber acompañado de joven al Dr. Eduardo Laurencena a una reunión con el general Justo en el Hotel “Castelar” de Buenos Aires,  en el año 1931, en la cual este último intentaba convencer al dirigente entrerriano de integrar su partido a la Concordancia.
[ix] PEREIRA, Enrique S., Op. Cit., “1931: Antipersonalistas: No al Gral. Justo y no a Marcelo T. de Alvear”, págs. 239 a 245, artículo que integra el apéndice de la citada obra y en el cual se transcriben fragmentos del acta de la Convención Provincial de la Unión Cívica Radical de Entre Ríos (nombre oficial de la fracción antipersonalista) celebrada en Paraná los días  22 y 23  de septiembre de 1931.