“Hay una necesidad fuerte de empatizar con el relato feminista victimista”

Nancy Giampaolo-.El testimonio de una feminista que alerta sobre “un clima de época” que “da vuelta las cosas presentando a todo ser humano varón como indigno”.



Valeria Berman es pionera en el periodismo con perspectiva de género. Formada académicamente sobre estas cuestiones, llevó adelante un ciclo radial feminista durante 2012 y 2013, destinado a visibilizar la violencia machista, entre otros temas. Hoy, con su hijo acusado de violación por una chica mayor que él en un escrarche virtual, asegura que muchas jóvenes no saben discernir entre la violencia real y la imaginaria.

¿Cómo fue su formación universitaria en género?

Comencé mi formación en la Teoría de género en el año 2010 con un diplomado de Comunicación y Género en la Universidad de San Martín, cuyo fin era brindar herramientas a profesionales de la comunicación para realizar buenas prácticas periodísticas que respeten la inclusión y que no perpetúen los estereotipos y modelos sexistas. Además, incluía la formación teórica a través de un corpus de textos que revisaban los feminismos en América y Europa.
Me fui consustanciando con las luchas de mis antecesoras y llegué a comprender como, desde la comunicación, se colaboraba (10 años atrás) a seguir sosteniendo una sociedad machista. Posteriormente, y ya completamente asumida como feminista y comprometida con un periodismo no sexista, realicé un Posgrado Internacional en Género y Comunicación en el Instituto de Periodismo José Martí en La Habana, Cuba, en donde tuvimos oportunidad de revisar los nexos entre la Teoría de Género y la Teoría de la Comunicación, comparar la situación de los distintos países de América Latina en cuanto a derechos de las mujeres y volver a poner las Conferencias internacionales como marcos jurídicos, hablar de violencia simbólica en distintos países, etc

Después de todo esto, tuvo un ciclo de radio ¿En qué consistía?

Entre los años 2012 y 2013 tuve la iniciativa de realizar mi propio programa de radio en la ciudad de Viedma. Era un programa íntegramente dedicado a tratar noticias nacionales y provinciales desde una perspectiva feminista y de derechos. Fueron años emblemáticos en cuánto a leyes impulsadas por los movimientos feministas, como la ley de matrimonio igualitario o la ley de protección integral de las mujeres, también se dio el juicio por el caso Marita Verón que hizo que la gente conociera más sobre el delito de Trata de Personas para la explotación sexual. Y por otra parte realizaba entrevistas que permitían la visibilización de la labor de mujeres en distintas áreas, pocas veces difundidas, como por ejemplo la de una corresponsal de guerra argentina que cubre conflictos bélicos en el mundo, o historiadoras e investigadoras del Conicet. Este programa lo pude desarrollar gracias a una radio comunitaria con un marcado compromiso con los derechos humanos y con una audiencia propia muy leal, así que esos oyentes quedaban con la radio encendida y mi labor era bajar la teoría y los conceptos feministas al que va en el taxi o al que está trabajando en una tienda... en la radio no podés hablar como en la Academia y ese ejercicio fue buenísimo.



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Asegura que su hijo fue acusado falazmente... ¿Cuál fue la acusación concreta y cómo le consta que es falsa?

Este año mi hijo de 18 años fue acusado injustamente por una chica dos años más grande que él. Ellos eran amigos y ella lo invitó a su casa y luego difundió en las redes sociales una acusación gravísima de violación que rápidamente viralizaron muchos de sus contactos y enseguida quisieron venir a hacer justicia por mano propia. Yo leí todo el relato que escribió ella en su muro de Facebook, abierto al público, además de hablar con él. Ella cuenta que le dio su consentimiento y que estuvieron de la mano y que se dieron un beso y que ella lo invitó a dormir. Hay inconsistencias en el relato que me hicieron comprender que no hay un real discernimiento acerca de qué es una violación, qué es decir que sí, pero tener sexo sin ganas, qué es un acto con violencia y qué no, y aunque lo primero que quise fue hablar con ella, ella se negó. Me preocupé mucho por esta situación y conversé con mi hijo llegando a la conclusión que esta chica habría tenido una percepción distorsionada, pero la palabra violación es demasiado fuerte tal como la conocemos y el hecho en sí tiene características que no aplican, en cualquier caso. Cuando sucedió esto me fui enterando de muchos otros casos: madres que me decían que me decían “a mi hijo también le pasó” entonces me junté con ellas y en todos los casos fui comprobando que los adolescentes de entre 13 y 18 estaban teniendo enormes problemas para relacionarse entre sí sexualmente. Las chicas concientizadas con el relato que se ha bajado desde el feminismo estos últimos años, tendiente a apropiarse del cuerpo a través del lema “mi cuerpo es mío” terminan por quedar entrampadas, confundiéndose cuando ponen en juego el cuerpo con un varón. Un denominador común en todos los casos es que en las acusaciones o denuncias el relato siempre parece coincidir en que durante el acto sexual las chicas dieron su consentimiento, pero luego se arrepintieron. Me parece que, o bien hay una necesidad fuerte de empatizar con el relato feminista victimista y ser parte de él señalando a sus pares como hostigadores, o definitivamente ambos géneros están atravesados por un desencuentro absoluto que no tiene otro responsable que el clima de época, porque hay que entender que son pares, que tienen la misma edad, que no hay desigualdad de poder, ni de edad, ni de experiencia: los varones de 15, 16 o 17 años no llevan ventaja de experiencia y no son necesariamente abusadores.

¿Y la justicia intervino?

En nuestro caso no hubo denuncia judicial, no hay pruebas ni pericias de ningún tipo, sólo la difusión vía redes que es muy violenta. El bullying puede ser catastrófico, en mi familia nos abocamos a darle a mi hijo toda la contención posible, incluso con asistencia sicológica, porque es muy injusto que a esa edad no se pueda defender ni argumentar nada ya que según sus pares “hay que creerles a las víctimas mujeres”. La escuela tuvo una actitud excelente, precisamente porque esto ya ocurrió otras veces allí. En este caso, la chica no era parte del colegio, pero a través de las redes se encargó de hacer llegar al centro de estudiantes su denuncia y, sin embargo, las autoridades protegieron la escolaridad de mi hijo y me sostuvieron siempre. Por desgracia, conozco otros casos en los que separaron del establecimiento al chico.

Para cerrar: ¿Cómo reaccionaron sus compañeras de militancia feminista?

Mis compañeras feministas me han dicho que si doy difusión a esto voy “contra la causa”. Otras que no me conocen personalmente, dan por sentado que cubro a mi hijo por ser su madre y otras expresan que no importa que un varón pierda el acceso a algunos espacios propios “porque lo que les pasa a las mujeres es peor”. Lo que veo entre los adolescentes es una muestra de la semilla que se plantó, un modo violento de dar vuelta las cosas poniendo a todo ser humano varón como indigno, y creo que los enfrentamientos van a crecer.