Gane quien gane



Lucas Carrasco-. Las elecciones provinciales y municipales no ofrecen alternativas reales porque los ciudadanos se han vuelto apáticos, imbéciles y brutos, casi tanto como sus dirigentes.

No hay que autoflagelarse, pero seamos realistas. Los que se proponen administrar intendencias o gobernaciones, ya sea con el objetivo de administrarlas de verdad o ir colados en las listas sábanas, proponen más o menos lo mismo que está. ¿Qué es lo que está? Ésto. Este monumento a la idiotez, el supremacismo intelectual de la tontería, la enorme desigualdad social consecuente.
Nadie, absolutamente nadie, ha planteado salir del esquema que rige Entre Ríos: esta mezcla suicida de neoliberalismo con estupidez crónica. Nadie se propone privatizar la familia Eskenazi, hacer un Poder Judicial en serio, tener una política fiscal razonable (ya ni hablemos de equitativa, razonable nomás), erradicar las villas miseria con la simple privatización de las 3 o 4 familias que con un rebenque financiero manejan la farsa surrealista de la denigración del Estado de Derecho en esta triste comarca que es un sembradío africano al lado de una ruta nacional.

Cuidadosos. Cagones. Brutos. Nuestra dirigencia no entiende de educación, economía, cuestiones sanitarias, asuntos financieros, políticas sociales con algún resultado concreto de los nobles y cínicos fines que se autoproponen. Básicamente, no entienden nada que sea importante para los votantes. No tienen la más puta idea de cómo salir de este neofascismo penal, que solo incita al aumento constante de la criminalidad callejera y la corrupción estructural de las instituciones fatuas que dicen combatirlas y hoy, son parte del problema, no de la solución. Mariquitas disfrazados de valientes por cuatro asesores medio bananas que se compran todos los buzones de los encuestadores truchos, los contadores con ínfulas de economistas, los matones del sindicalismo, las grasadas pasatistas de las diversas pymes de minorías, hoy de moda. No se puede escapar. Es un círculo viscoso, además de vicioso.
Se podrán enojar tal o cuál. Da lo mismo.
La realidad es bastante sencilla: gane quién gane, los problemas que preocupan a los lectores de esta nota (llamarlos ciudadanos es un insulto conceptual) se seguirán agravando porque nadie se propone, siquiera, abordarlos. O menos aún: entenderlos.

Desde la Ley de Fomento al Narcotráfico, cualquier niño nacido en Entre Ríos con tez marrón y sin habilidades (deportivas, sexuales, delictivas: las tres opciones disponibles para los pobres) para huir de este sembradío al costado de una ruta nacional, terminará en cana, muerto antes de los 30 años o siendo un marginal que se caga de hambre. A lo mejor que puede aspirar es a la eterna mediocridad del empleado público, en las áreas del estado donde el estado es una farsa. Más o menos el 70% de nuestro estado municipal y provincial.

Como las escuelitas pos secundarias que cobran salarios universitarios en este sembradío al costado de una ruta nacional, desconocen y hasta desprecian la ciencia, no podemos saber por estudios propios si la oligarquía de los granos está haciendo mierda la salud pública o no. Da más o menos igual para la dirigencia porque no existe político, juez o empresario que no "invierta" lo que saca del estado en sembradíos.
No hay más opciones que la usurería del locador o la usurería de los granos. La desigualdad social no solo es un problema por la creciente pobreza estructural, sino porque los ricos que crea el estado son cada vez más estúpidos, más inútiles y más brutos.
Votá a quién quieras, ésto no va a cambiar.

Es al pedo sembrar, en estas pampas feroces, esperanzas. Es lo único que no brota, a pesar del PH ácido de cada madre ilusionada en los hospitales públicos que se vienen abajo. Acá no hay salida. Todos los caminos al desarrollo están clausurados: nadie se propone una política financiera que haga del federalismo algo más que esta letra muerta, nadie se propone una política educativa con estándares de calidad medibles, nadie se propone la construcción real de un camino alternativo a la criminalidad para la mitad de la población, que es pobre. Y seguirá siendo pobre, gane quién gane.
Mientras el mundo sigue mejorando. Mientras seguimos teniendo, día tras día, un mundo mejor para nuestro estadio civilizatorio. Por eso, hay que huir.
Bastaría con una sola política de estado para mejorar Entre Ríos: privatizando alguna familia como los Etchevehere o los Eskenazi, alcanzaría para pagarles el pasaje y el pasaporte a la mitad de los niños que hoy nacen en Entre Ríos y están condenados a la pobreza por el simple hecho, del cual no son culpables, de haber nacido acá.

Los cambios sociales se producen a niveles microscópicos, capilares, lentos. Fuera de la grandilocuencia de esos fracasados que se dedican a la política en nombre de altos ideales que ya ni saben definir para un examen escolar. Esos cambios pequeños, hoy, van en una dirección aún más reaccionaria que la hegemonía de la idiotez vigente, están a la derecha de lo derechizado que ya está Entre Ríos. Y nuestra derecha y nuestra izquierda es absurda, ignorante, ciega. La eficacia y el trabajo son malas palabras. La creatividad y el talento están prohibidos. Exportamos talentos al mismo nivel que exportamos granos. Lo lamento por los jóvenes que son demasiado pobres como para huir de esta comarca africana: pero es la única salida para una vida que salga de la mediocridad, el empantanamiento, el agusanamiento lento y tibio de la falta de vida que proponen nuestras asfixiantes instituciones.
Lo siento. Pero es la verdad. No hay esperanzas.
Gane quién gane no todo seguirá igual. Será peor.

Para todo lo demás, ya existe la abundante prensa oficialista.