El desafío de Bordet



Osvaldo Quinteros-. El gobernador tiene que gestionar las emociones que nutren el relato de por qué los entrerrianos están económicamente peor que hace tres años. Es un desafío político, más que económico.



Los números no mienten. Los entrerrianos, como el resto del país, son más pobres que hace tres años. Excepto un puñado de privilegiados, muy bien representados en Cambiemos por Etchevehere, De Ángelli y Benedetti, las grandes mayorías de entrerrianos perdieron económicamente o a lo sumo, están igual que hace tres años.
Gestionar las emociones con la cual la gente común y corriente metaboliza esta pérdida, es el mayor desafío político de Gustavo Bordet, de cara a su reelección como gobernador.
Algo de esto debe ya estar pensando Bordet, dado que durante el primer acto formal de campaña electoral, realizado a fines de diciembre en el Club Echague de Paraná, hizo una crítica al gobierno nacional y trató de pegar a la versión entrerriana de Cambiemos con el gobierno de Macri. Un giro discursivo que busca tanto pegar a los dirigentes de Cambiemos con el gobierno nacional, tanto como despegarse él mismo de su estrecha vinculación durante tres años.
La liturgia del acto da a entender que va a buscar un voto miedo a un eventual ajuste más duro que vendría con un gobierno provincial de Cambiemos, a la vez que un voto emocional. Escapándole a la estrategia desplegada hasta ahora por el kirchnerismo, que apela a un voto racional, fundado en la situación económica.

El voto en general tiene elementos de racionalidad económica pero también de emociones, que se gestionan desde la política, a través de un relato. Siempre pesa uno más que otro fundamento y de eso se trata, en buena medida, la lucha electoral.
En el plano nacional, Cambiemos apela a este voto emocional desatando la discusión del aborto, la Doctrina Chocobar, las causas judiciales contra el gobierno anterior, etc. Ante la ausencia de buenos números en la economía, es de manual que el gobierno apueste por este tipo de voto, que tiene anclaje sobre todo en las clases medias.
Por su parte, en Entre Ríos, Cambiemos tiene dos estrategias: una es la que encarna Frigerio, de mostrarse como un peronista de derecha moderada, que no tiene nada de gestión para mostrar y por lo tanto, es sincera y no hace promesas a futuro. Recordemos que en las grandes mentiras de estos años, Frigerio no apareció como el portavoz. Por ejemplo, el puente Paraná-Santa Fe, el Aeropuerto Internacional en la capital entrerriana, etc. Fue el propio Macri el vocero junto a Bordet.
La otra estrategia proviene del radicalismo y puntualmente de Atilio Benedetti, que apela al voto no peronista y engloba los 16 años de gestión peronista como si fueran lo mismo. Apela al desgaste de las sucesivas administraciones peronistas y al englobarlos en la misma bolsa, a acentuar sus internas.

Por su parte, a Bordet le queda la tarea de gestionar un relato convincente de su acercamiento a Macri durante tres años y su alejamiento en el último año. A la par que necesita captar una parte de los votos K y una parte de los votos PRO. Sin perder el voto del peronismo ortodoxo. Una tarea que requiere de mucha política.
Al desdoblar las elecciones, Bordet pone su gestión en el centro de la escena y corre la discusión nacional a un segundo plano. Por lo tanto, casi seguro que algo de las críticas a Macri le serán adjudicadas a él. Lo que no es tan seguro es que también le adjudiquen los electores las cosas positivas que ven en Macri. ¿Acaso entre la fotocopia y el original, no es mejor votar por el original?

El desafío de Bordet es político. Por ahora no le ha encontrado la vuelta, pero falta.
Eso sí, judicializar la interna peronista, como viene haciendo un sector de su gobierno, parece una receta para el desastre total de todo el peronismo más que una ventaja para "diferenciarse" de sí mismo durante los últimos 16 años. 
Con lo cual se abre el interrogante: si Bordet pierde, ¿quién liderará el peronismo?
Pensando en eso, es que quizás desde el urribarrismo estén pensado en ir por afuera del PJ, para arañar bancas legislativas y desde ahí, liderar la oposición a un eventual gobierno provincial de Cambiemos, que probablemente coexista con un gobierno nacional peronista.
Si a esto le sumamos que ningún peronista puede prescindir del kirchnerismo para ganar una elección nacional, vemos que Bordet tiene un solo plan y un solo destino: reelegirse o volverse a su casa.
Por ahora, está de vacaciones en el exterior. Seguramente, pensando todo esto.

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