Ceremonial y Protocolo



Lucas Carrasco-.  Ni el mundo se ha derechizado ni estamos cerca de la III Guerra Mundial. Por el contrario, el aburrimiento, el centrismo y el aumento de la paz acentúan la vulgaridad de debatir el ceremonial y protocolo de eventos rigurosamente inútiles.
No pasa solamente en lo que pomposamente se llama "mundo". Pasa a la vuelta de la esquina. Los gobiernos; nacionales, municipales, provinciales, le dan una importancia creciente a una serie de eventos medio salames que no pasan de ferias persas con nobles objetivos: Festival In-Ter-Na-Cio-Nal (lo internacional es un fetiche orgásmico) de la Papa Frita: el cura, el milico y el político, en algún predio de "la industria sin chimeneas" del turismo, degustando alguna pavada en nombre de la Democracia, los Derechos de las Tortugas Marítimas o la Tradición y la Naturaleza, que ha reemplazado al psicoanálisis como religión de la clase media agnóstica. Ni siquiera ahí hay mucha novedad: ya las fiestas de la Diosa Razón fueron el prólogo de la faz oscura y terrorista del acontecimiento emancipador que está puesto en duda y genera este malestar existencial: la Revolución Francesa de 1789.
Si las revoluciones no fueran sencillas no serían revoluciones.
En un mundo sin revoluciones, el acento está puesto en el Ceremonial y Protocolo, en los tuits de un idiota como Donald Trump, que ha inaugurado el nacionalismo proteccionista estadounidense luego de líderes trostkistas como Obama y Bush, Clinton y Regan, y otros igual de internacionalistas que jamás desconcertaban al resto del mundo, excepto cuando se les ocurría andar de mal humor y provocar un  Holocausto Nuclear. Pero qué es un potencial Holocausto Nuclear producido por una Guerra Fría entre dos modelos radicalmente antagónicos de producir y repartir riqueza, al lado de los tuits de un presidente idiota más preocupado por su peluquero que por ganarle a Obama en deportar inmigrantes, o las lágrimas de otro semianalfabeto como Macri y la total normalidad de su clon francés mientras París se incendia y detienen a medio mundo.

Cincuenta atrás, de los miembros del G20, solo en Francia, Inglaterra, Australia, Italia y Canadá, además de Estados Unidos, había democracia. Seis de veinte. En esos países, la democracia se sostiene. A la cual se sumaron Argentina, México, Brasil, Gran Bretaña (es decir, Inglaterra, ya no somete a tantos países como Irlanda, Escocia, etc, donde la democracia era un chiste), Alemania, Japón (que era como Corea del Sur, que hoy también es una democracia, un Estado Tutelado), Sudáfrica, Turquía, India, Indonesia. 
En China hay más libertad. Se está construyendo -en silencio- una ciudad para 120 millones de religiosos, se aflojó la hipócrita política de un solo hijo y se blanqueó la corrupción de los dirigentes comunistas, llamándolos capitalistas de estado. China hoy tiene tasas de suicidio, sobre todo de mujeres jóvenes, decrecientes y menos asesinatos estatales -lo que se denomina "pena de muerte"- que EEUU.
En Arabia Saudita, las mujeres pueden sacar un carnet de conductor, algo inimaginable hace medio siglo. La monarquía petrolera hoy en día es condenada por sus brutales crímenes, su razón de ser está absolutamente clara como sparring del imperio persa y el avance de ciertas etnias musulmanas, y hay menos hipocresía a la hora de justificar que sometan a la población a un califato que viola todos los tratados internacionales de derechos humanos. Cuando Nixon tiraba a la mierda los paneles solares que Carter había instalado en la Casa Blanca, las guerras petroleras (como la actual de Yemen) se seguían adornando con las excusas ideológicas de la Guerra Fría.
En México hay pluripartidismo, en Sudáfrica ya no es legal la segregación racial, en Argentina gobierna un divorciado que no es católico (a pesar de que el Papa de Roma es argentino) y fue electo democráticamente, Italia y Alemania están reunificados bajo un régimen democrático, en Rusia el autoritarismo de Putin es absolutamente incomparable con el de Stalin, en Turquía y Corea del Sur se atreven a contradecir a Estados Unidos.
Es un mundo aburrido.
Mostremos imágenes de aviones con la escalerita, a la espera de los presidentes, que pueden decidir un poco menos que hace 50 años porque el militarismo ha sido suplantado por el "libremercado" que, sin duda es cruel e injusto, pero no es comparable a los tanques militares aplastando Polonia o invadiendo Granada. Esos acontecimientos tan normales hace poco tiempo.

Todo organismo multinacional, hasta hace poco, era relativamente sencillo de comprender. Solo bastaba preguntarse contra quién se hacía. Desde el Pacto de Varsovia contra EEUU hasta la OEA (Organización de Estados Americanos) contra Cuba y la URSS, desde el Mercosur -contra el NAFTA- hasta el FMI contra las vencidas potencias del Eje.
¿Entonces, existe un mundo multipolar?
En cierto grado. Pero si por multipolar se entiende que no todos los polos tienen la misma fuerza ni su articulación es igual de lineal o siquiera lineal. En cambio, si se lo entiende como avance en la complejidad, lo cual no es un camino único hacia "algo mejor", entonces sí, vivimos en un mundo multipolar. 



¿Contra quién se fundó el G20 a fines de los años 90?
Contra nadie. A favor de los bancos. Para rescatarlos de las sucesivas crisis financieras cíclicas del capitalismo. El cuento del libremercado es para economistas de televisión por cable. En el mundo real, cuando los bancos tienen pérdidas, son más socialistas que Camilo Cienfuegos.

El principal tema de la Cumbre del G20 en Buenos Aires, que fue la situación de guerra popular prolongada donde intervienen todas las potencias en Yemen, un remoto país africano, no importó un carajo en los análisis argentinos sobre esta kermes. Quizás porque Argentina ya no tiene nada que ver ahí. Quizás porque Brasil renunció a tener trascendencia. Quizás porque son asuntos demasiado militares. Quizás porque a nadie le importa un carajo.

Medio siglo atrás, las guerras poscoloniales como las que hoy vive Yemen, se repartían por todo el continente africano, por centroamérica y por buena parte de Asia. Se leían en clave de Guerra Fría y luego se agregaban los condimentos religiosos, las cuestiones étnicas ("raciales", para los paradigmas de aquella época) y los recursos naturales. Hoy se invierte esa ecuación y se ahorran, por inexistentes, los dos bloques en los que el mundo se dividía, incluso para formar una Tercera Posición con el Movimiento de Países No Alineados, que en paz descanse.
Era imposible juntar a todos en la misma mesa. Ni para disimular esos documentos vacuos con que finalizan estas excusas para las reuniones bilaterales donde se barajan incalculables cifras de negocios.

Cuanto menos poder tienen los presidentes, más nacionalistas se ponen. Esa es la lección de la Cumbre del G20 en Buenos Aires.
¿Lo que se trató fue importante, o no?
No sé.
¿Quién puede saberlo realmente?
¿O acaso alguien se puede creer el cuento de que Macron enfrenta a Trump porque le preocupa el medio ambiente DEL PLANETA, una disputa ARANCELARIA entre China y EEUU es equivalente a una nueva Guerra Fría, el asesinato de un periodista en Estambul (¡EN ESTAMBUL!) saca del clóset el espíritu democrático de los otomanos y Macri quiere vender limones y llora porque Tinelli hizo bailar mujeres vestidas en el Teatro Colón?
El mundo siempre fue complejo y, a la vez, simplificado para las Almas Sensibles. Hoy esa simplificación llega a niveles estúpidos como la discusión protocolar y ceremonial.
Por una razón sencilla: es la forma de esconder un elefante en un bazar. La opacidad de los estados hoy no es posible, pero las relaciones internacionales siguen siendo un ámbito oscuro. Así que la mejor manera de esconder un acuerdo importante, es superabundar en información estéril. Total, las buenas noticias no venden y en Argentina todo acontecimiento planetario debe ser reducido a si le conviene a Macri o Cristina en la tercera sección electoral del conurbano bonaerense, donde siempre están pendientes de lo que pase en Yemen.