Viaje al microclima de la grietología



Lucas Carrasco-. Como una variante local de la cienciología, la grietología se apodera de la farándula, el periodismo militante y el periodismo militarizado, los gurúes y esa verdadera industria sin chimeneas que es la Máquina de Generar Chamuyo.

El pergamino con la ruta, que Julio Verne imaginó en su novela Viaje al centro de la tierra, no es posible descifrarlo. Sin entreverarse involuntariamente en la áspera coyuntura y su sostén material concreto. Expresión surgida del marxismo de los sesenta, el sostén material es algo más que el simple materialismo dialéctico que lleva bajo sus espaldas, como si fuera Obélix, la piedra de la superestructura. Pero no nos desviemos. Vamos al punto. Hay una clara división entre los argentinos y está regida por la desigualdad social, que tiene una traducción en el campo cultural y simbólico. Operando como mutuas exclusiones, aunque no en un plano de equilibrio, por supuesto.
Esa división, resultante de la desigualdad social, nada tiene que ver con la supuesta grieta donde el panelismo de ocasión vocifera ¡chorrro! para que su contraparte grite ¡vendepatria! según el rol asignado en esa parodia de cable del parlamento francés de la revolución ilustrada, donde la predisposición geográfica ya determina el rol a jugar: a izquierda y derecha, digamos.

La desigualdad social y sus equivalentes, se desarrolla sobre las diversas naciones "para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino", que a la fuerza damos por nación concluida. Por lo tanto, no es del todo cierto hablar de "los argentinos". Como hace mi amigo Horacio Fontova, un talentoso etnógrafo de la porteñidad arrabalera.



Esa desigualdad no tiene un correlato político. Aunque se lo intenta crear. Tanto como se intenta que la espiritualidad de la cienciología gane adeptos fuera de las élites de la cultura bobalicona. Pero jamás sobrepasa esos exclusivos límites y, si lo hiciera, perdería su identidad, su razón de ser.
Ése es el problema de los efímeros grietólogos argentinos. Bah, porteños. Cruzando la General Paz, María Eugenia Vidal podría ser candidata del peronismo papal, del peronismo ortodoxo, del peronismo del PRO o bien, del PRO puro, del impuro, de la UCR, de la UCEDE, del MID. Mientras no se apague su estrella. Por ahora, elige la dosis de acuerdos legislativos entre Massa y Menéndez, mientras trata de seducir al Hijo De alfonsín. Que jamás le achaca lo que con justeza dice de Macri. Aún cuando desde la gobernación le hayan dado una paliza electoral en la interna radical, de la mano del desilustrado desconocido vicegobernador bonaerense.

Aunque opera como grandes coordenadas para ordenar el sistema de pensamiento penal amateur con el que conciben la política en las provincias atrasadas una variopinta red de medios paraestatales y lumpenaje judicial, en constante mutación a favor de quien tenga coyunturalmente la combinación de la caja fuerte de las cuentas públicas, ese microclima palermitano ya causa gracia en las provincias atrasadas. Si ya era bastante grasa la grietología palermitana, traerla al África la vuelve una farsa, sin antes pasar por el homeopático proceso de la tragedia. Cómica. La tragicomedia de la Grecia clásica.

Mientras, uno de cada tres argentinos es pobre y seguirá siéndolo, con chorros y vendepatrias de canal de cable.