Un país desquiciado



Ezequiel Bauman-. Va a costar mucho salir de la hipoteca, el desempleo y la pobreza estructural, la decadencia y la implosión del Estado que produjo el peor gobierno desde De La Rúa para acá.

La gente común no entiende la dimensión de la crisis, porque apenas si logra soportarla en el mejor de los casos. Todos los economistas, incluso los econochantas cuya última mentira es que si gana Cristina Fernández de Kirchner, se irán los inversores, coinciden en que lo peor de la crisis aún no vio la luz. Incluso, que vuelva a la palestra Axel Kicillof, que fue un desastre como Ministro de Economía, se explica del mismo modo que la vuelta de Domingo Cavallo. Cualquiera es mejor que lo que estamos padeciendo. Pero esta tendencia irá creciendo. Al igual que la caída del poder adquisitivo, el desempleo, la pobreza, el deterioro de la salud y la educación y por encima de todo esto, los dos grandes problemas de la economía argentina: la desindustrialización y la deuda externa. Porque ambas abonan el problema de la desigualdad social.
En este sentido, hay que reconocerle al gobierno de los Kirchner un impulso hacia la industrialización, que por supuesto es discutible en las maneras y formas que se hizo. Pero sobre todo, la renegociación de la deuda externa, que fue junto a dos condiciones más, que se mencionarán luego, lo que posibilitó el crecimiento a tasas chinas durante diez años. Aunque ese crecimiento a tasas chinas durante una década no alcanzó para solucionar los problemas estructurales de la economía.

La pesada herencia que dejará el ingeniero Macri tomará muchas décadas solucionar. Eso en el mejor de los pronósticos, que es que los gobiernos que vengan no sean tan corruptos e inútiles como el actual. Es decir que en buena medida depende de que la ciudadanía tome conciencia del engaño a la que fue sometida por los grandes pulpos comunicacionales y salga de su alienación. Cuestión que es hoy, por lo menos, improbable. La vuelta de Kicillof y Cavallo, aunque con discursos distintos pero parecido accionar hacia el capital global financiero, es un síntoma de la desesperanza que reina en el país. De que es probable de que volvamos a caer en los mismos errores que nos han llevado a este ciclo imparable de decadencia de la economía argentina, que depende de devaluaciones brutales, como la del doctor Duhalde que le dio vida al gobierno de Néstor Kirchner y el precio de la soja por las nubes, que sostuvo al gobierno de su esposa. Además de la ya mencionada exitosa renegociación de la deuda externa.
El problema es que si bien la primera de esas condiciones ya se está dando, en el sentido de que Mauricio Macri es el Remes Lenicov que hará que el próximo gobierno, sea de quien sea, sea mejor que este desastre serial, no es probable que se combine como en el ciclo 2003-2012 con altos precios internacionales de las materias primas de la pampa húmeda que Argentina exporta a través de sus puertos privatizados en un negocio gigantesco que está en manos de multinacionales, no de la oligarquía local que apenas se dedica a pedir subsidios y créditos que rara vez devuelven, siempre lo socializan a pesar de su prédica neoliberal.
En cuanto a una renegociación de la deuda externa, hoy por hoy, las condiciones políticas mundiales se presentan adversas.

De todas maneras, si se diera el milagro nuevamente, como ya hemos visto, la pobreza seguiría más o menos igual, el desempleo solo bajaría algunos puntos y apenas caigan los precios internacionales y se acabe el efecto postdevaluario, volveremos al vicio del crédito internacional, como hizo Kicillof sin suerte ni pericia y Cavallo, lamentablemente, con tanta suerte y pericia que el país estalló luego por su abultada deuda externa. Hoy ese rol de llevar la economía argentina a un estado comatoso sin que muera, lo cumple el FMI. Los economistas de derecha ya se preparan para explicar el default y la hiperinflación, en caso de que estalle antes de las elecciones: le echarán la culpa a la senadora Cristina Fernández de Kirchner, que viene de perder las elecciones con un ignoto dirigente de Cambiemos de una mediocridad increíble como el ex Ministro de Educación, Esteban Bullrrich. El cual, si ganaba, lloverían las inversiones extranjeras, tal como se chantajeó al electorado. Era otra mentira del gobierno.

El proceso de decadencia social y sufrimiento humano, tendrá otra cara: la extranjerización de las pocas partes de empresas argentinas que aún no estaban en manos de chinos, españoles y estadounidenses luego de la convertibilidad y la "década ganada". Con la intervención del país en manos del Fondo Monetario Internacional para garantizar la salida de capitales y el juego de pinzas que diversos servicios de inteligencia realizan sobre la corrupta justicia federal y los corruptos empresarios que fueron ultraK y luego ultraPRO, la extranjerización está asegurada. Se encarga el lamentable juez Bonadío.
Esta extranjerización será el último clavo del ataúd sobre una economía moribunda, que ya no puede crecer al mismo ritmo que su población ni puede alimentar de manera sana a un tercio de sus habitantes. Ni hablemos de educación pública y salud pública, dos bienes donde el Estado argentino se caracterizó en Latinoamérica y hoy, lamentablemente, ya no existen. Por más que se hagan inflamados discursos en su defensa, los propios políticos huyen de la salud pública y mandan a sus hijos a escuelas privadas. El primer presidente y vicepresidenta en la historia argentina, en la misma fórmula presidencial, surgidos en universidades privadas se caracterizan por su liviandad, su pobreza intelectual y su vocabulario poblado de una sintaxis precaria. Lo cual caracteriza a los semianalfabetos.
El marketing político los ha disimulado con elaborados guiones que recitan como si fueran escolares pero cuando se salen del guión se les nota un alto grado de ignorancia.

Este desastre será muy difícil de remontar. Tienen que darse una serie de condiciones que no dependen exclusivamente de la Argentina y en caso de que se dieran, la dirigencia argentina no está a la altura de las circunstancias. No se escuchan propuestas serias que sepan cómo salir de la catástrofe. No hay modelos de desarrollo, sino balbuceos justificatorios de candidaturas que buscan el poder por el poder mismo, aunque todos sabemos que detrás están los auspiciantes que son  los mismos grandes empresarios de siempre. Van cambiando de auspiciante, no de intereses.

La falta de una dirigencia política, sindical, empresarial, académica a la altura de las circunstancias trae pesimismo, porque esto implica que la salida a los problemas estructurales de la economía argentina está lejos de suceder.
Mientras tanto, sobrevivimos como podemos, especialmente los jubilados y los niños, es decir los más débiles, en este país desquiciado que ni siquiera puede organizar un partido de fútbol. Ya ni siquiera con que concurran los visitantes a la cancha.