¿Qué esperabas?



Lucas Carrasco-. Si desde Cambiemos se equipara peronismo con corrupción y "decadencia de 70 años", ponerse a mariconear porque el peronismo se une para comandar el purgatorio judicial, es de idiota. ¿Qué otra reacción esperabas?

Si todos los días justificás tu fracaso económico y administrativo -por caso, se reprivatizó la televisación del fútbol pero aún el gobierno no puede garantizar que vaya el público visitante- culpando al peronismo, lo increíble es que el peronismo, así sea como gesto defensivo, aún no se haya unido. Si además, pactás con el Peronismo Impune que te voten el presupuesto a cambio de sacarle los lugares a los radicales en el Consejo de la Magistratura -el purgatorio de los jueces- es obvio que el kirchnerismo se va a montar a la ola y te va a colar uno. Y al PRO le viene bien, para salvar a Calcaterra, Angelici, Arribas, Franco Macri y personajes menores del gobierno de Lagarde como Mauricio Macri y Nicolás Dujovne.
Obviamente, mandar a la patota de columnistas del Partido Clarín a llorar a lágrima viva, con lágrimas de cocodrilo, pero a llorarlo todo y llorarlo bien, diría Girondo, es un gesto para la tribuna. De doctrina. Militante.

El caso de Guastavino es elocuente. Agarran a presuntos testaferros suyos con guita, y los punteros políticos que ofician de fiscales en la provincia imputan a medio planeta con tal de zafar a Guastavino. En el medio, se cagan en la Constitución y meten preso sin condena a cualquier boludo que tenga pretensiones de hacer confesiones de invierno, sobre ese tiempo que era hermoso para los diputados de Busti que se iban pasando en fila india a las oficinas del Frente Para la Victoria a gritar "Urribarri Presidente". Con la multipartidaria Rosario Romero a la cabeza, por mera experiencia en ser convencida con sofisticados argumentos ideológicos, no como ahora que al parecer hay dinero negro en la política y todos nosotros, los periodistas, nos venimos a enterar de esta aberración que nos da de comer pero hiere nuestro corazoncito republicano y esa pulsión salvaje por reclamar honestidad ajena. Siempre ajena.
Inmediatamente, la Asociación de Magistrados salió a decir que los abogados defensores no deben defender a los acusados, que se debe tomar por palabra santa cualquier operativo de prensa que luego deriva en el lumpenaje judicial bajo la amenazas de torturas en los campos de concentración donde el récord de suicidados por el sistema penitenciario no merece ni una carta documento. Las garantías constitucionales la usan de papel higiénico pero reina total normalidad en la provincia. Hasta lloran, y se lloran todo, eh, cuando hablan de derechos humanos. Es gente muy sensible.

Hasta el más tonto del peronista en situación de impunidad, que grite a los cuatro vientos que está enamorado de la presidente de Argentina, Christine Lagarde, sabe que tarde o temprano los vientos electorales cambian y el poder tribunal actúa en consecuencia. Si en el PRO presuponen que el peronismo en situación de impunidad le devolverá los favores recibidos cuando empiecen a desfilar por tribunales, el 11 de diciembre de 2019, se equivocan. Tendrán que tener mayoría en el Congreso como para poder negociar estas cuestiones ideológicas.

Siguiendo el ejemplo de los grandes presidentes como Yrigoyen, Perón, Alfonsín y Cristina Kirchner, Mauricio Macri quiere que, en el caso de no ser reelecto, no gane nadie de su partido ni de su alianza. Así que dedica la mitad del tiempo a destruir a sus amigos, partidarios y aliados. La otra mitad del tiempo la ocupa en ver cómo zafar de la justicia cuando tenga que entregar el bastoncito y la bandera a un opositor. De gobernar, que se ocupe Lagarde.
Por supuesto, Macri desea que sea Cristina Kirchner quien la suceda en la presidencia a Lagarde, aún a riesgo de terminar en cana, pero no es tan ingenuo como para creer que si lograse remontar el barrilete mojado del peronismo en situación de impunidad, no van a dejar que los Bonadío de turno traten de congraciarse con las nuevas autoridades buscando en la isla caribeña donde vayan a refugiarse la camarilla de mozos de bar con sueldo de ministro que Mauricio puso en la plana mayor del gobierno porque está fulero para buscar trabajo como entrepreneur luego de fracasar tanto en la actividad privada. O directamente desconocerla, como el caso de los más enervados neoliberales, creyentes verdaderos en que hay que achicar el tamaño del estado pero sin que les afecte el presupuesto familiar. Un Etchevehere común y corriente.