Literatura de Testimonios: paren de aburrir



Manuel Ibiza y Lucas Carrasco-. Esta nota está basada en hechos reales. Trágicos. Dolorosos. Que marcaron la vida del obrero editorial y su cínico amigo periodista. Doloridos. Para siempre. Pudieron contarlo. Para dar testimonio. A la posteridad. Del próximo verano. Por su valor testimonial. Y porque traen muchas visitas cuando boludean


Con compromiso. Siempre.



Otro libro más. Para leer. Editar. El libro está mal escrito. Pésimamente escrito. Lo saben. Por eso me lo pasan. El libro venderá. Cuenta un problemita de una personita. En primera persona. Obvio. Como si fuera un holocausto interno. Señala los culpables. ¡Escrache, escrache! Siempre funciona. Los señala bien claritos, aunque sin necesidad de decir los nombres. Culpables. De su infelicidad. El autor da bien. Para la tele. Si consigue algún noviazgo trimestral con alguna vedette, nace una estrella de la autoayuda "seria". Le llaman Filosofía. En las universidades. En serio.
El autor tiene un look descuidado. Fotogénico. Bien. Conferencias puede dar. Buen actor. Buena pinta. Blanco.Varón. Sabe poner cara de autoflagelarse. Por ser blanco. Por ser varón. Por ser despreciable, al integrar una especie de mamíferos destructivos, que exterminó las tortugas de las Galápagos, mató indígenas hace cinco siglos, fabricó la bomba nuclear, permite el bullying en un jardín de infantes, discrimina a los gordos, no deja entrar a los transexuales al baño de mujeres, escucha a Cacho Castaña, votó a Hitler, envenena los alimentos, tortura a las vacas para hacer queso. Hasta se siente triste por parecerse a Cristóbal Colón. No se anda en chiquitas al culparse por sus parecidos. Solidario con todas las causas de la humanidad. Todas. Incluidas las de la animalidad. Y la vegetalidad. Y la cerealidad. Aunque de las barritas de cereales no dice que trae cáncer. Todavía. Absolutamente todas las causas nobles le parten el corazón. Se hará millonario.


No con la venta de libros. Ya nadie gana. Con los libros. Las editoriales grandes son para lavar plata. Las editoriales medianas para explotar escritores. Las editoriales chicas para explotarse el ego.
Las bibliotecas populares tienen más empleados que lectores. Las librerías comerciales son basurales a cielo abierto. Dan ganas de salvar los árboles. Pero: eso sí, en las editoriales, todo contenido se recicla. Una y otra vez.
La plata viene con los añadidos. Literatura de testimonio: garantizado pago cash sin factura. Charlas de motivación. Empresas. Eventos de ONG. Un par de notas en los medios. Coach emocional. Un año de gloria. Hasta el próximo autor. Y su testimonio.
Rasgado el corazón. Muerto de pena. Atravesado por la tragedia. Con los huesos partidos. El novel testimoniador entra sonriente a la editorial. Con su mamotreto de lágrimas mal escritas. Llena el formulario. Responde de qué fue víctima. Narra pormenores de su dolooooooor. Cuando se le murió el perrito que tenía cuando iba a la primaria. Ay. Ay. Ay. Lo chocó un auto. Eso lo marcó para siempre.
No.
No se lo aceptan.
Le agarra un ataque de pánico. Le traen agua. Ruega. Le dan otra oportunidad. Todos merecen una segunda oportunidad. Política de la empresa. El perrito no fue chocado por un auto. Lo mató su papá. A palazos. Delante de él. Mmm...Podría ser. Pero falta. Su papá es un ejecutivo de una multinacional. Bien. Odia a Greenpace. Y al Papa Francisco. Mmm. Ok: el perrito en realidad era su hermano menor. De un año. Un bebé. Y fue acuchillado. Durante 6 meses. Puede andar. Y además su papá no les enseñó a ponerse el cinturón de seguridad en el auto. Y prende el celular en los aviones. No aplaude al aterrizar. Puede andar. Colecciona mariposas, clavándole alfileres. Echa sal en las plantas con flores. Puede andar. Él logró recuperarse del trauma paternal. Gracias a su huerta orgánica. Y la meditación oriental. Se hizo vegano. Anda en bici. Aprobado.



Sufrid, hijos de puta. Sufrid en solidaridad. Lloremos todos. Oremos. Hagamos cadenas de oración. O Hashtag, que son las cadenas de oración de la clase media.
Mientras tanto, hay que convertir este mamotreto -literatura testimonial: paren de aburrir- en algo legible. En lo posible, respetando el idioma castellano. Luego, que alguien le explique al testimoniero de turno el significado de las palabras que no entienda. Despacito. Y le arme un par de consignas fáciles. Y un par de citas de Grandes Filósofos. Oh. Los Grandes Filósofos. Siempre quedan bien. Hasta para escribir una receta de electrizante escabeche de uvas maduras de parra alpina con vibrantes copos de nieve a la suiza: o sea, vino con soda y hielo. Como decía Aristóteles: "cuando inventemos la soda, podremos multiplicar el vino; y cuando sepamos cómo funciona la levadura y qué mierda es la piscicultura, multiplicaremos los panes y los peces". Aunque luego fuera Jesucristo el que se encargó de esa actividad industrial. Y San Pablo el ghostwriter que vendió el libro con el traumático testimonio de Jesús de Nazaret, cuyo padre lo mandó a ser crucificado y humillado. Fuerte. Aunque por pudor (y para que su imagen sea apta para todo público) mientras lo clavaban alegremente en la cruz le pusieran un taparrabos. Torturado, pero sin los genitales a la vista. Sadismo con pudor: así nació el Opus Dei. San Pablo no solo creó el primer gran best sellers. Fundó el primer buscador de alcance global que responde lo que quieras escuchar. Dos mil antes que Google.
De haber tenido los derechos de autor de la biblia, ya le habríamos vendido los derechos a Netflix. Que pondría en la trama a un narco mexicano. Probablemente Barrabás. Además, el Padre del prota ya tenía antecedentes. Mutiló a Eva. Lo traumó a Adán por una manzana de mierda. Se puede hacer una precuela. Con toques noir. Paisajes desoladores. Música pop. Sirenas policiales. Una detective traumada. Carcomida por las injusticias sociales de Noruega. Judas podría ser de Al Qeda. En la última cena hay que sacar el pan. Estadísticamente, mínimo un apóstol con intolerancia al gluten. Apóstoles de todas las razas. Eso sí. Tipo publicidad de Benetton. En vez de pan. Semillas de chía. Con hamburguesas de lenteja. Sobre un colchón de hojas verdes. O sea, lechuga. Con leche de coco.
Tiene que parecer que cualquiera de los apóstoles lo puede traicionar. Al bueno. Incluso, se puede mixturar con 10 negritos. En cada capítulo, un apóstol tiene que parecer el que lo va a traicionar al prota. Hasta que...
La cagada es que al final lo matan a Jesús.
¿Cómo hacer una segunda temporada?
Ah.
Cierto.
¡Que resucite!