Las consecuencias de pasar un día sin celular



Manuel Ibiza y Lucas Carrasco-. Nueve de cada diez personas padecen de trastornos de ansiedad culpa del celular. El cual, también, genera hepatitis y otras enfermedades relacionadas con el colesterol. Morirás, maldito bastardo.



Un estudio de la universidad irlandesa de Michigan detectó que además de traer cáncer las personas que miraban la pantalla del celular cada tres minutos se sentían solas. Deprimidas. Amargadas. parecían un Ministro de Gobierno. Su tasa de suicidio era 89% mayor que los que usaban celulares de plastilina. Que es la nueva moda entre las actrices de Hollywood. Los celulares de plastilina no pueden recibir llamadas. Las app no funcionan. No necesita batería. Está hecho íntegramente Made In USA. Es ecológico. Lo fabrican en una huerta orgánica. A los niñitos esclavos traídos de México se les da hasta dos comidas diarias. Aveces. Es como cualquier celular: no sirve para nada.


Todos los datos citados más arriba son falsos. Estamos en la era de las Fake News. No como antes, que nos decían que había marcianos en una foto borrosa. Cuando estábamos ganando la guerra de Malvinas. Qué hermosos tiempos, cuando la mentira era institucional y la prensa canalla no se sentía amenazada por las redes sociales. Donde la mentira es el bitcoin de cada día. Los escritores se desesperan. Por lograr que se viralice alguna pavada ocurrente. Así que lanzan frases. Oh. Frases. Gramaticalmente correctas. Sobre temas políticos. Que no entienden. Y lo saben. Pero se cuidan de quedar bien con alguna capilla de aplaudidores. ¡¡SE ROBARON TODO, SE ROBARON TODO!! o bien ¡¡BASTA DE DICTADURA, LA CULPA DE QUE SE ME ENFRÍE EL CAFÉ ES DEL NEOLIBERALISMO, MACRI GATO!! Para que algún diario lance lágrimas por el compromiso del intelectual.

Ayer pasé todo el día en Paraná sin el celular. Volví a casa al amanecer. No tenía ningún mensaje importante. Como todos los putos días.
Yo en cambio estuve en un bar de San Telmo tomándome la plata que tenía. Nunca usé celular. Soy completamente normal: infeliz, presumido y un poco tonto, como la gente normal. Que sí usa celular. 

Hay que armar una secta. La que pasa un día a la semana sin celular. Una jornada mundial. Un día sin celular.

Ya lo decía el filósofo Descartes. Famoso dealer al que nunca lo agarraba la Policía Federal. Para cobrarle el impuesto a la cocaína. Que se cobra a todo vendedor. En cada Comisaría. Es como un Impuesto a las Ganancias pero sin CGT que se queje. Descartes decía: desde que tengo redes sociales, solo sé que lo sé todo. Platón, que era un peluquero famoso por cómo peinaba, dijo que Sócrates lo bloqueó a Descartes. Todos le creen a Platón. Pero ese influencers de Sócrates era un bot. Una aféresis de persona.

Se puede vivir perfectamente sin celular. Sin redes sociales. Lo que resulta imposible es no enterarse de las tonterías que ahí ocurren. Donde no hay banalidad del mal. Solo banalidad. Pura y dura. Banalidad.
La vida llena de banalidad. Es una vida que necesita muchos aparatos electrónicos. Por ejemplo. Una juguera. ¿Para qué sirve una juguera? Para exprimir naranjas. Sin hacer esfuerzos. Guardando ese esfuerzo para luego ir al gimnasio. La banalidad de las naranjas.
Hay gente sofisticada. Que razona así. Va al gimnasio pero usa una juguera.

Ayer me enteré que hay militantes del celular. O sea, gente que cree que milita, aunque no sé bien qué quiere decir eso, con el celular. O sea, te explico: gente que quiere que tal o cual tenga un puesto de gobierno porque los beneficiaría a ellos. Usan el celular para lograr que ese tal o cual "se instale". Llenándole de mensajes a sus familiares y amigos y desconocidos que se sienten solos. Los cuales le contestan, educadamente. Lo felicitan. O no. Porque militan para que otro ocupe ese cargo público.
Ah. Gracias por el dato. También me enteré que hay gente que cobra por hacer eso. Incluido fingir que adoran al fulano que les paga. Generalmente, con los impuestos.
Sí, existe eso.
Qué mundo raro.
O sea, es raro.
O sea, no sé.

Una amiga me dijo que con el celular se podía escuchar música. No lo sabía. Lo intuía. Por los bosques de Palermo. Cualquier tarde. Uno se sienta a ver los chicos y chicas correr. Con sus lindos cuerpos. A mí los chicos no me gustan. Por ahora. Sus auriculares. Van escuchando algo. Música. Probablemente. No debe ser música muy buena porque ni se paran a escucharla. No van caminando pensando en lo maravillosa que es esa música. Van caminando escuchándola. No les sorprende. No les maravilla. No les hace pensar. Creo que corren para no pensar.
Sí, la gente es así.
También era así antes de que inventen los celulares.
Y seguirá siéndolo cuando salga el último modelo de iPhone.