La Era de la Comunicación es una mentira



Lucas Carrasco-. La Era de la Comunicación no sería tal si no viviéramos en un período histórico donde la ciencia predominante y omnipresente no fuera la matemática. Sí. Estás equivocado si creés que la Comunicación es lo omnipresente y el condicionante sociológico, político y económico del mundo hoy. No, es la matemática.



Nunca vivimos una etapa histórica donde la matemática defina tanto nuestras vidas, tantos aspectos de nuestras vidas.
Una de las operaciones lógicas -la lógica hace rato se ha desprendido como rama del árbol añejo de la filosofía y hoy integra la vía láctea de las matemáticas- más nombradas y menos conocidas y por lo tanto desdeñadas cuando no demonizadas, son los algoritmos. Se los podrá demonizar, pero seguirán ahí, no estando. Porque no existen como entidad en sí, como cosa. Pero posibilitan el grueso de las cosas que a diario vivimos. Desde leer este artículo, cuyo lenguaje de programación no sería posible sin algoritmos, hasta la propia operación lógica del razonamiento. Desde la tecnología matemática detrás de la comida, hasta la tecnología matemática del vestir. ¿O acaso no es una operación matemática una pizza? Por nombrar algunas de las operaciones matemáticas que hay detrás de una pizza: los cálculos de los biotecnólogos para producir levadura química, el tiempo y la temperatura del panadero para su fermentación, el peso de los ingredientes por parte del pizzero, la distancia que es costo de entrega por parte del motomandado, la mecánica de la moto, la cantidad de porciones, el tamaño y sus divisiones y así. No hace falta adentrarse en APP y teléfonos inteligentes, en Google Street y el GPS ni las cookies para direccionar la publicidad de una eventual pizzería. En la propia pizza está la matemática, aún cuando, por ejemplo, la molienda de cereal sea anterior a los cálculos matemáticos (no está científicamente probado que sea así, pero ponele) el conocimiento de los cálculos lógicos posibilitó la renta, la industrialización, la impresionante logística que implica que por primera vez la humanidad se enfrente al problema político de que produce más alimentos de los necesarios pero los distribuye mal. Solo basta pensar en la historia del olivo y el largo camino por barco que ha hecho la aceituna que está en tu casa. Las travesías por las cuales, primero de manera rudimentaria, hoy científica, se pasaron de generación en generación, de pueblos en pueblos, de continentes a continentes, la receta para fabricar queso. Las complejas operaciones matemáticas para que los depredadores no hayan logrado exterminar animales tan fáciles como las torpes vacas.

Tengo 40 años. Durante 25 años trabajé como periodista y al igual que mucha gente, odiaba las matemáticas, porque no las entendía, ni entiendo mucho hoy. Tuve pésimos profesores de matemática, como la gran mayoría de la gente, pero no es culpa de ellos. Nunca le presté atención a ningún profesor y sin embargo, leí y estudié por mi cuenta contornos de la Comunicación como la Semiótica, el Psicoanálisis (que puede ser un mar de tonterías en el campo psicológico, pero en la Teoría Literaria tiene validez), la Linguística, los Estudios Culturales, la filosofía postestructuralista.
Nada raro, hay mucha gente como yo, casi de manual.
Pero recién de adulto me di cuenta de la importancia de la matemática.
Y todo empezó de manera bastante simple.
Las computadoras eran caras, al usarla mucho se iban rompiendo y esas roturas, para quienes escribimos nuestras primeras notas en máquina de escribir, eran roturas raras, porque no eran físicas, sino digitales (aún sin conexión a internet). Había un misterio ahí. Ese misterio no lo resolvía un adjetivo bien implantado.


Aunque no se pueda tocar con los dedos, el sustrato material de la comunicación es la matemática. No solo por su arquitectura tecnológica, sino hasta como procedimiento lógico del razonamiento.
Se me dirá, con razón, que la comunicación -en minúsculas- no es necesariamente racional. Cualquiera con experiencia en televisión sabe que se puede decir cualquier boludez total la gente va a entender (polisémicamente) el lenguaje corporal y el contexto escenográfico dinámico, dinámico en el sentido de la geografía radical. De acuerdo. ¿Pero cómo es que sabemos ésto? Por procedimientos racionales lógicos. Y esa lógica, ya no es parte de la filosofía (que en realidad, es Historia de las Ideas, no más que eso, no menos que eso). Y la Comunicación Social surgió como parte de la filosofía. Por eso no avanza en las universidades donde se estudia así. En cambio sí avanza cuando se la incorpora a los procedimientos lógicos racionales verificables. Hasta el punto de producir una revolución científica tecnológica en las comunicaciones, donde quedan afuera los que, en este momento, están estudiando la Escuela de Frankfurt en vez de estudiar la economía del conocimiento. Obtener una Licenciatura en Comunicación Social es, en el mejor de los casos, un Curso de Detectives Filológicos por Correspondencia. No sirve para nada. Más que para patrullar a los adversarios del empresario dueño del medio donde luego, con suerte, se trabaje. Cosa que puede hacer cualquier boludo sin necesidad de aprender la jerigonza de Hegel.

(Un secreto: no es muy difícil entender a Hegel, te la complican porque si lo entendieras cabalmente, te horrorizarías. El Espíritu Absoluto es la justificación de un chupamedias como Hegel de una vulgar dictadura totalitaria)

El medio de comunicación social más importante del mundo hoy -el dólar- está desapareciendo físicamente, alcanzando el fetichismo de esta mercancía su mayor grado de evanescencia. El analfabetismo financiero se complementa de manera perfecta con el analfabetismo científico, en un mundo regido y dominado por la técnica, este doble analfabetismo es la principal herramienta de dominación. Es un ataúd al cual se le pone un nuevo remache con cada debate sobre el rol de los medios, el análisis de lo que dijo tal o cual periodista y el simplismo aburrido de echarle la culpa de todo a lo que no entendemos: desde las redes sociales hasta las Fake News, desde Cambridge Analytica hasta el jurado del Bailando, desde InfoWars hasta la semiosis infinita de un zócalo en TN. Tiempo perdido. No pasa por ahí.
Sí, como decía Leopoldo Marechal, de los laberintos se sale por arriba, de los callejones sin salida se sale retrocediendo. Es tiempo de retroceder: más que preguntarse sobre la necesidad de la presencia de lo real (tema fetiche de la Semiótica) es necesario encontrar un método de validación donde esa pregunta cobre importancia.
El reto intelectual es formidable visto desde esta perspectiva.
Para todo lo demás, ya sobran charlatanes.