La ciudad y el desarrollo



El arquitecto-. Paraná, es una de las pocas ciudades capitales del país que en la última década ha crecido desmedidamente y sin ningún tipo de control por parte de los organismos del Estado, pero lo que es peor aún, ha crecido huérfana de cualquier tipo de desarrollo urbano, arquitectónico y cultural. Paraná se debe aún un debate sobre los principales interrogantes arquitectónicos y culturales ¿Queremos crecer?, ¿Vamos a crecer?, ¿De qué manera?, ¿Qué desequilibrios habrá que corregir?, ¿cuál será el soporte económico y de actividad de este crecimiento?, ¿dónde?, ¿de qué manera?
En arquitectura aprendemos que toda ciudad es belleza, cultura e historia y al mismo tiempo es economías de escala, relaciones, disfunciones, creatividad, producción y consumo.
La dialéctica entre la existencia de la ciudad y la adecuación de esta ciudad a las nuevas condiciones, es consustancial a la ciudad misma, de la misma forma que lo es la tendencia a la expansión y al crecimiento asociada a la idea de creación de riqueza.
En los últimos 100 años en la Argentina, las ciudades se han desarrollado a partir del modelo que marcaron los intelectuales higienistas para la ciudad de Buenos Aires. Este crecimiento de la ciudad ha sido generado fundamentalmente por el crecimiento residencial. La planificación urbana y las legislaciones urbanísticas se han centrado en esta faceta del crecimiento.
Tengamos en cuenta que no hace falta un uso desmedido del suelo para definir a una ciudad en expansión, por el contrario hay innumerables posibilidades de pensar políticas urbanas de crecimiento potentes consumiendo poco o ningún suelo y al mismo tiempo contribuir al debate tan necesario en estos momentos de cambios profundos. Crecer no debe ser sinónimo de ampliar, debe ser sinónimo de optimizar y potenciar los recursos existentes y de esa manera poder hacerlos más productivos, siendo capaces de atender a mayor población en una superficie urbana mas densa y poblada, esto facilita incluso ampliar la base tributaria para generar los recursos necesarios para invertir en la infraestructura necesaria.



Es necesario que desde el estado municipal se generen políticas de consensos que fortalezcan la red de servicios públicos. Una ciudad que crece es aquella donde se multiplican los servicios y la competencia entre distintas compañías de generación y suministro. Poder atender a las nuevas tecnologías de comunicación y de transporte es un elemento básico en la generación de un modelo de ciudad en expansión- la red de transporte con sus nodos o centros de intercambio, la generación de energía y su distribución, etc., etc., son electos inherentes a la ciudad y a su economía. Actualmente, Paraná cuenta con un pésimo sistema de transporte público –falta de vías exclusivas, restricción al tránsito particular en horas pico, inexistencia de Metrobus, etc- y ni hablar de la escasa o nula conectividad de internet en los distintos puntos de la ciudad, fundamentalmente los más concurridos (Centro Comercial a cielo abierto, terminal de ómnibus, Parque Urquiza, Centro Cívico).

Es necesario volver a pensar en la densificación de determinadas áreas alejadas del centro cívico y comercial de la ciudad, ya que la baja densidad poblacional en la zona llamada “dentro de boulevares” (coincidente a las seccionales electorales 1,2,3 y 4) que es la que está  más provista de servicios y equipamientos públicos, significa que hay un desperdicio de éstos desde el punto de vista de la inversión social que significan, por lo cual la densificación en Paraná, lejos de presentar problemas, comienza a aparecer como una estrategia para solucionarlos.

Lo dicho más arriba son ejemplos concretos y a mínima escala que aportan al crecimiento igualitario de la ciudad, de todas maneras, lo que la ciudad necesita para hacer frente a la acelerada urbanización de los últimos años, es primeramente, tener un horizonte de planificación de 1 a 25/30 años como mínimo; a su vez, pensar las formas de financiación que hagan posible la planificación realizada, y fundamentalmente, un plan de gobierno que sea eficiente, duradero y confiable que trascienda a los partidos políticos de turno.
Si queremos lograr un crecimiento equilibrado de la ciudad es necesario impulsar fuertemente la participación ciudadana y relacionarla al compromiso con los valores urbanos como ejes fundamentales para la construcción del tejido urbano en extensión, de lo contrario, estaremos repitiendo los mismos errores, y la ciudad será decidida en licitaciones que favorecen a empresarios arquitectónicos a los que solo les interesa el lucro personal a costa de la obra pública.