Historia política y derecho público provincial

Gonzalo García Garro-. La República de Entre Ríos, una nota al pie sobre historia política y derecho público provincial

“Por estas imperiosas razones tengo a bien ordenar a V.S. que a la mayor brevedad mande a todos los pueblos de la comprensión de su mando, que reuniendo su vecindario libremente y precedido por el Comandante de cada pueblo, alcalde ordinario y oficial de más graduación que allí hubiese, puesta una mesa en las plaza con toda la formalidad debida, se proceda a la elección del Jefe Supremo que debe regir esta República, de cuyo sufragio se formará una acta que debe guardarse archivada en los Registros Públicos mandando copia a esta Supremacía para los fines que son consiguientes”. Francisco Ramírez.


El epígrafe que precede este artítulo expone límpidamente la actitud democrática de Ramírez. En los confusos mecanismos institucionales de la época, la designación de gobernador era realizada en las provincias a través del voto de la Cámara de Representantes o Legislatura. Esto, en el mejor de los casos ya que muchas veces el mandatario local surgía de un simple apoderamiento del poder logrado por empleo de la fuerza.
Fue Francisco Ramírez el primer gobernador que buscó en el sufragio popular directo la ratificación del mandato y lo hizo a través de la convocatoria citada en el epígrafe, días antes de fundar la República de Entre Ríos.


Sobre la República de Entre Ríos

Derrotado Artigas, gozando de una cierta paz con Buenos Aires, ha llegado el momento de organizar la región que ha quedado bajo el dominio de Pancho Ramírez. El día 30 de noviembre de 1820, en la capilla de Nuestra Señora del Rosario en la localidad del Tala, el caudillo proclama el nacimiento de la República de Entre Ríos.


El concepto de “República” no implicaba ningún propósito secesionista, era el enunciado de un sentimiento localista y la reafirmación de la derrota del proyecto monárquico porteño.

La República instituida por Ramírez comprendía los actuales territorios de Entre Ríos, Corrientes y Misiones. También tendrá bandera propia, que es la bandera federal de Artigas y un escudo cuyo signo heráldico es una pluma de avestruz debido a que los gauchos entrerrianos solían llevar en el sombrero una pluma de avestruz cuando iban a la guerra montonera.

Ramírez se lanza ansiosamente a la tarea de la construcción de su Patria chica, sanciona reglamentos de orden militar, político, económico y tributario. Declara abolidos los derechos a la introducción de efectos del interior del país, prohíbe la matanza de vacunos, manda practicar el primer censo del territorio, promueve la cría de ganado y la plantación de árboles.
Otorga garantías a comerciantes extranjeros y adopta medidas de saneamiento financiero.
Divide el territorio en departamentos presididos por comandantes elegidos directamente por el pueblo, con facultades civiles y militares. Impone la enseñanza obligatoria hasta saber “leer y escribir y contar”.

El Supremo Entrerriano, como ahora así se lo llamaba, había concebido un vasto proyecto de unificación nacional bajo su influencia sobre la base de la empresa común contra el enemigo histórico. Inspirado y prosiguiendo la gesta de Artigas aspiraba de alguna manera continuar su obra expulsando a los portugueses de la Banda Oriental.

En su plan de carácter continental también preveía una campaña contra el Paraguay para reintegrarlo a su territorio original. Luego, el plan continuaba con un ataque de inmediato a las Misiones ocupada por los portugueses.


Los límites políticos del proyecto

Pero estas acciones significaban dejar a las espaldas enemigos o aliados dudosos. Se decidió entonces a intentar la unidad interna de las provincias bajo su hegemonía. Las condiciones le eran favorables gracias a la impopularidad del gobierno de Buenos Aires y el caudillo requería consolidar  políticamente su creciente poder.
Pero le quedaba al caudillo un enigma que previamente debía resolver: Estanislao López.
Este había ganado sus galones junto a Ramírez y los unían viejos pactos que seguían supuestamente vigentes.

Ramírez lo invita en una carta a que se le una para derribar al gobierno de Buenos Aires que ya había violado al Tratado del Pilar, provocar su reemplazo y llevar adelante y a continuación la guerra contra los portugueses. Ramírez no sabía que el mismo día, 24 de noviembre, en que había sido elegido Jefe Supremo de la República de Entre Ríos, se había firmado en Benegas, la liga de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. “Los mediocres intereses localistas se sobrepusieron, en el ánimo del mediocre personaje, a los grandes objetivos nacionales: sacrificaba a su aliado en los principios de las pingues achuras de las vacas de Rosas”, opina el historiador revisionista Ernesto Palacio.



Ciertamente López ofrendó a su aliado histórico, y cobró una donación en concepto de indemnización para Santa Fe, incluida secretamente en el tratado de Benegas de 30.000 cabezas de ganado vacuno...La entrega de la mencionada donación la garantizaba un hombre que, ya comenzaba a brillar con luz propia en la Provincia de Buenos Aires: Juan Manuel de Rosas.
El Tratado de Benegas significó la alianza de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires para comenzar entre estas provincias “la paz perpetua” pero el motivo secreto de esta nueva entente era en realidad asfixiar a Francisco Ramírez que aparecía como peligroso en su creciente poderío de la República de Entre Ríos.

Al quedar solo y aislado, Ramírez no comprende que su poder es ilusorio y no va más allá de Paraná. No entiende que ha sido un instrumento de Buenos Aires para deshacerse de Artigas y que ya cumplida la misión le ha llegado el turno del sacrificio.