Herejías sobre el dorado al disco



Sebastián P-. Una película rosarina, una anécdota personal y un documental de Netflix para arribar a esta herejía imperdonable de quienes aún se deleitan con un ritual entrerriano: las postas de dorado embadurnadas con harina y arrojadas a una olla de hierro grueso (o al disco, en los casos más chetos y urbanos) donde hay grasa burbujeante.
Cuando vi las noticias de que en Buenos Aires un grupo de veganos violentos hizo un escrache a la pizzería Güerrín de calle Corrientes diciendo que la mozzarela era igual a la muerte, inmediatamente me acordé de la nota que había leído el día anterior y que me hizo exprimir el cerebro para tratar de entender la crisis del sujeto. Paradójicamente, lo que sí recordaba era que anticipaba el crecimiento de los partidos políticos animalistas. Yo no tenía ni idea de ese fenómeno.  Me puse a estudiarlo, muy por encima, preparando una futura nota, pensando en las repercusiones que un partido así podría tener en la zona agrícola ganadera, o en especial por ejemplo en Crespo, donde se producen los pollos de buena parte del país.
Como dato, son partidos políticos ultramarginales. En España, de donde se copian las modas de las clases medias altas acomodadas y se llevan a Buenos Aires y luego a Rosario y de ahí a Paraná -donde hay poca clase media alta- y luego a la Costa del Uruguay. En España, no llegan al 1%, aunque están creciendo. 
A la noche, me puse a ver un magnífico documental de Netflix denominado Cocinar. Esperaba encontrar gente cocinando, aprendiendo diversas técnicas que nunca voy a realizar. Lo de siempre. Me encontré con algo totalmente diferente. Muy interesante. El primer episodio, que es el que viene a cuento con esta nota, es sobre el fuego.
Arranca con unas escenas que si las mirasen los veganistas del comienzo de esta nota, los enfurecería. Netflix tiene otro documental donde un vegano llora cuando matan un pollo. Tiene documentales para todos los gustos y tendencias. En Cooked, la primer escena es en Australia, donde una tribu de indígenas prende fuego unas praderas para luego encontrar muertos en sus madrigueras lagartos pequeños, del tamaño de una lagartija grande, la cual además ya está precocida. Luego prenden fuego con leña del lugar, corren el fuego cuando ya produjo brasas y entierran en las brasas el lagarto. Después lo desentierran, lo limpian y lo comen: lagarto ahumado.
Dos aclaraciones: en primer lugar, si ven el documental, encontrarán que nombran a los aborígenes o indígenas como tribu "Martu". Para escribir esta nota, investigué y no encontré que tal etnia existiera. Muy mal Netflix.
Lo que sí existe es Martu o Mardu, un término del inglés australiano que designa a un grupo de etnias confederadas.
Segunda aclaración: los indígenas del documental visten ropas extravagantes y coloridas, pero cuando fueron "encontrados" en 1963, según las imágenes del mismo documental, estaban desnudos. No usaban ropa ni calzado. Hoy son una comunidad protegida que tiene un estilo de vida occidental, que pasa los fines de semana en el campo. Para "honrar sus tradiciones".
La afirmación es controvertida. Y acá viene la anécdota personal.
En un paraje cercano a Diamante, con unos amigos fuimos a pescar, en conjunto con unos lugareños que conocemos de cuando íbamos de campamento todos los años. Porque además, uno de esos amigos de la adolescencia tiene una casa de fin de semana en la zona.
Muchos de esos lugareños, así como yo probablemente y mis amigos de Paraná y los nuevos de la universidad en Santa Fe, tenemos parte, mucha o poca, de descendencia indígena. Hay estudios científicos que corroboran ésto. Aunque ninguno de nosotros nos sintamos indígenas como identidad cultural ni consideremos estar honrando ninguna tradición cuando, la vez que vamos a pescar, si conseguimos dorado o algún otro pescado, lo cortamos en postas, lo empanamos con harina a granel comprada en la zona, y lo arrojamos a una olla de hierro con grasa.
En el documental de Netflix, elogian las "barbacoas" del sur. Las barbacoas son esos asados que se ven en las películas, que se hacen en frente de la casa, con una parrilla hecha de metal, donde generalmente hacen salchichas y hamburguesas.
En el documental hablan con un experto en barbacoas en el sur de los Estados Unidos. El experto arranca apilando leña y...briquetas, le echa alcohol puro y prende fuego.
En la película rosarina El Asadito, donde trabaja un actor paranaense -perdón por el spolier, si no la vio a la película, al final la pongo completa, así que pondré en negritas el spolier así se lo salta- se terminan peleando por cualquier cosa una vez que comieron y pasaron largas horas de sobremesa y mucho mucho mucho vino, con armas incluso. En cualquier asado de Argentina, hacer eso de las briquetas y el alcohol puro para prender el fuego, es motivo de guerra, sin que nadie se haya emborrachado aún. Y es que honramos nuestras tradiciones....de pelear.
 El experto en barbacoas, un afrodescendiente carismático y sonriente, nieto de esclavos, cuenta que come el hígado del chancho. El entrevistador se sorprende. A ningún argentino le sorprendería que coman las famosas achuras.
-¿Y cómo lo comes?-
-Lo paso por harina y lo echo a freír.
-¡Usas el método francés sin saberlo!

¿Francés? Si así comemos el pescado en Entre Ríos...
Así como, la caza de carpinchos, que son dañinos para los cultivos, se hace prendiendo fuego en las malezas cerca de los arroyos o ríos donde se los ve para que salgan y sean un blanco fácil. Y luego se comen en cazuelas o milanesas, pero no serían estrictamente milanesas porque se hacen con harina y se fríen en grasa de cerdo o vaca o mezcladas ambas.
El escritor Michael Pollan, animador del documental, dice que todos los rituales para hacer asados son eso, rituales. Que en realidad, hacer un asado es sencillo. Solo que los hombres le ponemos color y aparentamos saberes para hacerlo más interesante y volverlo una ocasión social. Tal como eran nuestros ancestros. Creo que tiene razón.
¿Nos privarán en el futuro los veganos violentos de este ritual milenario?