Fútbol, política, violencia y sociedad


Osvaldo Quinteros-. La sociología especializada en la violencia deportiva. Además, una mirada desde el Marketing y desde adentro de los medios de comunicación de masas.




La sociología especializada en violencia deportiva tiene varios estudios y autores que abordaron el fenómeno. En especial, en lo relativo al fútbol, el fenómeno comenzó a estudiarse desde la sociología en Inglaterra, a partir de la enorme violencia de los barrabravas ingleses, conocidos como Hooligan. Hace un siglo, hubo que suspender un partido de fútbol entre Manchester United y Liverpool por la violencia. Desde entonces, hasta que en los años 70 se comenzó a estudiar el fenómeno desde la sociología, fue extinguiéndose en Inglaterra y creciendo en lugares como Argentina.
Por los Hooligan, Inglaterra no pudo organizar el mundial de 2006, fue suspendido por la entidad del fútbol europeo por 5 años a raíz de muertos y heridos en sus canchas y muchos de sus "fanáticos" no fueron dejados entrar en los estadios internacionales fuera de Inglaterra hasta en el último mundial, organizado por Rusia.
Para que esto se diera, se necesitó que Inglaterra nunca pierda la razón de ser del Estado, definida por Max Weber como el monopolio legítimo de la violencia. Que es lo que ponen en entredicho las barrabravas que no dejaron jugar en tiempo y forma, aún sin que se permitiera el público visitante, en la final de la Libertadores entre River y Boca.

La sociología inglesa notó que el término Hooligan, aplicado por la prensa y el sentido común a todo hincha de fútbol de las periferias marginales de los grandes centros industrializados -lo que, entre nosotros y salvando las distancias, serían los "villeros"- no era un fenómeno exactamente así. Las barrabravas eran policlasistas, estaban atravesadas por negocios ilegales, muchas veces multimillonarios y se sostenían en prácticas xenófobas instaladas en la sociedad, además de cierta corrupción policial. Estos problemas en Argentina los conocemos de sobra. Pero aunque parezca paradójico, en Argentina no tenemos tan instalada la xenofobia como en Inglaterra.
En Rosario, donde resido, el fenómeno de los barras se asocia crecientemente al narcomenudeo con lazos al narcotráfico, aunque a sus eslabones intermedios que abarcan, por supuesto, altos cargos políticos, judiciales y policiales. Como en Boca y en River, aunque sea menos conocido lo que pasa en el club de Belgrano.

El periodista paranaense Alejandro Bauman, especialista en temas judiciales y deportivos, da una mirada más cercana al bochorno que presenciamos:"hay que recordar que Macri quería jugar este partido con hinchadas visitantes. Fueron los presidentes de Boca y River, los que plantearon que no. Además de la AFA, manejada por Boca y la Conmebol, manejada por River. Todos le dijeron que no. Macri lo quería jugar entre semana, se lo pusieron el día sábado. Hicieron lo que Macri no quería que hagan. Le hicieron la contra en todo. Obviamente, Macri con Boca no se iba a meter, y de hecho Macri quiere que le caiga todo este quilombo encima a River, por su enemistad con los dirigentes de River". Bauman le suma "las internas entre CABA y Nación y las internas entre las fuerzas federales con las de la ciudad, con las de Prefectura y Gendarmería" para que se dé el cóctel perfecto.

El especialista en Marketing Político, Alexis Gravier, sostiene que "no se puede separar lo que está ocurriendo con el aumento de la publicidad y el costo de la publicidad para estos grandes eventos deportivos, específicamente del fútbol. Te pongo un ejemplo: si fuera un partido de Rugby o una pelea de Box la que se suspende por este grado de salvajismo, el espectáculo entero vería afectada su imagen y ninguna gran empresa querría que en las remeras de los deportistas aparezca su publicidad, porque les traería una imagen asociada a la violencia. En el fútbol, esto no ocurre".
Gravier, fanático de Boca, entiende que "la gente hace una separación entre el fútbol en sí y la violencia organizada, por eso no le molesta que los jugadores argentinos ya de muy jóvenes se vayan a trabajar al exterior ni les molesta que no se permita el público visitante. Ningún gobierno sufrió las consecuencias políticas de sus nexos con las barras, ni sus papelones en la organización de operativos de seguridad" remarca.

El tema es que, tarde o temprano, estas cuestiones derivan en una resignación y bronca ciudadana creciente, la cual ya analizamos en otra nota.  Si el estado no puede garantizar la vida, los bienes y la libertad, la sensación colectiva de fracaso es inminente y puede disparar hacia cualquier lado.
El fenómeno de los barras es policlasista. Asociado a diversos negocios ilegales, legales y semilegales. En ese sentido, es muy parecido a la historia de la propia burguesía argentina. Aunque se puede decir lo mismo de la burguesía italiana, incluso establecer paralelismos entre Macri y Berlusconi, pero en Italia, aún cuando tuvieron serios problemas con las mafias, el estado nunca pierde su razón de ser, el uso del monopolio legítimo de la violencia.
Argentina, en cambio, sí pone en duda esta razón de ser del estado. Son fenómenos inescindibles de la corrupción policial y judicial y demuestran el fracaso del Estado.

Para el periodista Lucas Carrasco "cada vez con mayor intensidad, se oponen el negocio legítimo del fútbol con el negocio turbio de la violencia. Pero es probable que triunfe la lógica del nuevo capitalismo, el de China, Rusia, Sudáfrica, Brasil. Fijate que Rusia, Sudáfrica y Brasil, que tienen capitalismos autoritarios donde la democracia te la debo, organizaron mundiales que Argentina no podría organizar sin que se estén suspendiendo a cada rato los partidos. Incluso, la Argentina de Videla- y no es que no había violencia y barras en los 70- organizó un mundial y les fue bien, mientras torturaban gente para que escriban notas elogiosas del mundial, a metros del Monumental. El horror siempre le gana al vacío: es parte de la condición humana temerle al vacío".

Este pensamiento inquietante de Carrasco, que reconoce que no mira los partidos ni sabe nada de fútbol, es corroborado por Gravier, para quien "la prueba está en el Mundial de Rusia, pero es un fenómeno que se puede ver, desde la publicidad, en los grandes clubes del mundo. Empresas estatales o controladas por estados autoritarios, son los grandes espónsor, incluidas dictaduras petroleras de Medio Oriente cuya reputación internacional es pésima, entre otras cosas porque asesinan periodistas en embajadas como si nada".



Estos cambios van de la mano de los cambios en el capitalismo global. Sin embargo, sería un error concluir que en Argentina hay mayor democracia. Sí, hay mayor democracia que en Brasil y Sudáfrica, países de un racismo institucionalizado aún a pesar de los enormes avances que han logrado, con Mandela y Lula especialmente.
Por el contrario, es probable que estas bandas de delincuentes apañados por la institucionaliad del fútbol, posibiliten la llegada de ese capitalismo autoritario, ante el fracaso de los diversos mecanismos para controlar la violencia organizada, que desafía el monopolio del uso legítimo de la violencia por parte del estado. La encuesta de Latinobarómetro que arroja el índice de menor confianza en la democracia en Argentina desde el año 2001, enciende todas las alertas.
En este sentido, se puede comparar el rol de los barrabravas con las patotas fascistas que recorrían Europa a fines de los años 20 y 30 del siglo pasado. Su violencia también era asimilada a la "pasión", tolerada por la policía y temida por el resto de la población. Son quienes posibilitaron la llegada de modelos de capitalismo autoritario, parecidos a la ola de ultraderecha que recorre el mundo, aunque en aquel entonces, todo fuera con mayor intensidad e infinitamente más grave.
¿Estamos a tiempo de comprender lo que está en juego?