¡El lenguaje inclusivo arruina los insultos!



Mercedes Derna Viola-. Los periodistas italianos están muy ofendidos e indignados.
Parece que Luigi Di Maio, vicepresidente del Consejo de Ministros, dijo que eran todos “putas y vendedores de pene”.



En realidad usó una palabra inventada, como si en Argentina dijéramos “penelero”. Se funda en un equívoco auditivo, típico de nosotros los argentinos, que no tenemos más dobles que la R y la L. El tipo dijo “pennivendolo” con doble ene, vendedor de lapiceras. Yo entendí “penivendolo”, vendedor de penes. La distinción la hizo igual.
Que alguien competente se ocupe del análisis político. Yo quería señalar cómo la mamarrachada del lenguaje inclusivo arruinó un insulto. Hubiera sido más eficaz que les diera a todos de Putas, sin distinción. Un “penelero” arruina toda la poesía, te lleva a una playa en algún paraíso fiscal donde ancianas aburridas y gordos patizambos mal afeitados pagan (poco) los servicios de los que encontraron un hueco en el sistema para ganar algunos dólares, la versión subdesarrollada del Aloe.
Al día siguiente las radios eran un conventillo con buena dicción y poca ironía. Había que salir a defender la virtud, señores. Porque si nos quedamos callados es como si le diéramos la razón al infame. No queremos ser egocéntricos y auto referenciales, disculpen si los aburrimos, pero ésto es demasiado, señores, no la podemos dejar pasar así nomás. No no no. Porque ustedes dirán ¡qué importa de los periodistas!, y periodistos…agrega uno cruzado de brazos en una radio nacional y popular, sí, de los periodistos también. Pero importa, y cómo sí importa. Si no fuera por nosotros, ¿quién criticaría el poder de turno, eh? Nadie.


Las llamadas de los oyentes ese día fueron llamadas de periodistas y se indignaban todos juntos con ruido de tocadiscos viejo y de parece que se cayó la línea. Después, cuando se indignaron lo suficiente, cambiaron de tema. Pero durante todo el día, y también hoy, se han hecho chistecitos en el medio, donde el locutor dice a la locutora cosas como “no serás penelera,  no? Ja ja, no te digo lo otro porque es muy fuerte”. Así que estamos esperando que las asociaciones feministas hagan el descargo, indignado, porque los locutores han dicho “penelera” a las mujeres, subrayando así su incapacidad y despertando toda su psicoanalítica envidia ya que, por más que el periodismo esté entrenado, es difícil comerciar con la política, vendiendo algo que no se posee.
Luego el Vicepresidente de etc etc, salió  a rectificar y dijo que “No todas son putas y peneleros. Hay también periodistas con la espalda derecha”. Y de nueeeevo la indignación en la radio.

Corre la voz que las Putas estarían organizando una revuelta. Sin ironía, medios términos con diferentes acentos y dicción discutible pondrían de rodillas, ésta vez, al país, por haber usado su Santo Nombre en vano, por haberlas tratado de encorvadas y por haberlas puesto entre políticos y periodistas, gratis. Los periodistas siguen hablando. Ellas cierran la boca hasta próximo aviso.