Big Data: qué es y cómo funciona en las campañas electorales



Alexis Gravier-. Los especialistas en campañas electorales le están dando mayor relevancia a un activo de la campaña que tiene, aunque no lo parezca, una larga historia: el uso de Big Data.

Antes de la era de internet y las redes sociales, las campañas electorales ya se habían profesionalizado. Antes de la profesionalización, ya se usaba Big Data.
Un ejemplo. El varias veces gobernador de la provincia de Buenos Aires, el conservador Barceló, durante la Década Infame, hacía uso del "Fraude Patriótico" pero con una extensa red de punteros políticos. Estos punteros recogían información de qué necesitaban los potenciales votantes: bolsones de comida, ropa, la inscripción en una escuela, remedios, etc. Los punteros le llevaban lo que cada votante pedía, a cambio de su posterior voto.
Ya con la profesionalización de las campañas electorales y sin fraudes de por medio, entender las necesidades del votante siguió siendo primordial. Para ello, se utilizaban equipos instruidos en Ciencias Sociales para que elaboren muestrarios representativos. Los famosos Focus Groups, donde se recogía información de carácter cualitativo para junto a la información cuantitativa -encuestas, historia electoral, etc- establecer un diagnóstico y un rumbo a seguir.
Hoy en día, se utiliza la compra de grandes paquetes de datos a las empresas de servicios sociales y buscadores como Google, Facebook, Twitter, Instagram. Estas empresas venden sus paquetes de datos a empresas para publicidad y también a partidos políticos para sus campañas.
Los datos que obtienen de los usuarios son casi infinitos. Desde sus gustos musicales hasta las películas que miran, sus preferencias políticas, etc.
Para establecer sus preferencias políticas, rastrean por un lado las páginas que visita, por ejemplo, si lee Análisis o Ahora 9, es un probable votante de Bordet y/o Macri; si lee El Once o lo mira por internet, es un probable votante de Varisco. Además, establece gráficos de articulación de sus "amistades" en las redes sociales, en los mails, los trabajos de cada uno, etc. Si por ejemplo mira películas de acción Clase B, lee La Nación y El Diario de Paraná, la mayoría de sus amigos son hombres, ingresa a blogs religiosos, conversa solamente con gente de su mismo perfil, escribe en términos despectivos hacia las minorías sexuales en sus mails, ese hombre SEGURAMENTE no es un potencial votante del Partido Obrero. Ni siquiera vale la pena gastarse en tratar de llegarle. O sí. Como hicieron Bolsonaro y Trump: enviándoles mensajes ultra radicalizados para que los amplifiquen y luego los propios protagonistas lo desmientan pero ya están en la agenda de las redes y por lo tanto de los medios tradicionales, donde hoy conviene más que te agredan a que te defiendan, por la baja credibilidad que tienen los medios de comunicación.

La recopilación de datos sobre compras online, palabras más usadas en las redes tanto de un usuario como de su red de contactos, los términos más buscados en los buscadores, la cultura que consume, el tiempo que pasa mirando deportes y cuáles, etc, sirven para elaborar grandes perfiles de votantes a los cuales hacerles llegar un mensaje personalizado. La información incluye desde el aparato desde el cual nos conectamos a internet -por ejemplo, no es lo mismo una computadora barata que un teléfono de los más caros, a la hora de sacar el perfil económico del votante- hasta el tiempo que pasamos conectados.

Por supuesto, estos análisis se hacen a través de inteligencia artificial y tienen muchos defectos. En una campaña electoral, requieren de un análisis por parte de un experto, así como la elaboración de los mensajes debe ser parte de una estrategia, cosa que ninguna inteligencia artificial puede hacer.