Premonición



Manuel Langsam-.

Significado de premonición según el diccionario SOPENA.
“Intuición o sentimiento que presagia un hecho futuro” o,
“Anuncio de un hecho a partir de la intervención de ciertos indicios o señales o por simple intuición”

Antes de ponerme a escribir la presente crónica quise asegurarme el significado exacto de la palabra “premonición” para saber si la estaba aplicando correctamente. Y sí. Está bien.



 Es la palabra justa  para explicar lo que me contó, con mucha convicción, una persona con la que hice contacto por otro tema.

Se pude creer o no creer. Queda, como siempre, a criterio del lector.

Sucedió que vi un aviso en el diario por el que ofrecían maderas y palos para uso rural. Como estaba buscando postes de quebracho para renovar una línea de alambrados en el campo, me contacté por el teléfono de referencia y combinamos el día que iría a verlos, dándome las indicaciones para localizar el lugar.

Como en mi trabajo anterior creo haber conocido prácticamente todos los campos del Departamento, el lugar al que llegué lo tenía registrado como propiedad de otra persona. Y así se lo hice saber a quien salió a atenderme, un hombre de unos 35 a 40 años de edad, que se presentó como

“Acosta, mucho gusto”.

Cerramos el trato por los postes. Como siempre me gusta dialogar con la gente de campo, le pregunté desde cuando estaba en el lugar, ya que conocía el campo pero con otro propietario.

Entonces me contó que hacía un poco menos de diez años habían comprado y, como estaba enterado que yo escribía cuentos, crónicas, anécdotas, me dijo que me contaría una historia interesante y, si  yo lo consideraba así, tendría libertad de publicarla. Que su historia era totalmente real, aunque para algunos despertaría ciertas dudas.

Su padre trabajaba de carpintero rural y alambrador. Trabajo rudo y desgastante si los hay. En su familia contaba con cinco hijas y, cuando ya casi no lo esperaban, nació él, el varón tanto buscado, porque su padre sostenía que “siempre tiene que haber un varón en la familia, ya que los padres se vuelven viejos, las hijas se casan y se van y, habiendo un hombre, siempre hay posibilidades de que salve a la familia”.
Él se fue criando y ayudando en los trabajos a su padre pero, cerca de los veinte años, decidió probar suerte por su cuenta y se fue de encargado de un tambo en provincia de Santa Fe.
Su padre siguió trabajando pero se le hacía cada vez más difícil a medida que avanzaba en edad y se le complicó más cuando comenzó sufriendo de artritis.
Le planteó esa difícil situación a él y el hijo le respondió volviendo al hogar.
De aquí en más, repito las palabras del propio Acosta:

“Vendí unos terneros que había adquirido, junté mis ahorros por los años trabajados en el tambo y, con lo que también había ahorrado mi padre, más algo de financiación, compramos esta chacra.

 Como Ud. verá acá organice un nuevo tambo, con fabricación de quesos, producción de miel, huerta, planté nogales… Traje del norte palos de quebracho e itín para vender.  Y así, nos estamos  defendiendo bien.

Y acá viene lo que sorprende. Yo saqué a flote a mi familia. Pero cuarenta años atrás, al nacer, mi padre tuvo la intuición de que ello sucedería. De ahí el nombre que me puso:

Yo me llamo BIENVENIDO SALVADOR ACOSTA…”