Las falacias del populismo



Pablo Mori-. El triunfo del ultraderechista (discursivo, por ahora) Jair Messias Bolsonaro, enciende las alertas sobre el peligro que enfrenta la democracia. Ahora bien, hay que analizar en profundidad este peligro.

Tomamos el caso de Brasil para evadir polémicas teóricas similares en Argentina.

Cuando se habla de "Partido Judicial" y se cuestiona la condena en segunda instancia a Lula, mencionándolo como "proscripción", y se caracteriza el Juicio Político a Dilma que terminó con su destitución, calificándolo como "golpe de estado", se está entrando en una trampa teórica.
Así sea que tengan razón quienes hablan de proscripción y golpe de estado, no hay democracia que esté en peligro por culpa de Bolsonaro, dado que si no hay división de poderes, elecciones libres y rige un golpe de estado, no hay democracia, por lo tanto, ésta no puede estar en peligro, ya que no existe.

Si por el contrario, consideramos que no tienen razón quienes están convencidos de que hubo una proscripción y un golpe de estado, pero vemos el dato evidente de que llegaron a la segunda vuelta y aunque perdieron contra Bolsonaro son el partido político con más legisladores, entonces es difícil decir que a partir de ahora, que ganó el balotage Bolsonaro, la democracia peligra. En todo caso, peligraba antes y de manera contundente por el amplio aval popular a quienes cuestionaban de manera mucho más radical la verdadera existencia del estado de derecho, la división de poderes y las elecciones libres. Los pilares fundamentales de cualquier democracia.

Esto nos abre el camino a una tercera interpretación posible. Si consideramos que los que hablan de golpe de estado y proscripción, tienen o no razón, pero fueron votados por casi la mitad de los brasileños y consideramos también que Bolsonaro, por sus dichos, es una amenaza a la democracia, debemos concluir que en realidad la democracia ya ha terminado en Brasil a través de un plebiscito que recogió un 90% de adhesiones para que la democracia tal y como la pensábamos, no exista más. Es como si Pinochet en su plebiscito sobre su continuidad en Chile en 1989 hubiera vencido ampliamente, con mas del 90% de los votos. ¿Alguien en el mundo hubiera creído que ese plebiscito chileno, de haberse dado ese resultado, fue limpio, legal y  libre? Por supuesto que no. Serían elecciones caricaturescas, como las de Irak con Sadam Hussein o las de Cuba con Fidel Castro, que sacaban efectivamente esos porcentajes de adhesión.

Así que abrimos paso a una cuarta reflexión, acaso más serena.
¿No estaremos idealizando la democracia antes de la ola populista, como una mera excusa para tener nostalgia de esa ola populista y evitar una autocrítica?