¿Más asfalto o más veredas?



El Arquitecto-. La historia del espacio público y la importancia de contar con veredas se remontan a la Antigua Grecia, origen de la civilización moderna. Estos espacios son de vital importancia para el encuentro y el acercamiento. Sin embargo, nuestras ciudades ven colapsados el espacio público y un notable deterioro de las veredas, como consecuencia de la invasión por parte del mercado automotor.
Recientemente, Peñaloza, alcalde de la ciudad de Bogotá, en la Conferencia Internacional Walk XXI, con gran atino manifestó que “un ciudadano de a pie tiene el mismo derecho al espacio que un auto. Entonces la diferencia de avance de una ciudad son las veredas que hagamos, no las autopistas”. Walk XXI es una conferencia nacida en Londres que apunta a remarcar la importancia del peatón como eje central y articulador principal de una ciudad que está en constante movimiento.

¿Qué debe hacer Paraná para amigarse con los peatones? No hay que ser un especialista para darse cuenta que la capital provincial es una de las ciudades poco amigables con los peatones, situación que se ve no solo por la falta de sendas peatonales -y el incumplimiento en los lugares donde están- sino también en el estado desastroso de las veredas. Basta recorrer cualquier cuadra del micro y macro centro y notar que ninguna de ellas tenga las veredas sanas, o incluso, autos, motos y a veces hasta camionetas estacionadas obstruyendo el caminar.
Casi todas las veredas están en malas condiciones, a causa de los siguientes problemas: por baldosas rotas; por tapas expuestas; por desniveles en las veredas; por pendientes abruptas; por alisado del asfalto; por obra pública realizada por terciarizados; y por elementos hundidos. Todas estas causas son evitables. Basta con la presencia del estado ejerciendo el rol de policía. Teniendo en cuenta que los accidentes geográficos que tiene naturalmente la ciudad de Paraná, con sus subidas y bajadas abruptas, empeoran las dificultades antes mencionadas.

Es necesario empezar un diseño de la ciudad, donde las calles, plazas y veredas que conectan con espacios públicos permitan acceder de manera equitativa a todos. No basta con anunciar un plan de repavimentación, las calles no son la principal preocupación de los ciudadanos, por el contrario, lo que nos iguala, son los espacios por donde caminamos.



Recientemente, el Consejo Deliberante de Paraná, inició un debate respecto a la construcción de barrios privados en la ciudad. Este debate, mas allá de las diferentes interpretaciones políticas e ideológicas, puede servir para apuntar a la cuestión de fondo: la realización de un nuevo y moderno código urbano.
Pero no solamente hay que regular las formas y maneras de construir, sino que es necesario pensar políticas de estado que apunten a que los ciudadanos tomen en sus manos las decisión de hacer una ciudad mas saludable.
En este sentido, pensar en una política integral de reparación de las veredas para volverlas más accesibles en búsqueda de eliminar la mayor cantidad de obstáculos a los peatones puede ser de gran utilidad.
Es necesario obligar de alguna manera a los frentistas a reparar, construir y reconstruir la veredas de sus casas.
Esta medida es de fácil aplicación y se puede hacer mediante incentivos tales como descuentos en la tasa municipal o incluso ofreciendo material y mano de obra municipal que contemple, por ejemplo, menores costos para jubilados, desempleados; bonificaciones y descuentos, planes de pagos.
En Bogotá por ejemplo, el alcalde permitió que las constructoras puedan hacer edificios de altura a cambio de que construyan veredas mas anchas.
También es necesario empezar a pensar en la regulación a la hora de construir o reparar las veredas, como por ejemplo, la unificación de criterios en cuanto al material, no pensando en un beneficio estético sino pensando en que se apliquen materiales antideslizantes, materiales que no pongan en peligro a quienes circulan por el espacio público.

Si el acento se sigue poniendo en la repavimentación, se estarán priorizando los autos y no los peatones. Es necesario un cambio radical de paradigma para ponerlo patas arriba y construir una ciudad más amigable, para todos y todas.