Estrategias electorales municipales erradas



Alexis Gravier-. Principios básicos para una campaña electoral municipal exitosa.



La estrategia comprende tanto el núcleo del mensaje político/ideológico como la comunicación, el marketing político, el estudio del adversario y los distintos segmentos del electorado. Así como la movilización de los adherentes del partido, las tácticas en los medios de comunicación, el contacto con la gente, las propuestas dirigidas a distintas asociaciones vecinales de diversos rubros.

Las campañas electorales municipales, tanto en ciudades medianas como Paraná y Concordia como sobre todo en ciudades pequeñas, suelen ser costosas y los recursos estar mal utilizados, al carecer del dinero para contratar estrategas y expertos. Por lo tanto, suelen depender de las candidaturas nacionales y provinciales y de sus equipos de campaña. Por eso los partidos meramente municipales no triunfan en ciudades medianas y solo logran acceder al poder en pequeñísimas comunidades, donde todos se conocen y cuando responden a ciertas características sociológicas, por ejemplo, son los encargados de las cooperativas de servicios, comerciantes prósperos, profesionales con buena reputación (médicos, veterinarios, ingenieros agrónomos) y a la vez, las ofertas locales de los grandes partidos suelen estar digitadas desde las capitales sin estudios previos del electorado. Ante esta oferta débil, surgen los partidos municipales, que si son exitosos en la gestión, no necesitan medios de comunicación para mostrarla. Por lo tanto, comienzan a funcionar como aspiradoras de cuadros políticos que de otro modo se irían a los grandes partidos. Al empezar a funcionar como aspiradora de cuadros políticos nuevos, van moderando su perfil ideológico inicial de derecha (por la pertenencia social) virando hacia el centro. Porque además, deben negociar con el gobierno provincial y nacional por obras para sus comunas, lo cual por lo general les da una dinámica de mayor amplitud de miras en cuanto al perfil ideológico.
Resta descontar que estos partidos municipales se presentan como no ideológicos, lo cual no quiere decir que sean lo que dicen.

Enfocándonos en las ciudades medianas, decimos que los recursos suelen estar mal utilizados porque suelen copiar normas generales de campaña que no están pensadas para esa ciudad en concreto, sino para una diversidad de ciudades.
Generalmente, las campañas electorales municipales cometen errores de principiante: por ejemplo, pintan paredones con el nombre del candidato, lo cual no solo no les trae ningún voto, sino que genera una mala imagen del candidato, pues está ensuciando el espacio público para el cual se postula para cuidar y preservar, además de embellecer.
Pasa exactamente lo mismo con los pasacalles, que distraen al conductor (de manera negativa). Es imposible proponerse para ordenar el tránsito y generar ruido visual a la vez.
Así como las pintadas van a ser vistas como suciedad por el público, los pasacalles se ven, de acuerdo a los estudios cualitativos entre vecinos, como invasión indebida del espacio público.
A la vez, en las declaraciones públicas, se repite el patrón de reforzamiento del adversario, al centrar sus críticas en él y no en sus puntos débiles y especialmente en cómo esos puntos débiles repercuten en la vida cotidiana de los vecinos.

La comunicación estándar, además de cara para la escala municipal, no reporta ningún beneficio, en tanto no logra diferenciarse, que es lo que se busca en un candidato a intendente: la promesa de una singularidad que pueda dotar a la ciudad en cuestión de un perfil distinto y único a las demás ciudades. Si esto no es así, se necesitará del arrastre de candidatos nacionales o de una gestión, anterior o actual, para mostrar. Esto sin quitar el elemento partidario, cuyo peso está en declive pero incide aún de manera importante. Y es una herramienta útil y hasta cierto punto, imprescindible. Sin partidos políticos, además, no hay democracia.

Además, el poco uso del factor sorpresa en la comunicación y la tendencia al conservadurismo, dejan a los candidatos en una meseta. El factor sorpresa es siempre el más importante en una campaña electoral municipal.
El factor sorpresa, bien utilizado y en el momento y dosis exacta, es además un recurso barato y efectivo para ponerse en el centro del ring, pero también es importante saber cuándo correrse y dejar que el adversario ocupe ese centro del ring, sobre todo cuando lo está atacando o copiando a uno, porque refleja el reforzamiento del mensaje instalado por uno.