"Esta situación se parece más a 1989 que al 2001"



María Celina Tosi Bagilet-. Marcelo Brignoni es dirigente político y periodista, colaborador de distintos medios de la ciudad de Buenos Aires, la provincia de Santa Fe y Noticias Entre Ríos. Brillante analista, lector atento y un torbellino expresivo, en esta entrevista, aborda la situación política nacional.
 ¿Cómo ve al gobierno nacional y cómo cree que el próximo gobierno puede afrontar tanto la deuda social (aumento de la pobreza, desocupación, desindustrialización), el peso de la deuda externa y los condicionamientos del FMI, firmados por el gobierno actual?

En principio, la primera reflexión, es que el gobierno no termina de entender bien el mundo actual en el que se desenvuelve. Básicamente porque tiene una cantidad de prejuicios y lecturas de cómo funciona el sistema internacional actual que, claramente, están fuera de época.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo; en todo el mundo, la etapa de libre comercio y de los acuerdos multilaterales de libre comercio está en decadencia. Primero, por lo que significó la salida de Inglaterra de la Unión Europea a partir del Brexit; segundo, por la consolidación de los gobiernos de Rusia y China que claramente tienen una orientación proteccionista; y tercero, por el triunfo de Trump en Estados Unidos.
En el medio de un mundo que cierra sus fronteras, que protege su mercado, y a partir de esto, protege sus empleos nacionales y los subsidia en términos industriales y agropecuarios, Argentina elimina todo tipo de restricciones y controles; lo cual significa que hoy es un paraíso financiero de especulación internacional. 

¿Y cómo repercute esa visión del mundo internamente? 

No tiene ninguna estrategia de producción de ninguna naturaleza, ni de retención de la propia producción. Hay una modificación que realizó Argentina, que pasó bastante desapercibida pero fue muy grave, que fue modificar las obligaciones que tenían los exportadores para liquidar importaciones y pagar impuestos al Estado. Significa que ahora, este viejo anhelo de las grandes cosechas que nos iban a salvar, los exportadores no necesariamente tienen la obligación de liquidarla. De hecho, hoy hay en Nueva York u$s 28.000.000.000 de exportadores argentinos de granos y oleaginosas que están allá porque no hay ninguna obligación, con esta modificación que hizo Cambiemos, de liquidarlos.

¿Y a la gente común cómo le afecta ésto?

En resumen, no hay ninguna inversión productiva porque no hay incentivo a la producción local al abrir indiscriminadamente las importaciones. Esto significó la destrucción de un montón de empresas y puestos de empleos argentinos; hoy justamente cerraron dos fábricas de alpargatas. Eso sumado a la falta de control de los mecanismos de restricción financiera, más las tasas delirantes que paga el gobierno (73% ayer, pero van subiendo), y este concepto de bicicleta financiera de especulación peso-dólar, y viceversa, implican que nadie en su sano juicio tiene ninguna expectativa de producir nada en Argentina. 

¿Por qué?

Primero, porque no hay condiciones macroeconómicas para hacerlo, y segundo, porque no hay mercado a quién venderle. Entonces esta combinación de factores hace que las proyecciones en términos económicos para lo que queda de este año y el año que viene sean, francamente, muy peligrosas en términos sociales. Nosotros vamos rumbo a un escenario con una inflación de alimentos que en el año va a estar muy por arriba del 50%, que básicamente son los parámetros de consumo de los sectores más humildes. Puede ser que no aumente tanto la raqueta de tenis, que eso implique que el índice de inflación parezca más bajo de lo que en realidad es.

¿Tiene destino el gobierno nacional, entonces?

En este marco, me parece que el gobierno no tiene destino, y el problema es que es el gobierno el que está a cargo de la Argentina. El daño que está produciendo es de magnitudes que tienen muy pocos recuerdos; índices inflacionarios que no se registran hace 25 años, niveles de endeudamiento externo que no se registraron ni en la dictadura, niveles de deterioro de la inversión pública estatal en servicios sociales que no tienen ningún antecedente cercano en los últimos 15 años. Y si a eso le sumas la falta de liderazgo político en relación al posicionamiento de Argentina en términos internacionales, la conclusión de eso es absolutamente negativa para el país. 

Pero hay quienes piensan que éste es el rumbo correcto...

Más allá de lo que uno opine sobre si está de acuerdo o no con las ideas del gobierno, que yo no lo estoy, pero suponiendo que las ideas fueran éstas, están mal ejecutadas; el gobierno tiene malas ideas y mala gestión. Porque ideas similares a las de este gobierno, como por ejemplo el de Colombia y el de Chile, que son ideas que yo no comparto pero forman parte del debate político y democrático de los países, están gestionadas con algún  nivel de solvencia superior a como están gestionadas en la Argentina. 

¿Es sustentable esta política económica? 

La Argentina se convirtió en un paraíso de especulación financiera internacional donde no hay ninguna actividad productiva a desarrollar y donde lo único que se lleva adelante son alternativas especulativas financieras, digamos fondos de inversión especulativos internacionales que entran y salen, llevándose al exterior el dinero que debería ser del trabajo de los argentinos. Esto es lo que ha logrado el Gobierno y a mi me parece que claramente es insostenible en el mediano plazo.

En ese caso, de cara a las elecciones 2019, ¿qué panorama hay para la nueva fuerza que llegue al gobierno?

El gobierno que venga va a tener que hacer tres cosas básicas. La primera, restituir las herramientas de protección del empleo argentino que este gobierno desarmó; segundo, controlar las importaciones, promover las exportaciones, cuidar el mercado interno, acelerar la inversión pública estatal para generar consumo en el mercado interno y generar, a partir de eso, recuperación económica y nuevos puestos de trabajo; y tercero renegociar con los acreedores extranjeros un mecanismo de pago de deuda que no es el que está planteado en la actualidad. Porque, como decía Néstor Kirchner, una frase que, para mí, pasó a la historia: "Los muertos no pagan sus deudas".
En resumen, me parece que son esas tres cosas: la restitución de las herramientas de protección del mercado, del trabajo y de la producción argentina, la restricción de la circulación de los capitales financieros especulativos internacionales y la renegociación de la deuda argentina que nos va a dejar muerto este gobierno cuando se vaya. Esas me parece que van a ser las tres cosas más importantes a llevar adelante en un escenario difícil, porque en este caso sí me parece que lo de la "pesada herencia" va a ser algo absolutamente verificable.  

¿Cómo ve la situación del peronismo y su actual división? Cuál le parece que tiene que ser el rol del progresismo, teniendo en cuenta el caso de Santa Fe, donde está el socialismo por un lado, por el otro el kirchnerismo y por el otro el peronismo. ¿Qué posibilidades hay de que estas tres fuerzas formen un frente electoral para ganarle las elecciones al PRO con un sector del radicalismo?

Había un gobernador de Santa Fe, muy gracioso y muy locuaz, que se llamó José María Vernet, que decía que "había tantos peronismos como peronistas". El peronómetro no es una herramienta que exista, ni está en el análisis político. Por ende, me parece que la discusión no es sobre quién es peronista o quién deja de serlo; la discusión que se viene es sobre cuáles son los ejes políticos principales que una fuerza de oposición, y alternativa a este modelo económico, se plantea.
Las tres cosas que mencioné antes me parece que son centrales. Si la estrategia es seguir desprotegiendo la industria nacional, habilitando importaciones descomunales y la circulación de especulación financiera internacional, va a ser muy difícil que dirigentes que se autoreferencien como peronistas, pero que tengan esa mirada, puedan formar parte de un frente opositor a este gobierno porque básicamente son las ideas de éste. En ese sentido, me parece que sería deseable, aunque nunca la política se puede administrar como si fuera la aritmética, que el sistema político argentino se estructure por ideas. Hay una cantidad de gente que cree como el gobierno nacional, que no forma parte únicamente del partido de éste sino de otras fuerzas políticas, pero cree que estas ideas de la libertad absoluta, del lineamiento automático con Estados Unidos, de la libre circulación de capitales financieros y del fomento del crecimiento argentino por la exportación de materias primas sin industrializar, llevan adelante un modelo de país. A mi me parece que toda la gente que cree eso, más allá del partido al que pertenezca, debiera formar parte de una estrategia de esas características. Y toda la gente que cree que las ideas para llevar adelante la Argentina son otras, debiera formar parte de otra propuesta.
De todas maneras, me parece que en el peronismo eso está bastante claro; los peronistas que creían que la propuesta de Macri era elogiable ya están ahi, Diego Santilli, Cristian Ritondo, Emilio Monzó. Es gente proveniente del peronismo que cree que las ideas del justicialismo ya no sirven y que esas ideas del neoliberalismo son mejores.
Yo creo que el peronismo tiene un formato de representación social insustituible, y que distingue a Argentina de los demás países de América Latina, que es el movimiento obrero organizado. Históricamente, cuando el peronismo no estuvo en el gobierno, el que lideró la resistencia y la renovación para el regreso al gobierno fue el sindicalismo. Esto fue así en tiempos de la resistencia peronista; contra Onganía; contra la dictadura con la CGT de los argentinos, donde la primera actividad de resistencia, más o menos explícitamente organizada masiva, fue el paro del 30 de abril de 1982; con el alfonsinismo, cuando creía que el problema de la Argentina eran los sindicatos y había que disolverlos a través de la Ley Mucci, y ese proceso que lideró Ubaldini que terminó en la candidatura de Cafiero, que después las propias circunstancias llevaron a que fuera lo de Menem, y el propio sindicalismo peronista en ese tiempo, en el marco del MTA de Moyano y de la incipiente CTA, fue el que lideró un poco la búsqueda de la salida del gobierno de aquel entonces. Lo mismo pasó con De la Rúa, lo que hace explotar al gobierno es la famosa denuncia de la Ley Banelco. El sindicalismo es el que más ayudó a la llegada de Kirchner al gobierno, es el que lo sostiene, y cuando la relación del gobierno nuestro (2013/2014/2015) termina siendo contradictoria y compleja en la relación con el sindicalismo, perdemos las elecciones.
Y hoy me parece que la recomposición del frente sindical por culpa del gobierno nacional, que lideran Hugo Yasky, Sergio Palacios y Hugo Moyano, va rumbo a representar el conjunto de los trabajadores organizados, sin el cual no se puede hacer una propuesta política de poder alternativa de gobierno a lo que está ahora en el mismo. Me parece que va a venir por ahí. Yo creo que el movimiento obrero va a ser el que articule los distintos sectores políticos que confluyen alrededor del peronismo; en un programa de gobierno bastante básico, con estas tres cosas que yo te dije y la recomposición de algunas leyes que claramente no pueden ser tolerables, como la modificación de la reforma previsional, esta idea de un falso déficit fiscal al sólo efecto de pagar la deuda. Pero me parece que eso también va a depender de lo que la gente esté dispuesta a hacer. Lo que viene es una etapa de sacrificios, no vinculada a lo que dejó el gobierno anterior en relación a éste, sino a los desaguisados que hizo este gobierno, que se mueve a través de una estafa electoral, diciendo que iba a mantener lo que estaba bien e iba a modificar lo que estaba mal y modificó lo que estaba bien y mantuvo lo que estaba mal. Entonces a mí ese formato me parece que no tiene sentido. 

¿Y si tuvieras que hacer un pronóstico de acá a un año? 

Yo tengo mucha expectativa que se va a terminar articulando un gran frente político que va a incluir al peronismo y a otras fuerzas políticas y sociales. Y me parece que inclusive esta crisis ha producido nuevos emergentes sociales como los trabajadores de la economía popular, la gente del trabajo informal organizada, las cooperativas de trabajo, y creo que de eso vamos rumbo a un escenario de un nuevo frente, a mi criterio muy parecido a lo que fue el Frente para la Victoria modelo 2007. En ese marco, me parece que el propio sistema electoral argentino, la posibilidad de tener las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, son una herramienta que te facilita la organización de esa estrategia en torno a la elección del año que viene.
De todas maneras, me parece que en la situación de desesperación económica en la que está la Argentina, un año es una enormidad, con lo cual es difícil de prever. Todos los datos que nosotros tenemos indican que esto va a empeorar, no hay ningún dato que indique lo contrario. Y hay que ver si el gobierno se plantea terminar su mandato o decide adelantar las elecciones en virtud de la falta de control político de lo que está sucediendo. Es un poco lo que le sucedió a Alfonsín en el 89. Nosotros estamos en una situación que en términos macroeconómicos se asemeja mucho más a la de 1989 que a la del 2001. En ésta última, la convertibilidad tenía muchos defectos pero en los hechos era un control de cambio que anclaba la inflación al 1 a 1 del dólar. Este período tuvo muchos problemas en relación a exclusión, a pérdida de fuentes de trabajo, pero tuvo una situación financiera bastante estable que significó que durante 5 o 6 años hubiera bajo nivel de inflación y más o menos se mantuvieran expectantes los precios de los alimentos. Nosotros vamos a un escenario donde los trabajadores formales mejor organizados van a estar obteniendo una paritaria promedio de 20% este año contra una inflación de alimentos que no va a estar abajo del 80% y contra una inflación general que no va a estar abajo del 50%, con lo cual eso implica que va a resultar insostenible la situación de cotidianidad de muchas familias argentinas. Y a partir de eso yo no me atrevo a firmar qué va a hacer el gobierno al respecto; da la impresión de que no tiene mucho interés en revisar las políticas que lleva adelante y que cree que los conflictos sociales se resuelven reprimiendo y no tratando de solucionar los problemas que los generaron. Así que, en ese sentido, estamos en un escenario de preocupación. Hay una situación internacional, que genera algún nivel de posibilidad de que el gobierno más o menos pueda llevarlo adelante, que es la realización de la Cumbre del G20 en Argentina sobre fines de noviembre. Eso le permite al gobierno especular con algún nivel de apoyo internacional para mantener vigente esa reunión y que Argentina no esté sumergida en un caos económico para esa altura. Pero en el mes de diciembre, terminado el G20, y puesto blanco sobre negro, la llegada de las fiestas navideñas, la gente sin un peso en el bolsillo y con una inflación que va a estar absolutamente desbocada sobre los alimentos y las tarifas, me parece todo muy complejo. Las tarifas de transporte promedio van a estar aumentando arriba del 120% este año, las tarifas energéticas ya llegan a números que son absolutamente fuera de contexto y de cualquier evaluación, el deterioro de la capacidad adquisitiva de los salarios ya no hace falta ni nombrarlo. Y claramente, más allá de la falsificación de determinadas encuestas, el presidente dijo el otro día que bajó el índice de pobreza en los últimos dos años, a mí me parece que está mal asesorado porque eso no se lo cree ni un chico de cuatro años. Entonces estamos en un escenario complejo que va a exigir mucha madurez de la dirigencia política, del peronismo, en el sentido de tratar de no hacer ninguna conspiración que ponga en riesgo el orden democrático argentino, pero por otro lado tratar de no generar ningún nivel de conflictividad, de complicidad, que deteriore aún más la situación que atravesamos que me parece que es bastante grave, y creo lamentablemente que va a empeorar.