Entre Ríos contra el mundo

 Ezequiel Bauman-. Los medios internacionales señalan lo que en Entre Ríos nadie se anima a discutir.


A Bolsonaro lo respaldan, ideológicamente y orgánicamente, tres corrientes que tendrán holgada mayoría en las Cámaras legislativas federales: la primera es la rural, con una expresión política organizada, una especie de Mesa de Enlace que no recibe los subsidios que sí recibe el campo argentino (ni hablar el entrerriano). La segunda pata son los evangelistas, que ya había apoyado a Lula -su primer vicepresidente, fue puesto por la Iglesia Universal del Reino de Dios- y que en Argentina apoyaron a Cristina y luego a Macri. La tercer pata son los Patricia Bulrrich de Brasil, con la diferencia que las baratijas de sobras militares que compra el Estado argentino a las potencias a cambio de empréstitos usureros no se fabrican acá y en Brasil sí tienen fabricantes y por lo tanto, poder político y económico.

Al ser el único medio entrerriano que dice que no cobrarles impuestos de Ingresos Brutos al campo es una medida de extrema derecha, una locura reaccionaria y un inmerecido suicidio, nos anticipamos a lo que ya están diciendo los medios del exterior.

Tres noticias: 

1) En el Congreso chileno, la diputada Alejandra Sepúlveda, del partido Verde Social, logró que la Comisión de Agricultura que preside emita un dictamen contrario a las pretensiones de ambos presidentes de un Tratado de Libre Comercio entre Chile y Argentina. El argumento: el campo argentino está ultrasubsidiado, violando normas internacionales sobre Libre Comercio. 
Es decir, Argentina y especialmente Entre Ríos, vive un socialismo al revés: los ricos reciben los subsidios y tienen garantizada su riqueza extraordinaria y los trabajadores pagan esos subsidios y las eventuales pérdidas pasajeras si hay lluvias o si hay pocas lluvias, además de los empréstitos a través del banco privatizado en manos de Eskenazi y del estatal Banco Nación.

2) Con el mismo argumento, la Unión Europea se niega a firmar un Tratado de Libre Comercio con el Mercosur, por culpa de Argentina. Lo cual ya desató un debate al interior de los cuadros técnicos que dirigen la política exterior de Brasil, independientemente de quién gobierne. 

3) Por primera vez en muchos lustros, producto de la megadevaluación, no hay déficit comercial con Brasil. El triunfo de Bolsonaro pondrá sobre el tapete la cuestión de los subsidios a los ricos en Argentina. No puede hacer la vista gorda porque debe contentar al sector que lo apoyó, política y económicamente. Este sector, además, está anclado en bastiones del PT de Lula, así que le resultará vital revertir esa situación. A la inversa, en el improbable caso de un triunfo del PT, deberá correrse a la derecha, lo cual indica que tendrá que contentar a este sector. Por uno u otro lado, se viene un problema por esta cuestión. Y Argentina no puede darse el lujo de dejar caer la poca industria que queda y le vende a Brasil, a cambio de seguir regalando el dinero a la clase social pudiente y menos productiva en términos nacionales y sociales.   

La ausencia de una dirigencia política, intelectual y gremial en Entre Ríos que entienda la globalización en la cual está inserta la provincia, es una de las causas de nuestro estancamiento.
Lamentablemente, no hay visos de que este problema estructural de Entre Ríos vaya a cambiar, producto de su globalización económica, aislamiento cultural y atraso social. La peor combinación para volver al desarrollo económico diversificado que alguna vez tuvo Entre Ríos.