Entendiendo a los votantes de Bolsonaro



Sabrina-. Dos brasileños en Buenos Aires festejan el triunfo de Bolsonaro. Sus argumentos, lejos de los que enarbola la prensa, suenan razonables. Aunque no deje de asustar este oscuro personaje, vale la pena escucharlos.


Tratar de entender a los votantes de Bolsonaro no es un ejercicio simple. Porque una nunca sabe si los argumentos de estos dos brasileños, sentados frente a una cerveza en el barrio de San Telmo, son representativos de la mayoría de los votantes del recientemente electo presidente de Brasil. O si, por ejemplo, una vez en el ejercicio de la presidencia y teniendo en cuenta que incorporará muchos militares al gabinete pero que está en franca minoría en ambas cámaras del congreso brasilero, no se radicalizará y con ello, también los votantes.

En principio, sucede un fenómeno extraño. Los dos hombres, residentes temporarios y con educación universitaria, aceptan conversar sobre su apoyo a Bolsonaro, pero prefieren no dar sus nombres. Aún cuando les expliqué que es difícil que en Entre Ríos alguien se tome la molestia de señalarlos para alguna eventual represalia. Si es que temen una represalia...
¿Cuál sería?, trato de imaginar...
La cuestión no pasaría de ahí sino fuera porque este pequeño detalle encierra un significado potente y explicativo: ellos se sienten estigmatizados por la prensa en general y, en particular, por la cadena O Globo, que sería como el Grupo Clarín en Argentina.
La competencia de O Globo, aunque de mucho menor tamaño, son los medios evangelistas. Con los cuales no se sienten identificados. Ni siquiera siguen las telenovelas que esa cadena evangelista produce y que reproduce con gran éxito Telefé en nuestro país.
Sienten que la prensa los ataca innecesariamente, por intereses inconfesables.
A la vez, dicen que Brasil tiene todo para ser una potencia mundial, para lo cual necesita seguridad. Hacen mucho hincapié en la inseguridad, remarcando que Argentina es un paraíso comparado con algunas ciudades de Brasil. Las estadísticas lo confirman. Hay más asesinatos en las ciudades brasileñas que en las zonas calientes de Medio Oriente. La policía es corrupta y los militares tienen prestigio, porque la dictadura brasileña fue muy distinta a la argentina y la chilena, dicen. Nuevamente, los datos históricos le dan la razón.



Les pregunto por la misoginia del candidato. Dicen que ellos no están de acuerdo con sus dichos, pero que no es lo más importante. Y que Bolsonaro es una persona conocida hace muchos años, que se caracteriza por hacer declaraciones brutales, "políticamente incorrectas", pero que también es sacado de contexto y ridiculizado y que en el último tiempo, ha madurado. Ha cambiado, sostienen.

Ojalá tengan razón, porque acaba de arrasar en primera y segunda vuelta (11% de diferencia en segunda vuelta, superando el 55%, es un montón).
Consideran que uno de los impedimentos para que Brasil salga del subdesarrollo es la corrupción, además de las altas tasas de criminalidad y narcotráfico. Asocian estos tres fenómenos como si estuvieran relacionados. Lo cual es discutible.
Cuando les pregunto por el racismo de Bolsonaro, dicen que hay que matizar las cosas. Que Brasil siempre fue un país racista y que la pobreza lleva a que los criminales ocupen el lugar que el Estado no ocupa. Los pobres son mayormente negros. Por lo tanto, los criminales surgidos de la pobreza, también. Esa es la rebuscada explicación. En ellos, pareciera tener lógica y sonar natural. Lo dicen con cordialidad, incluso.
La explicación no me conforma. Pero trato de no insistir mucho sobre este punto. Claramente, no logro comprender por qué minimizan un asunto tan importante. Ellos alegan que Argentina, al no tener problemas raciales, porque no hay una cantidad significativa de afrodescendientes, pensamos de una manera elitista y no realista. Es su punto de vista.
Ambos tienen alrededor de 40 años.
Uno votó por Lula en anteriores ocasiones y volvería a votarlo, porque cree que Lula es inocente pero que se rodeó de corruptos. El otro, en anteriores ocasiones, votó por Marina Silva, que es una candidata de izquierda ecologista, que formó parte del gabinete de Lula. Es decir, han votado a la izquierda, ahora votaron a la ultraderecha. Uno se reivindica católico, el otro ateo. Remarcan que Bolsonaro es judío.

Hacen mucho hincapié en que el sistema político y empresarial de Brasil está corrompido. Que ya probaron con Lula y que no les fue mal pero tampoco colmó las expectativas. Que incluso fue igual de corrupto que los anteriores presidentes del sistema bipartidista que voló por los aires en la última elección, que según ellos fue parecida al "que se vayan todos" de Argentina en el 2001. Dicen que Bolsonaro es parecido a muchos peronistas: pragmático, outsider, capaz de cambiar de opinión y de ideología si hace falta en cuestión de minutos. Se me viene Duhalde a la cabeza. No me cierra la explicación del todo, pero tiene sentido.

Finalmente, la televisión del bar da los resultados de Brasil. No festejan. No se amargan. Lo daban por hecho.
Terminan su cerveza, saludan amables y se van.