El verdadero límite a un Bolsonaro local

O. Rivarola Salduna-. Probablemente, Jair Bolsonaro, el ignorante y maleducado personaje de la ultraderecha brasilera, gane el balotage y asuma la Presidencia. Pero algunas peculiaridades jurídicas del vecino país sirven para entender los límites que enfrentará y por qué hay que tomar con pinzas la posibilidad de que aparezca un personaje similar en Argentina y Entre Ríos.



A 10 años de la Reforma Constitucional de Entre Ríos, la clase política y judicial aún no ha puesto en marcha muchos institutos constitucionales que son vitales. Muchos de los cuales son de avanzada y una verdadera Constitución progresista.
La siguiente nota espero que sirva para pensar en la importancia que tiene poner en marcha cuánto antes la TOTALIDAD de la Constitución entrerriana. Así como encarar una urgente discusión sobre el fracasado nuevo Código Procesal Penal, cuyo resultado es totalmente desastroso y nos puso en una situación insostenible de superpoblación carcelaria, aumento de la violencia, incapacidad para investigar crímenes complejos y extorsión a los más vulnerables socialmente.

Jair Bolsonaro tuvo un mensaje simple: ante la alarmante cifra de aumento de la criminalidad, cuya tasa de homicidios en algunas ciudades lo asemejan a países en guerra, propuso una serie de normas estrafalarias que son pura demagogia. La más importante y preocupante es la propuesta de repartir fusiles (en Brasil hay fabricantes privados de armas que financian campañas electorales con estos planteos, algo que no existe acá, donde no se fabrican ni chalecos antibala). Pero hay también otras, copiadas de las series estadounidenses, donde un policía mata a un presunto delincuente y solo pasa, en el mejor de los casos, por una revisión de Asuntos Internos que ni le saca el arma ni la chapa policial mientras investiga.
En la realidad jurídica de la mayoría de los Estados (provincias) de Estados Unidos no es así como plantean estas series de TV efectistas.
En Brasil hay un sistema federal parecido al de Estados Unidos pero con menos presidencialismo que en ese país y que en Argentina (donde el presidencialismo es atenuado). Por lo tanto, los códigos penales dependen de cada legislatura estadual (provincial). Ahí la presencia de la ultraderecha es importante, pero dividido y fragmentada en muchos partidos políticos distintos, que responden quizás a un credo ideológico parecido en su fanatismo, pero de ahí a ponerse de acuerdo en leyes que lleven adelante ese paso, hay un trecho. Además, se necesitan mayorías parlamentarias que no tienen.

Por otro lado, Bolsonaro asume ante un Congreso Bicameral Federal fragmentado, lo que significa que tendrá que negociar cada ley. Esta negociación se hará bajo el fantasma del Lava Jato, con lo cual no será tan fácil comprar legisladores.

Por si esto fuera poco, a diferencia de Donald Trump o los presidentes de Polonia y Hungría, Bolsonaro no tiene un partido político fuerte detrás. Esto limita su capacidad de gobierno.
Bolsonaro hace décadas que es diputado. Pasó por 8 partidos políticos diferentes y fue candidato por un partido de alquiler, que en Brasil son muy comunes. Son partidos-empresas que se alquilan a postulantes famosos que no tienen estructuras partidarias o no quieren tenerlas. No piden un programa electoral ni cargos en el gobierno, solo el pago del alquiler pactado. Obviamente, esto es un delito pero ya sabemos que la política en Brasil es sumamente corrupta. este tipo de delitos no está bien tipificado y se puede considerar "menor" en relación a la corrupción sistemática, por eso ocurre con tanta frecuencia.
En suma, no tiene una organización de cuadros y por eso apela a rodearse de militares. Su vicepresidente es un General retirado. Él es un Capitán retirado.
¿Un General se va a subordinar así nomás a una lógica distinta, como es obedecer a un Capitán? Para que esto pase, es necesario que exista una lógica partidaria y Bolsonaro no tiene un partido político.

Éstos son los principales límites que enfrenta Bolsonaro, además de cláusulas democráticas de organismos regionales que Brasil integra (Mercosur, Unasur, OEA) además de los organismos internacionales como la ONU.
Èstos organismos y Tratados no tienen en Brasil rango constitucional como en Argentina, pero en Brasil son claves para su actual ubicación geopolítica, lo cual favorece a los mercados que Bolsonaro aspira a seducir cediendo la economía a una serie de neoliberales de manual surgidos de los propios mercados.