El ¿imparable? avance de la ultraderecha



Osvaldo Quinteros-. El fenómeno acontecido en Brasil con la victoria del ultraderechista, de claro signo fascista, Jair Bolsonaro, es un fenómeno que preocupa en todo el mundo y cuyas huellas también están entre nosotros.



Desde la Doctrina Chocobar -donde el policía asesino, por lo menos fue procesado- a la defensa e impunidad de un policía entrerriano en una situación parecida, hay similitudes. Pero esto debe conectarse con el auge de Donald Trump, Jair Bolsonaro, Le Pen en Francia y el avance hasta en los países nórdicos de partidos de ultraderecha.

A ésto hay que matizarlo. Así como no es lo mismo Rosario Romero que Patricia Bullrrich, ni Bordet que Urtubey, en el mundo también hay matices importantes. La derecha argentina y chilena, encarnada en Macri y Piñera, son distintas a lo que sucede en Polonia y Hungría. Trump se enfrenta comercialmente al dictador chino, el autoritarismo ruso no es lineal porque también contribuye a la lucha contra el terrorismo en Siria, etc. Y por el lado de las democracias degeneradas, o de los gobiernos "comunistas" hoy en Cuba hay más libertades que en Venezuela, y en Honduras -que hace menos de una década sufrió un golpe de estado- hoy hay más democracia que en Nicaragua y Guatemala.
Las principales economías latinoamericanas son por primera vez todas gobernadas en democracia, aunque con gobiernos distintos: en México ganó la izquierda, en Brasil la ultraderecha, en Colombia, Chile y Argentina la centroderecha.



Sin embargo, el fenómeno del avance de la ultraderecha es cierto. Se verifica en todo el planeta, incluido Medio Oriente donde la radicalización de ciertos musulmanes que pretenden volver a un Califato prehistórico, es parte de este proceso, así como las constantes guerras étnicas en África.
Pero una mirada histórica da cierto optimismo.
Miremos nuestra región.
No hay ninguna hipótesis de guerra entre Perú y Ecuador, entre Maduro y Bolsonaro, entre Evo Morales de Bolivia y el presidente derechista de Chile, entre la Argentina y todos sus vecinos con los que comparte frontera.
Muchos argentinos crecieron con estas hipótesis militares, que estuvieron cerca de concretarse (Argentina vs Chile) o se concretaron (Perú vs Ecuador).
Por el contrario, la desarticulación de las guerrillas y los paramilitares en Colombia avanza. Si bien como contracara vemos el sideral aumento de la violencia ligada a la prohibición del narcotráfico en México y Brasil. Pero además, en Argentina, vemos que el narcotráfico rosarino lo maneja la policía, que el secuestro express en el conurbano lo manejan jueces y fiscales y que la prisión política no es un fenómeno exclusivo de Venezuela sino que todos los organismos internacionales competentes señalan al gobierno de Macri como responsable de presos políticos como Milagro Sala.



En medio de esta confusión, hay que recordar que el avance de la ultraderecha en Europa se da por el fenómeno de los inmigrantes de sus ex colonias, que Estados Unidos masacró en guerras petroleras recientes, pero Trump justamente está alejando a los EEUU de esos escenarios bélicos que producen desastres humanitarios. Mientras que en Europa, la derecha alemana es la que más acoge refugiados, la ultraderecha y la ultraizquierda se alzan contra la integración de la Unión Europea pero hasta no hace muchas décadas, hubieran propuesto guerras e invasiones entre las potencias europeas. Hoy eso no pasa.
Al menos, no por ahora.