El espíritu de una ciudad



El Arquitecto-. Cuando visitamos cualquier ciudad, además de las experiencias de vida, se relacionan el paisaje y  su patrimonio arquitectónico con la experiencia vital. Cada ciudad tiene su particularidad y sus maneras de cuidar este patrimonio intangible, o no.

 Paraná, una de las ciudades capitales del país con un gran patrimonio arquitectónico que lamentablemente con el pasar de los años y de los gobiernos muy poco se ha hecho para preservarlo. Ya sea por desidia, o simplemente por ignorancia, las ansias de progreso han hecho que nuestro patrimonio arquitectónico se vea deteriorado y ha sido progresiva la destrucción en la ciudad de su vieja arquitectura.

Patrimonio es todo lo que puede ayudar a una comunidad a mantener su identidad, a identificarse con ella en el doble y profundo sentido de continuidad de una cultura común y de construcción de esa cultura.
Patrimonio puede ser gran monumento, una calle, un área, un paisaje, una ciudad y hasta un territorio. El patrimonio arquitectónico sería el conjunto de bienes edificados heredados del pasado de una ciudad. Tienen estos bienes un valor cultural, un valor estético inapreciable, y es deber de las autoridades protegerlos. En cierran el espíritu de una ciudad, la experiencia vital de quienes la habitan, que son a vez su parte y constructores del día a día de ese espíritu. 


Haciendo una recorrida a pie por Paraná, partiendo desde la Estación del Ferrocarril, pasando por la Catedral y desandando Alameda de la Federación, uno siente que está paseando por el mundo.
El patrimonio arquitectónico con el que uno se cruza lo lleva  a uno de paseo por varios países ya que se encuentra con estilos de construcción italianos, arábicos, hasta anglosajones.

El crecimiento desmedido y sin planificación urbana de la ciudad, ha ocasionado que se tiren abajo innumerables inmuebles, e incluso cordones de veredas y calles adoquinadas de un gran valor arquitectónico. Está bien que la ciudad se agrande cada día más, pero mientras no se  reconozca al patrimonio como un factor de desarrollo y no se construya un sentido de identidad con él, difícilmente podamos rescatar nuestra cultura.
En las principales ciudades del mundo la tendencia suele ser conservar lo sustancial de las antiguas casonas antes de hacer derribos impiadosos.



Debemos, a los edificios  que son parte de la historia de la ciudad, inyectarles vida mientras se les reconozcan méritos arquitectónicos.
No se trata, solamente, de convertirlos en momias y justificar su permanencia manteniéndolos en pie como piezas de museo.
Las transformaciones de la ciudad no tienen que ser necesariamente una sustitución de las características del sector anterior. Toda construcción debería articularse con su entorno, respetando la memoria colectiva ya instaurada.

Paraná tiene que proteger su patrimonio, y una de las tareas seguramente pendientes, y que va en esa dirección conservacionista, es tener un inventario completo, minucioso, de sus bienes materiales.
Esta información el municipio debería ponerla al alcance de toda la ciudadanía.
Es un inventario que tiene que mostrar, con precisión de detalles, para que sepamos dónde está cada casa, cada edificio, su estado, sus características, su año de construcción.

Es necesario encarar una política de rescate y preservación del patrimonio arquitectónico urbano, y de recreación de los “gestos”comunitarios nacidos en la sociedad a lo largo de toda su historia, no disociado del mejoramiento de la calidad de vida.
El papel que cumplen los ciudadanos a la hora de proteger el patrimonio arquitectónicos es vital, ya que como plantea el antropólogo Néstor García Canclini, el patrimonio arquitectónico opera "como recurso para reproducir las diferencias entre los grupos sociales y la hegemonía de quienes logran un acceso preferente a la producción y distribución de bienes.
Los sectores dominantes no sólo definen qué bienes son superiores y merecen ser conservados, también disponen de los medios económicos e intelectuales, el tiempo del trabajo y del ocio, para imprimir a esos bienes mayor calidad y refinamiento".
Es decir, que si la comunidad no se apropia de su patrimonio, difícilmente los poderes de turno se preocupen por conservarlo.