Bordet, entre Merlo y Tucumán



Gerardo Pressman-. La división del peronismo no es solo doctrinaria, ideológica o regional, es una división sociológica. Que puede sintetizarse con la postal de dos actos simultáneos pidiendo la unidad, en el Día de la Lealtad (cuando se discute justamente el liderazgo) en Merlo y San Miguel de Tucumán.





Los actos ya pasaron, incluso hubo en el medio una masiva movilización de Moyano con el apoyo del Papa Francisco. Ahora se puede hacer una evaluación seria. Siempre teniendo en cuenta que en Cambiemos apuestan a la división del peronismo como único activo del gobierno nacional para tener alguna chance de pasar a segunda vuelta en las elecciones presidenciales y seguir reteniendo la provincia de Buenos Aires, dado que los otros dos distritos de importancia que controla, CABA y Mendoza, parecen encaminados hacia un nuevo triunfo de Cambiemos.

Abordar la división del peronismo, a mi juicio, requiere de un enfoque sociológico. Los politólogos tenemos conocimientos limitados sobre sociología, lo cual es una falencia, sin embargo algunos frescos del paisaje social, tan deteriorado desde el 2015, muestran esta problemática.
Por un lado, el peronismo de los gobernadores que buscan entendimientos con el gobierno nacional, está mostrando las limitaciones de esta táctica, dado que dan mucho a cambio de nada y la gente está dándole la espalda al macrismo. Acompañarlos al cementerio mientras los insultan no resulta lógico.
La cuestión es que este peronismo de los gobernadores venía acompañado en combo con los sindicatos mayoritarios de la CGT. Una expresión menor de ese sindicalismo, tanto en la CGT como en la totalidad de las dos, tres mil CTA, que no dejan de ser centrales menores, reclamaban un rol opositor al macrismo.
Moyano se dio vuelta y cambió el escenario sindical, al aliarse a estos sectores combativos luego de apoyar a Macri durante tres años. No importan las razones. Lo importante es que los afiliados a Camioneros ven bien este giro, junto a miles y miles de trabajadores de gremios cuya conducción no está de acuerdo con la estrategia de Moyano pero saben que sus bases sí.
Acá estamos hablando del deterioro del salario, un asunto no menor.
Por otro lado, el deterioro del tejido social, empezó a generar ruido en la alianza  de los movimientos sociales orientados por el Papa Francisco con el rostro social del macrismo (Vidal, Stanley). Pero sus reivindicaciones no son las mismas que las del movimiento obrero organizado. Las bases de los movimientos sociales, por lo tanto, votan a Cristina mientras que las bases de la CGT se encuentran más cerca del peronismo conservador, siempre y cuándo éste siga girando hacia la oposición.
El caso de Bordet es emblemático. Su leve tono opositor se debe a que se acercan las elecciones, no tiene nada para ganar al lado del macrismo y necesita para su reelección los votos K. Que en Entre Ríos, con un Urribarri activo, son muchos.

En el acto de Merlo, estaba el peronismo bonaerense, que representan los intendentes, los movimientos sociales y la cuota de clase media que le aporta el kirchnerismo.
En el acto de Tucumán, estaban los gremios menos combativos, los bloques legislativos del peronismo que por orden de sus gobernadores votan con el macrismo y un contorno discursivo que va mutando, en busca de las bases K.

Bordet no estaba en ninguno de los dos actos. ¿Un anticipo de su cambio de estrategia?

Si ambos peronismos se unen detrás de un programa de convergencia de intereses de sus bases y no de sus dirigentes, para saldar las disputas internas en un marco respetuoso y a través de las PASO, sus chances de volver al gobierno y captar electorado cambiemita desilusionados por la economía, son altas. Casi se diría que de ahí sale el próximo Presidente. Además de que el peronismo retendría las gobernaciones que ya tiene y podría sumar alguna más, como por ejemplo Corrientes, Misiones y Jujuy.