Walt Whitman y Cristóbal Colón



Gonzalo García Garro-. Sobre el 12 de octubre, del “Día de la Raza” al “Día de la Diversidad Cultural Americana”.

Cada 12 de Octubre se recuerda, en casi todo el continente, el día en que los tres navíos de Cristóbal Colón desembarcaron en la isla Guanahaní (Bahamas) en 1492.
Soy de los que entiende que este hecho trascendental para la historia de la humanidad fue el comienzo del proceso histórico del avance de la Europa occidental, mejor dicho de sus potencias económicas y colonialistas, sobre el continente americano, imponiendo una cultura, religión, prácticas comerciales y socioculturales, en definitiva, un determinado modo de vida y ser.



Naturalmente rechazo la idea del “Día de la Raza” que instauró Yrigoyen en 1917 para conmemorar la fecha. Adhiero a quienes dicen que esto era, en sí mismo, una toma de postura ante la historia e implicaba definiciones políticas e ideológicas, las cuales en gran medida no comparto y que constituían la negación de lo autóctono, o su ocultamiento al menos, en desmedro de lo que vino de Europa. No comparto, en consecuencia, la idea de reconocer una cultura, una civilización, soslayando la existencia de otra. Así se negó, durante siglos, la civilización preexistente, la que existió antes de que Europa desembarcara en América.
Suscribo los fundamentos del decreto que estableció el “Día de la Diversidad Cultural Americana” en el 2010, asumiendo que la división de la humanidad en “razas” carece de sentido y representa una afrenta a la igualdad. Considero imperativo el hacer efectivo el mandato constitucional del Art. 75 Inc. 17 que consagra el derecho a la igualdad, reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, garantizando el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural.
Pienso que hoy se debe mirar el proceso de desembarco de Europa en nuestra tierra borrando conceptualmente la idea de “La Conquista” de América y la reivindicación plena de una Europa civilizadora, destacando, contrario sensu, que la enorme variedad de culturas que pueblos indígenas y afro descendientes aportaron y aportan a la construcción de la identidad de nuestro país.
En términos de nuestra historia repudio en forma explícita el genocidio de los pueblos originarios y los crímenes aberrantes en su contra, tanto del periodo colonial como los genocidios de la oligarquía argentina en el siglo XIX, especialmente la “Conquista del Desierto” de Roca.


Igualmente se impone una reflexión actual acerca del estado en el cual las comunidades de pueblos originarios viven hoy, demandando que la presencia activa del Estado les permita vivir dignamente a todos sus integrantes.


Colón, un ser humano

Pero toda reflexión del 12 de octubre debe incorporar una mirada sobre Colón, naturalmente y a través de él expandir la perspectiva más allá de la conquista española como proceso cargado de valores negativos. En Colón se encuentra a la persona que expresa, sintéticamente, ese nuevo tiempo en la humanidad a partir de 1492. Ahora bien, ¿fue realmente Colón un genocida, fue parte de un plan de expansión colonial criminal? ¿Era un pionero, era un soñador? ¿O era la punta de lanza del colonialismo? ¿Cuál era su móvil, Dios, la Fe en la Corona? ¿Lo motivaba el deseo de conquista y dominación o acaso el dinero y el poder? Son preguntas que la historia y la historiografía aún hoy debate.
Pero quería aquí, sin dejar de reconocer lo polémico, recordar a través de una pluma canónica de la cultura universal a Cristóbal Colón (a ese hombre que por una educación de viejos paradigmas he endiosado cuando niño).
Deseo poner el foco en el Colón hombre, desligado si se puede del proceso colonizador. Y hacerlo desde una mirada más indulgente, a distancia, para verlo desde una perspectiva más íntima, escrutando sobre las razones personales del hombre que trazó los planos del mundo que hoy conocemos y lo hizo -no necesariamente- como parte de un plan de exterminio colonial. Un hombre que hizo lo que hizo, tal vez, sin ánimo malicioso de conquista o sin poder predecir lo que la historia haría con el camino que él inició.

Walt Whitman y “La Plegaria de Colón”

Creo que muy pocas piezas literarias tienen la fuerza persuasiva y la armonía estética como el poema “La Plegaria de Colón” de Walt Whitman, que no son otra que la misma belleza emotiva y razonada que tiene toda la obra de Whitman. Este poema se puede encontrar en su célebre Leaves of Grass (Hojas de hierba).
En su poema, Whitman se refiere a un Colón en desgracia, sufriente, tiene como fondo de hechos al encarcelamiento que sufrió tras el tercer viaje a América, los episodios de la muerte de Isabel y el desprecio que Fernando le propició, que lo sumergen en la pobreza y enfermedad, algo que entienden los biógrafos de Whitman que el poeta utilizó a modo de metáfora de su propia vida. La biografía de Colón fue conocida por Whitman a través del libro “Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón” (1828), de otro grande de la literatura norteamericana, Washington Irving, cuestión que consta en fragmentos transcritos por el propio Whitman en sus notas de trabajo.

Whitman es un poeta de lo dual, del pánico, tanto de la naturaleza como de la condición humana. Es un Poeta del Yo y de lo Social. Le escribe al Hombre y a Dios; le envía plegarias al cielo pero también a la tierra. Obsesionado con la inmortalidad pero también con la muerte; sus poemas hablan de ternura pero fueron también pioneros en lo erótico; sus preocupaciones fueron muy reales y políticas pero también se focalizó en el mundo onírico; era Dioniso y Apolo, y así tantas cosas más complejas, mezcladas, que enlazaban lo que parecía inamoviblemente binario.
Y en esta búsqueda de lo terrenal y lo sublime, de tensiones entre la luz y la oscuridad, Whitman describe a un Cristóbal Colón profundamente creyente, que le habla a Dios y sobre los motivos íntimos que lo impulsaban a encontrar esa ruta al “nuevo mundo” le hace decir:



“…Todas mis empresas las abordé religiosamente henchido de Ti,

Mis cálculos y mis planes los realicé pensando en Ti,

Recorrí las tierras y los mares para publicar tu gloria.

Si fueron mías las intenciones, los designios y las ímpetus,

tuyos fueron los resultados,



Estoy seguro que mis impulsos emanaban de Ti;

Aquel ardor irresistible, aquella voluntad interior más potente que las palabras.

Aquellos augurios celestes que me cuchicheabas hasta en sueños,

Aquellos ímpetus que me empujaban adelante.”



Whitman entiende que a Cristóbal Colón lo impulsó su devoción a Dios, siendo este motor el más importante, más aun que la promesa de oro y reconocimiento. También entiende el poeta que Colón era plenamente consciente de la trascendencia histórica de sus actos. Y así lo escribe:



“Gracias a ellos y a mí, la Empresa fué,

Gracias a mí, los viejos y desbordantes países pudieron

expandirse,

Gracias a mí, los hemisferios fueron explorados y unidos,

lo desconocido incorporado a lo conocido”.



Pero Colón no sabe, desconoce, qué será de su legado. Deja en manos de Dios el destino del nuevo mundo que descubrió. Para Whitman, Colón desea que América sea mejor que Europa, que el hombre europeo se elevé en América al nivel de Dios como no pudo hacerlo en el “viejo mundo”. Y así lo expresa:



“El fruto de mi Empresa, que yo no veré madurar, es todo tuyo,

Grande o pequeño—lo ignoro—acaso tan vasto como estas

tierras, tan vasto como estos países,

Acaso las innumerables alimañas humanas, los seres groseros que conozco,

trasplantados aquí, podrán elevarse a una nobleza y a

una cultura dignos de Ti,

Acaso las espadas que conozco podrán ser aquí fundidas y

trocadas en útiles civilizadores,

¡Quizá la Cruz reseca que conozco, la Cruz muerta de Europa, aquí podrá reflorecer y fructicar de nuevo!”



Whitman imagina un Colón que deja en mano de Dios el futuro, pero que duda sobre el destino de su legado, alguien que no reconoce si es loco o profeta (“¿Habla el profeta por mi boca, o desvarío?”, diría luego). Este Colón que sabe que no podrá ver que será de América, pero desea que la humanidad no haga de ella lo peor como ya lo hizo en el viejo mundo, desea que la Cruz muerta de Europa pueda florecer y no sembrar más muerte.

Colón por un lado y la conquista española por otro lado, ¿se puede?

Es cierto que existen testimonios, historiadores y corrientes historiográficas que nos muestran a un Colón con conocimiento de un plan de expansión colonial y consciente del rol que su trabajo tuvo en el mismo. Pero que fue acaso la historia de la humanidad que Colón conoció sino una sucesión de expansiones y colonizaciones. No es argumento suficiente para indultar históricamente a nadie, pero si para contextualizar cualquier análisis sobre Colón.
Es igualmente cierto que para la posteridad fue el hombre que unió para siempre a los dos mundos, que comprendiendo las diferentes valoraciones, no deja de ser el hecho que le dio contorno a la Era moderna, pero que falleció sin saber lo que había “descubierto”, ya que murió pensando que llegó a las Indias Orientales, confundido estaba y pensaba que había desembarcado en Japón y Asia. Whitman interpreta a este Colón con su drama de incertidumbre:



“¿Qué sé de la vida? ¿Qué sé de mí mismo?

Nada sé, nada conozco de mi labor pasada o actual,

Sombras cambiantes pasan ante mis ojos,

Visiones de mundos nuevos y mejores, con sus partos y sus cosechas,

Visiones imprecisas que me turban y parecen burlarse de mí.”



Este Colón puede merecer otra mirada. Porque en definitiva Colón es parte de nosotros y nosotros somos él. América o Argentina no serían lo que son si Colón no hubiera existido. Si el hombre que construyó las bases del mundo que somos hoy es un genocida, ¿qué dice eso de nosotros? Somos en su inmensa mayoría descendientes de inmigrantes europeos, de todas las oleadas. Colón fue un italiano al servicio de los españoles, nada más ejemplificativo de nuestras corrientes migratorias.



El derecho, las instituciones y la cultura deben su forma y contenido en forma sustancial a la cultura europea. Si Colón fuera sólo un genocida, ¿qué seriamos nosotros, qué sería de este mundo que se comenzó a construir con su obra? ¿Tiene sentido remover una Estatua de Colón de Casa de Gobierno? ¿Cambia algo? ¿Qué dice de nosotros una estatua más o una menos? ¿Tiene sentido? ¿Todo lo que hizo la Iglesia Católica es malo? ¿Nada bueno dejó España y el Cristianismo en esta tierra? Son muchas preguntas, distintas, de diversos temas.

Pero volviendo al texto, Tal vez podamos diferenciar los procesos, Colón por un lado y la conquista española por otro lado. ¿Colón puede ser juzgado independientemente de la conquista española? ¿Se puede? Whitman trató de hacerlo, y lo hizo en forma maravillosa. Quedan todas las reflexiones para nosotros...





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La plegaria de Colón (Walt Whitman)



Anciano náufrago, anciano arruinado,

Perdido en esta costa salvaje, lejos, muy lejos del país,

Bloqueado por el mar y por negras cumbres enemigas

Desde hace dos tristes meses,

Rendido de fatiga, de angustia, a punto de morir,

Recorro las costas de la isla

Desahogando las amarguras de mi corazón.



¡Me abruma demasiado dolor!

¡Acaso no viviré más de un día!

No puedo hallar reposo. ¡Dios mío! No puedo comer, ni

beber, ni dormir,

Antes de haber elevado a Ti mi plegaria y mi ser,

Antes de haber respirado y haberme bañado en tu gracia,

Antes de haberme confesado una vez más a Ti.



Conoces todos los años los años de mi vida,

Mi larga vida de constante labor, no de pura adoración;

Conoces las plegarias y las veladas de mi juventud,

Conoces las meditaciones visionarias y solemnes de mi

madurez,

Sabes que siempre, antes de emprender cualquiera empresa

te consagraba la intención y los resultados,

Sabes la constancia de mis votos, la fidelidad de mi culto,

Sabes que nunca perdí la fe ni la esperanza en Ti,

Encarcelado, aherrojado, caído en desgracia, nunca murmuré,

Todo lo acepté como si emanara de Ti, como viniendo con

razón de Ti.



Todas mis empresas las abordé religiosamente henchido

de Ti,

Mis cálculos y mis planes los realicé pensando en Ti,

Recorrí las tierras y los mares para publicar tu gloria.

Si fueron mías las intenciones, los designios y las ímpetus,

tuyos fueron los resultados,



Estoy seguro que mis impulsos emanaban de Ti;

Aquel ardor irresistible, aquella voluntad interior más potente que las palabras.

Aquellos augurios celestes que me cuchicheabas hasta en

sueños,

Aquellos ímpetus que me empujaban adelante.



Gracias a ellos y a mí, la Empresa fué,

Gracias a mí, los viejos y desbordantes países pudieron

expandirse,

Gracias a mí, los hemisferios fueron explorados y unidos,

lo desconocido incorporado a lo conocido.



El fruto de mi Empresa, que yo no veré madurar, es todo

tuyo,

Grande o pequeño—lo ignoro—acaso tan vasto como estas

tierras, tan vasto como estos países,

Acaso las innumerables alimañas humanas, los seres groseros que conozco,

trasplantados aquí, podrán elevarse a una nobleza y a

una cultura dignos de Ti,

Acaso las espadas que conozco podrán ser aquí fundidas y

trocadas en útiles civilizadores,

¡Quizá la Cruz reseca que conozco, la Cruz muerta de Europa, aquí podrá reflorecer y fructicar de nuevo!



¡Un esfuerzo más! ¡Este arenal desierto será mi altar!

¡Dios mío! tú has iluminado mi vida

Con un rayo de luz inefable, continuo

—Luz indecible y preciosa que iluminaba la luz misma—,

Más allá de los signos, de la descripciones y de los idiomas;

Por todo ello, ¡oh Dios! permite que aquí, de rodillas,

viejo, pobre, paralítico, con supremas palabras te solloce:

—¡Gracias, señor!



La nubes se ciernen sobre mí,

Mis manos y mis miembros se entumecen,

Mi atormentado cerebro se extravía;

Mas aunque mi cuerpo se deshaga en pedazos,

¡Yo no quiero disociarme!

Me enlazaré estrechamente a Ti, ¡oh Dios!

Aunque las olas me rechacen;

¡Me abismaré en Ti, en Ti, a quien conozco!



¿Qué es lo que ahora anuncio? ¿La intuición del profeta ó

las fantasmagorías de un delirante?

¿Qué sé de la vida? ¿Qué sé de mí mismo?

Nada sé, nada conozco de mi labor pasada o actual,

Sombras cambiantes pasan ante mis ojos,

Visiones de mundos nuevos y mejores, con sus partos y

sus cosechas,

Visiones imprecisas que me turban y parecen burlarse

de mí.



¿Qué significaron estas cosas insólitas?

¿Qué manos divinas desvendan mis ojos en pleno milagro?

¿Qué son esas formas umbrosas que pueblan los aires y me

sonríen?

¿Y esas flotas con banderas de todos los pueblos que avanzan hacia aquí?

¿Y esos himnos que me saludan en lenguas desconocidas?