Teléfono para el Senado



Ezequiel Bauman-. En 100 días hubo tres presidentes del Banco Central Argentino, que perdió toda autonomía y hoy es directamente digitado por el Fondo Monetario Internacional. Como cuando asumió Luis Caputo, hoy volvemos a recordar la responsabilidad del Senado de la Nación, con mayoría peronista, en el actual descalabro de la política monetaria.





La renuncia del Presidente del Banco Central, Luis Caputo con una carta dirigida al Presidente de la Nación, vuelve a mostrar la desmemoria de los argentinos y la hipocresía de quienes dicen defender las instituciones y tener espíritu republicano.
El Senado de la Nación es el organismo encargado constitucionalmente de designar, a propuesta del Poder Ejecutivo o no (si no hay acuerdo, por mayoría simple, el senado puede designar las autoridades del banco Central), al Presidente y el directorio del Banco Central.
Entre otras cosas, el propuesto debe explicar su política económica, sus ideas y sus planes, además de su currículum y experiencia para que los Senadores de la Nación le den su acuerdo en el pleno, luego de pasar por algunas comisiones. Con más razón luego del descalabro irresponsable que vivimos en estos 100 días de la economía.
Nada de esto se cumplió con Caputo, ante la distraída mirada de los pseudo opositores al PRO en el Senado de la Nación.
En 100 días hubo ya tres presidentes del Banco Central. Además de una devaluación del 150%, suba de tasas hasta colocarlas en las tasas de referencia mas altas del mundo, pérdida récord de reservas, acuerdo de sometimiento con el FMI, nuevo acuerdo, nueva emisión de deudas y todo esto ante la atenta distracción del Senado de la Nación.

¿Se repetirá el mismo escenario con el nuevo interventor de facto del Banco Central o Guido Sandleris imitará a Caputo y a los dos jueces que el ingeniero Macri quiso nombrar por decreto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, uno de los cuales hoy preside el desprestigiado organismo?
¿Es ésta la seguridad jurídica que mentan los neoliberales?
¿Hasta cuando el país seguirá soportando a los econochantas que nadie votó?
¿De esto se trata el institucionalismo republicano con el que se llenan la boca contra el populismo?
¿Se volverá normal que la derecha argentina no respete la ley ni el Estado de Derecho pero se crea dueña de una verdad impoluta y una decencia que muestra la hilacha toda vez que les encuentran -y eso que nadie busca concienzudamente- cuentas en guaridas fiscales para delincuentes?
¿Seguirá la ciudadanía sin castigar electoralmente estas prácticas corruptas, tanto del PRO como de los senadores nacionales electos por la oposición que convalidan con su silencio este atropello a sus funciones constitucionales?
¿Volverá el pueblo argentino a caracterizarse por su falta de memoria?

Éstas preguntas son vitales para la salud de la democracia y por lo tanto, para una política económica sensata y razonable, que hoy no se encuentra en el horizonte del gobierno, lamentablemente.
El gobierno agrava su mala praxis y su deshonestidad con la ilegalidad estructural con la que se mueve.