¿Qué son y qué quieren "los mercados"?



Ezequiel Bauman-. Claramente, cuando hablan del "mercado" no se refieren a los trabajadores, los jubilados, los desocupados, los estudiantes. Ni a usted ni a mí. ¿Quiénes son? Qué quieren. Por qué son tan quisquillosos.

Cuando se habla de "los mercados" se habla de una entelequia cósmica. Casi fantasmagórica que tiene el efecto buscado de atemorizar a la gente común. Ciertamente, lo logran.
Cuando hablan de "los mercados" es para evitar referirse a personas de carne y hueso, que ocupan determinadas posiciones.
En general, por "los mercados" se entiende en los países subdesarrollados como Argentina al mercado de cambios, el cual está dentro del sistema financiero y en países como Argentina, donde los bancos no hacen plata prestando dinero para crear y fortalecer empresas sino con la timba, el mercado de cambios es el corazón del sistema financiero. Estos países son calificados por dos grandes empresas mundiales de calificación crediticia -lo que conocemos como Riesgo País- que miden variables políticas y económicas para calificar el riesgo de que un país y sus empresas dejen de pagar sus deudas. A mayor riesgo, mayores intereses de esa deuda, que a su vez, para tomar más deuda, se vuelve más cara. Estas calificadoras no son neutrales, pues tienen sus fondos invertidos en los países que a la vez califican. Por ende, ganan con estas fluctuaciones. Son parte de los fantasmas denominados "mercados".

Los dichosos mercados son, entonces, fondos de inversión internacionales, creados para la especulación financiera a escala global y especialmente, fondos de inversión "especializados" en mercados emergentes o grandes fondos de inversión con departamentos "especializados" en mercados "emergentes". Esta especialización consiste en darle algún regalo a algún funcionario a cambio de que nombren a alguien de ese fondo de inversión (o empresa subsidiaria) en el Banco central o las áreas estratégicas del secreto financiero, como los bancos estatales, el INDEC, el Ministerio de Economía, el de Energía, etc.
A estos fondos de inversión, debemos sumarle los bancos privados, tanto los locales como los extranjeros, cuya rentabilidad la obtienen principalmente a través de la especulación con el dólar o los regalos del Banco Central, como las Lebacs. Además, las grandes casas de cambio y las agencias dedicadas a la importación y exportación.

Hay un tercer actor de importancia. Es el complejo agroexportador, conformado por firmas globales que apuestan a los mercados a futuro tanto de las divisas como de los granos. A este sector hay que acoplar las grandes petroleras y mineras.
La producción real y concreta de estas empresas, en los pocos casos que producen algo real y concreto o que lo compran a quien lo produce, es subsidiaria de las operaciones financieras. O sea, la rentabilidad de la producción real está sometida a la variable estratégica que son los negocios financieros. Que en el medio arruinen la economía real con tasas usurarias, que dejen sin trabajo a millones de compatriotas o que sumerjan en la miseria a la mitad de la población a cambio de asegurarse el pago de sus intereses, es para ellos un asunto "político", o sea, un asunto menor del cual ellos no tienen nada que ver. En todo caso, argumentan no sin algo de razón, la culpa es de los gobiernos que se dejan sobornar o "aceptan" a cambio de sobornos poner gente de los mercados de los dos lados del mostrador. El gobierno de Macri, empezando por su propio patrimonio y los negocios familiares, es un ejemplo pornográfico de este cinismo exacerbado.
A estas jugadas cínicas, las denominan "racionalidad económica".

Eso es el mercado. Los famosos mercados.
¿Qué es lo que piden los mercados?
Lo mismo de siempre: que les garanticen, en primer lugar, poder fugar del país "en riesgo" sin trabas ni demoras, sus ganancias, en divisas fuertes como el dólar o el euro.
En segundo lugar y no menos importante, que todas las variables de la economía, desde el precio del pan hasta el servicio de educación, se sometan a la prioridad número uno que debe tener el gobierno, que es garantizarle que cobrarán los intereses y, si eventualmente lo necesitan, el capital hipotecado en el país.
Es así de simple.
Los economistas "racionales" lo explican con jerigonza para que la gente común no entienda lo obvio: los van a hacer pagar por deudas que no contrajeron, de las que no se beneficiaron, de las que en la mayoría de los casos, ni se enteraron. 



Por último y no menos importante. La deuda en dólares contraída por Entre Ríos en el 2016 para financiar gastos corrientes, no es un porcentaje alto en relación al endeudamiento total, pero es significativo en la medida en que se tomó  un valor dólar que hoy se ha incrementado colosalmente, incrementándose el monto de pesos que el gobierno provincial -y los municipios entrerrianos- necesita para ir al Banco Central, comprar dólares y girarlos luego al exterior. Esta operación impacta de lleno en las cuentas provinciales, aún cuando Entre Ríos no esté entre las provincias más endeudadas en dólares como provincia de Buenos Aires, Córdoba y Chubut, ni entre las que menos se endeudaron, como Chaco o San Juan. Está en el medio.
Pero la astronómica suba del dólar y de la tasa de interés (que impide volver a endeudarse en bancos locales para refinanciarla) pone en aprietos las finanzas provinciales y municipales, por este endeudamiento en dólares.