Por una CONADEP de la Corrupción Financiera




Ezequiel Bauman- La democracia tendrá que sortear otro duro reto. Los condicionamientos del FMI, la pobreza estructural, la enorme deuda externa y las urgentes obras públicas prioritarias, pondrán a prueba la fortaleza de nuestra democracia durante el próximo gobierno.



Con independencia de quién gane las elecciones, el próximo gobierno deberá cargar con una pesada herencia. Habrá qué ver en qué condiciones acaba su mandato Mauricio Macri, pero al día de hoy, cuando la única certeza que tenemos es que la economía empeorará, podemos ya saber cuáles serán los tópicos con los que el próximo gobierno electo por los argentinos, deberá lidiar.
De la promesa demagoga de “Pobreza Cero” a la certeza de que Mauricio Macri dejará del país con un número mayor de pobres, debemos agregarle que también dejará el país con un número mayor de desocupados. Actualmente y luego de muchos años, Argentina ha vuelto a tener una desocupación de dos dígitos. A esto hay que sumar los bajos salarios, los despidos en la administración pública por pensar distinto al partido gobernante, la falta de creación de puestos de trabajo de calidad, la desindustrilización y un largo etcétera que ataña a la delicada situación de la población económicamente activa, una de las más desfavorecida y quien tendrá que pagar esta fiesta de los bancos.
Para revertir esta cruel situación social, el próximo gobierno deberá hacer lo contrario que lo que nos llevó a esta dramática situación. Pero para hacerlo, tendrá las manos atadas por el FMI, por los irresponsables endeudamientos del gobierno de Macri con este organismo interventor que solo busca condicionar los países subdesarrollados para que adopten políticas públicas que sirvan para beneficiar a los países desarrollados, provocando mayor subdesarrollo en el resto.
La deuda externa, además, será un condicionamiento estructural para el despliegue de políticas de estado razonables.
Con lo cual, habrá menos dinero disponible, luego de pagar la fiesta de los usureros financieros, para invertir en las deterioradas áreas de salud y educación cuyo atraso y parálisis casi terminal requieren de un buen gobierno de manera urgente, así como para poner en marcha la obra pública paralizada, lo cual será vital por el deterioro de la infraestructura luego de cuatro años donde no se hizo nada y será vital para lograr reactivar la actividad económica y paliar el alto desempleo.
También será urgente atender la situación de vulnerabilidad extrema de los ancianos luego de un gobierno que aumentó el ya considerablemente alto empleo precario. Habrá que sacar una nueva moratoria jubilatoria urgente, para lo cual se necesitará afrontar el gasto a través de la ANSES, cuyo hundimiento financiero es una certeza.
Estas y otras urgencias sociales mínimas, serán indispensables para encarar el crucial tema del desarrollo.
El desarrollo es un concepto integral, que implica desde la infraestructura hasta la calidad educativa. Será urgente, por lo tanto, recuperar una política universitaria luego del desastre serial provocado por el gobierno.
La creación de monopolios, oligopolios y empresas dedicadas al saqueo en el ámbito de la energía, será difícil revertir ya que cuentan con poderosos ejércitos extranjeros detrás, para respaldar la entrega del patrimonio nacional en el extranjero. El Dr Aranguren podrá ser juzgado (fue denunciado hasta por la Dra Carrió) por su gestión deshonesta, fracasada y alocada, al frente del Ministerio de Energía. Pero los males que ocasionó en la población con los tarifazos, el decidido fracaso adrede para financiar a las empresas extranjeras y de empresarios locales amigos del poder, nos legará un déficit en materia de energía que será crítico para el normal funcionamiento del país. Las relaciones diplomáticas con nuestros principales socios económicos, China, EEUU y Brasil condicionará la posibilidad de una reconstrucción de una política sensata en materia energética. El desprestigio en el que quedará sumida la UCR, de seguir existiendo luego de esta experiencia de Cambiemos, será un problema porque es la UCR la que mejores cuadros técnicos tienen en materia energética. Aunque jamás fueron tenidos en cuenta en los gobiernos radicales de la Alianza, en el 2000 y de Cambiemos en el 2015.
La reconstrucción del Banco Central llevará tiempo. Habrá que recomponer reservas, despolitizar el organismo luego de la tierra arrasada que dejará el PRO, volver a priorizar la industria nacional contra la locura de la apertura irrestricta de las importaciones y el desmantelamiento de los controles de cambios. Quedará pendiente la creación de un sistema financiero. Difícilmente, el próximo gobierno que será de transición, pueda ponerse una meta tan alta, que requiere de varios años y de un amplio consenso.
Es de esperar que los bancos nacionales y extranjeros financien las campañas de los partidos políticos para no tener que devolver nada de lo que se llevaron, tal y como ocurrió luego del fatídico año del 2001, donde algunos políticos se fueron al grito de “que se vayan todos” pero ningún banco pagó ni siquiera una multa, ya no irse del país o que su licencia caduque, que es lo que hubiera correspondido.
Sobre el financiamiento de bancos a partidos políticos, para que luego defiendan sus intereses en contra de los ciudadanos, en Entre Ríos tenemos ejemplos sobrados del tema con el caso de los Eskenazi y el BERSA. Hay que tener en cuenta también el silencio que este tipo de empresarios inescrupulosos compra en los medios de comunicación. Nuevamente, Entre Ríos es el mejor ejemplo.

Habrá que recuperar el sistema científico.  Aunque es imposible prácticamente que los científicos que Cambiemos expulsó del país quieran volver aún con otro gobierno, habrá que intentarlo. Aunque, por supuesto, la escasez de fondos en las arcas estatales será una limitación importante.
Será urgente, para que no siga creciendo la desigualdad, que el Congreso reponga los impuestos a los mas ricos que el ingeniero Macri eliminó. Así como una seria investigación, quizás con una especie de CONADEP de la corrupción financiera, para investigar los circuitos de la fuga de divisas, para que tributen como corresponde los capitales fugados gracias a la ayuda de un Banco Central cuya única función fue ayudar al saqueo del país.