¿Podremos volver a hablar por teléfono?




Daniela Sánchez-.  Todos hemos sufrido la imposibilidad de hablar durante 5 minutos seguidos por teléfono sin que se corte la llamada, se pierda la señal o terminemos hablando solos, como los locos. En materia de comunicaciones, Argentina se ha vuelto un país bananero. La situación empeora en Entre Ríos o en todo lo que porteños llaman “el interior”, aunque ellos tampoco la pasan bien.


La creación del mayor emporio oligopólico de comunicaciones en toda la historia nacional, indica que el panorama a mediano plazo irá empeorando. La fusión de Clarín con Telecom, quien ya había absorbido Telefónica, explica esta situación:
-Argentina tiene las tarifas telefónicas mas caras de la región y el peor servicio de la región.
-Argentina tiene las tarifas mas caras de internet en la región y el servicio mas lento de la región.

Si esto era “volver al mundo” hay que decirlo con todas las letras: nos cagaron.
Cuando una mira los debates en materia de comunicación que se dan en los países del primer mundo, por ejemplo en Estados Unidos sobre si internet debe ser un servicio donde el consumidor pague por lo que usa, como sucede con la electricidad o el gas, pero con la salvedad de que las empresas con este sistema podrían ralentizar la carga de páginas de su competencia -algo que acá se hace a lo loco con Netflix cuando tenés Fibertel, para poder promocionar Cablevisión Play que es de Clarín, por ejemplo, que es patético y no le llega ni a los talonesn a Netflix o Amazon- o la discusión en Europa sobre la protección de datos personales, con el aviso de que una debe aceptar o no que se introduzcan cookies en tu navegador, computadora o teléfono, cuando una mira esos debates y después comprueba cómo estamos en Argentina, dan ganas de llorar. De rabia e impotencia. Además de envidia.


Los favorecidos que tienen señal telefónica dentro de sus casas saben que ninguna llamada puede durar mas de cinco minutos.
Todos sabemos que las tarifas aumentan mes a mes, de manera descontrolada. Todos sabemos que quejarse en Defensa del Consumidor no sirve de nada. Todos sabemos que la política mira para otro lado, quizás por miedo a enemistarse con los medios de comunicación que maneja este oligopolio, que son la mayoría del país y los mas fuertes. Empezando por Telefé y Canal 13 de Buenos Aires, ni más ni menos.
En las oficinas de Defensa del Consumidor se acumulan las quejas en expedientes que duermen el sueño de los justos. Internet se corta y te mandan los técnicos en 10 o 20 días. Las facturas telefónicas contienen “errores” que siempre favorecen a las empresas. Primero hay que pagar, después reclamar. No hay garantía de que tomen tu reclamo. Mas que llamar a Defensa del Consumidor, dado que no somos consumidores sino rehenes, hay que llamar a la División de Delitos Complejos de la Policía Federal para que nos rescaten de este secuestro. Es la única solución que se me ocurre.

En materia de comunicaciones, Argentina es un país bananero. Todo empeoró en los últimos años. Hasta el punto de ser uno de los países del mundo con mayor atraso en materia de comunicaciones y, además, con los servicios mas caros. Prácticamente prohibitivos para la mitad de la población.
Las empresas no invierten, se llevan afuera sus suculentas ganancias y los usuarios, verdaderos rehenes, estamos obligados a vivir con empresas de comunicación que se te burlan en la cara.
¿Podremos volver, alguna vez, a hablar por teléfono?
A medida que pasa el tiempo, la situación lejos de mejorar, empeora. Desde el estado no pueden o no quieren tomar cartas en el asunto.
En el Congreso estas leyes no existen o no se discuten.
Los y las ciudadanos y ciudadanas somos rehenes. Nos dan a elegir entre volver a vivir como vivían nuestros ancestros o pagar tarifas siderales por un pésimo servicio y ser humillados constantemente por las empresas, que se ríen de nosotros con un lenguaje de call center muy amable, si es que una tiene la suerte de hablar con un empleado que por supuesto nunca te resolverá nada, luego de pasar por una larga espera donde una tiene que contestarle un interrogatorio casi policial a una máquina que hace preguntas tontas, luego escuchar esa musiquita que te pone los pelos de punta y dejar pasar varias veces el “en este momento, ninguno de los operadores puede atenderlo. Por favor, aguarde”. Siempre tan simpáticos y educados, usando el “por favor”, “disculpe las molestias ocasionadas”, etc. Palabras que una ya se sabe de memoria, así que no importa si justo se pierde la señal o hay un nuevo microcorte en internet, de esos que ocurren entre 20 y 30 veces a lo largo de un día normal. Una ya recita de memoria incluso qué dirán los operados, si es que luego de media hora alguien se digna a atenderte, para con amabilidad dejarte en claro que estás perdiendo el tiempo pidiéndoles una solución.
Luego, con tan cínicos, que te invitan a contestar una encuesta sobre la calidad del servicio y siobre si fuiste bien atendida. No ponen la opción de “váyanse a la mierda”.