No era el marketing



Lucas Carrasco-. Los triunfos electorales del oficialismo nacional no son producto del Marketing Político, como hoy se puede observar, cuando las mismas piezas de comunicación, igual de sofisticadas en su elaboración, fracasan.



Este experto en Marketing Político, que escribe con seudónimo, lo había explicado antes de las elecciones de 2017, donde también supo anticipar la debacle del peronismo entrerriano, sin ser entrerriano ni conocer a fondo la política provincial. Sin siquiera pisar más que un par de veces la provincia.

La Semiótica, una disciplina joven (para la mochila científica) que surge de la Linguística y ésta a su vez, de la filosofía, lo que imposibilita su masividad en el ámbito cultural (creo que en Argentina aún no hay siquiera una Licenciatura en esta disciplina) tiene una regla de oro: cualquier enunciado (o ente, para la filosofía) no es en sí mismo nada, sino que es todo lo que no es. Si digo "árbol" sé qué es un árbol: pero su definición académica, en la semiótica, es que un árbol es todo aquello que no es árbol. Una vez descartado todo aquello que no es árbol, queda solamente el árbol. De ahí su especificidad. Su singularidad. Su entidad en sí y para sí, a posterior.
Por este mecanismo deductivo se va hacia el mecanismo inductivo: los mensajes (para simplificar) cobran sus sentidos, en un contexto. No son, diría Marx, "un rayo en un cielo sereno".



Así que el mensaje político puede ser impecable desde la factura técnica: el montaje, el lugar, el modo, el tono, la vestimenta, los elementos paratextuales de los enunciados, los enunciados verbales, los elementos paratextuales de lo visual; pero...si el contexto es desacertado, si no hay una lectura política, un análisis político que lo sustente, puede caer en saco roto o ser contraproducente. Como el mensaje de un minuto y medio que el presidente Macri publicó en Facebook y que desató una corrida cambiaria.

En realidad, si uno desmenuza el enunciado, fue malo. Porque hablaba en un plural no inclusivo: el mensaje, destinado a los "mercados" (exclusivo por naturaleza), era en plural, poniéndose como vocero de sí mismo y la institución donde tiene empleo, la Presidencia de la Nación, y hablando también como vocero del Fondo Monetario Internacional. Ese plural -mentiroso, además- no transmitía lo que buscaba, fortaleza, sino lo contrario, debilidad.
No había que ser experto en finanzas ni en su jerigonza desconcertante para abrevar en lo obvio: el FMI no utiliza voceros, el gobierno argentino, sí.
Pero además, el reconocimiento implícito de que no se habían cumplido las "metas" impuestas por el FMI y/o no se habían obtenido los resultados esperados, y por lo tanto se renegociaría el acuerdo, dejaba en pie la duda de por qué un acuerdo mayor sí se cumpliría, si "quien puede lo más, puede lo menos" es un enunciado que también va en dirección contraria. Si el reconocimiento hubiera sido explícito, otro hubiera sido QUIZÁS el resultado. Ya veremos por qué hay que subrayar el QUIZÁS.
Para hacer explícito lo implícito, dada la complejidad y el destinatario elegido, haría falta una explicación con mayor solvencia técnica (que en lo financiero, probablemente, Macri la tenga). Lo cual no cabría en el minuto y medio de su mensaje. Por lo que tampoco estaría bien el medio elegido -Facebook no es para mensajes largos y de difícil comprensión-. O sea, la factura técnica lejos de ser buena, fue mala. Incluso el paisaje elegido: los árboles, el espacio abierto, buscan transmitir tranquilidad, peeeeeero eso también puede ser interpretado como soledad. El riesgo interpretativo que corrieron, fue demasiado audaz, si es que eran conscientes (tiendo a creer que sí).
Cuando se niega la explicitación de una dificultad, por lo general, lo que se consigue, es reforzar el mensaje implícito y generar desconfianza sobre por qué se oculta.
El mensaje de un breve minuto y medio tiene más fallas técnicas. Pero son menores en relación a lo que viene. Siga leyendo, si quiere.

Cuando se instala la premisa de que un gobierno corre detrás de los acontecimientos económicos, en Argentina se decodifica, por mera acumulación de experiencia en crisis de este tipo, que todo mensaje nuevo en realidad va detrás de esos acontecimiento. O sea que tratar de anticiparse, como quiso hacer Macri, va a ser "leído" por sus privilegiados interlocutores, los gaseosos mercados, al revés de su intención.
Además, esos gaseosos mercados, saben sacar cuentas de matemática escolar: puede que no les preocupe la restricción externa, puede que tengan anulada la imaginación para pensar en aumentar ingresos fiscales en vez de hacer ajustes sobre el déficit, puede que sean venales y no estúpidos cuando miran que ese déficit creció por culpa del endeudamiento irresponsable para gastos corrientes, puede que crean que el Lord Keynes era un agente soviético y que Schumpeter fundó el marxismo austrohúngaro (y en este último caso, no estarían taaaaan equivocados, de pura casualidad nomás) pero en la sencilla suma y resta, ni con los mejores supuestos de los modelos matemáticos de las variables de acá a diciembre (ya ni hablemos del 2019) podrían conjeturar optimismo de autoyuda, como pregona el gobierno nacional. La tentación por las ganancias fáciles que genera el empobrecimiento masivo de Argentina, es más fuerte que el amor en Tanguito. Qué tierno.



Un buen Marketing Político y una agencia de trolls, operaciones de inteligencia y jugadas judiciales, además del control de la prensa amiga, puede crear un contexto favorable para no perder votos durante una campaña y solidificar a los fanáticos durante el ejercicio del gobierno, pero difícilmente, para ganar una elección o ganar aliados e indecisos durante el ejercicio del gobierno.
Las elecciones se ganan estando en el momento justo en el lugar indicado. Y en esa compleja combinación no hay algoritmos estresantes que resulten en una fórmula mágica, de dos renglones recitados con gracia.

Los factores estructurales amoldan la coyuntura, la coartan. Sin una fina comprensión de estos factores estructurales, se corre el riesgo de que los mensajes que otrora sirvieron para aparentemente ganar elecciones, hoy sean decodificados con sorna, incredulidad, escepticismo. Porque cambió el contexto y cambió la percepción que los interlocutores tienen de ese contexto. Ahí es dónde, si el Marketing Político es dirigido exclusivamente por marketineros, el barco se estrella. Y el capitán salta primero y borracho.
Jorge Asís dice que no estamos en el Titanic, sino en el Ara San Juan.
Yo creo que estamos en Costa Concordia.  El crucero italiano que se hundía mientras el capitán pedía la cena y tomaba más vino, además de encender otro porro, para luego irse en la primer barcaza, antes de avisar a los tripulantes y marineros.
Claro que no es italiano este Costa Concordia sino que proviene de Costa Pobre.