Movimiento Estudiantil QEPD

Joakito-. Asambleas digitadas, medidas de fuerzas levantadas por órdenes de los decanos, autoridades quejándose de "los troscos" y la falta de voluntad académica y política de los centros de estudiantes de discutir cómo se están formando técnicamente, son algunos de los indicadores que marcan la muerte del movimiento estudiantil entrerriano.
No es ninguna novedad afirmar que la vida universitaria perdió toda su espíritu y su sentido a partir de la noche de los bastones largos en 1966, y que solamente se mantuvieron algunos elementos libertarios que buscan la excelencia académica y la vinculación de las universidades públicas con la comunidad gracias al esfuerzo realizado por el movimiento estudiantil.
A diferencia de lo ocurrido durante el primer gobierno peronista, donde los estudiantes se oponían al régimen popular, durante la década del setenta y también en la recuperación de la democracia los estudiantes jugaron un papel en la construcción de organizaciones políticas y de lucha.

En épocas de crisis algunas manifestaciones de la sociedad civil expresan abiertamente el descontento, la incertidumbre y la decisión de impulsar cambios, marcando un ciclo de protestas. El movimiento estudiantil es un ejemplo de ello, tal como se observa en Nicaragua o en Venezuela donde las grandes movilizaciones son encabezadas por los universitarios.
El movimiento estudiantil puede ser entendido como parte de los que se conoce como "nuevos movimientos sociales", los cuales según el sociólogo alemán Habermas "no surgen tanto en las áreas de la reproducción material; tampoco se canalizan a través de partidos y organizaciones. Más bien, los nuevos conflictos aparecen en áreas de la reproducción cultural, la integración social y la socialización".

En la Argentina de los últimos 25 años los estudiantes fueron parte de los llamados nuevos movimientos sociales, los cuales se caracterizan por ser organizaciones sociales donde predomina una composición social heterogénea, una organización basada en un liderazgo múltiple y una actitud eminentemente antiestatal, aunque los hechos mostrados en los últimos meses con las medidas de fuerza llevadas adelante por la organizaciones que forman parte de la UNER, dejaron en evidencia, todo lo contrario, por lo que estamos asistiendo a la desaparición del movimiento estudiantil entrerriano.
Esto no se da solamente porque los centros de estudiantes -y la Federación que los nuclea- esté abiertamente dirigida y puesta a disposición del peronismo provincial, sino que también se evidencia en las denominada posiciones de izquierda hacia el interior de la universidad. Ninguna o casi ninguna agrupación estudiantil, se cuestiona el privilegio que significa ser estudiante universitario en estos tiempos (transporte público con descuento, becas, acceso a créditos,etc) lo que implica no debatir los planes de estudio para que estos respondan a las necesidades de la comunidad, y por lo tanto, tampoco ponen en discusión la forma y los métodos de enseñanza actuales.
Lo mismo ocurre en la universidad provincial.
Retomando a Habermas, podríamos plantear que ninguna agrupación del movimiento estudiantil logró establecer alianzas firmes y duraderas con la clase obrera, porque ninguna se propuso una construcción política y académica seria hacia el interior de la universidad, por lo que sus relaciones hacía el afuera quedaron reducidas a lo que dicta la orga, sea esta peronista o trosca. O peor aún, la mayoría de los militantes universitarios, ven en la formación universitaria y en la militancia un trampolín para ingresar a administración pública.

Ser estudiante conlleva un conjunto de rasgos que configuran su propia especificidad. Significa asumir que uno va a entrar en contacto directo con la generación de conocimientos, con el método científico que enseña a conocer la verdad a través de la investigación rigurosa; y el hecho de que están en un proceso de formación profesional por medio del cual van logrando una modificación social y personal para posteriormente insertarse en el mercado laboral, es asumir que se está preparando para ser parte de los cuadros profesionales que son el motor de la organización social, y no para ser un personaje más de cualquier novela de Kafka. El universitario debe ser capaz de pensar más allá de la lógica estatal, sino está condenando al fracaso la producción de conocimiento científico.