Los faraones del PRO



Ezequiel Bauman-. La economía perdió sus precios de referencia. El masivo empobrecimiento tiene un agravante: el encarecimiento de los productos de la canasta básica de subsistencia.


Un gobierno que asumió con la promesa de llevar la pobreza a cero, está haciendo exactamente lo contrario. Es difícil calcular aún la magnitud del daño social que ha infringido el gobierno nacional, debido a que la brutal devaluación aún no ha sido trasladada a precios en su totalidad. Además de que la corrida cambiaria continuará, incentivada por el gobierno que regala a los bancos los dólares prestados que están en las reservas del Banco Central y el absurdo modo en que se implementaron las retenciones, incentivando a las grandes multinacionales de granos a retener la cosecha, incentivar la suba del dólar y así licuar los precios fijos en pesos de las retenciones. Un esquema suicida en los fiscal, donde difícilmente se le pueda achacar a la famosa impericia del equipo económico del PRO: en este caso, hay que agregar la deshonestidad de sus funcionarios, que de esta manera, se enriquecen aún más, a costa del resto de la población.

La pérdida de precios de referencia profundiza la recesión, agrava la inflación, deja el país en coma por la estanflación y además al borde del default y de estallidos sociales.
Los astronómicos precios de los alimentos aún no se pueden medir con cifras relativamente exactas, dada la inestabilidad crónica a la que este perverso modelo neoliberal nos ha llevado.

Los despidos son constantes. Todos conocemos un pariente o un amigo que ha perdido su trabajo, está al borde de la quiebra su comercio o comenta sobre la parálisis total de la economía.
Los precios de la leche, el pan, el aceite, la polenta, productos básicos para que los más pobres sobrevivan, están por las nubes.
Los carteles de "Se alquila" aguardan llenándose de polvo en los locales vacíos.
Los sindicatos están en tensión. Por un lado, luchan por lo que les corresponde, lo que el gobienro nacional les está sacando a los trabajadores. Por otro lado, no quieren quedar como desestabilizadores ni hacerle el juego al relato macrista, que ya delira hablando de guerra de guerrillas.
Los empresarios están a la espera de que haya algo de calma. Que el dólar toque su techo, si es que lo tiene y se logra evitar, a costa de la profunda depresión económica, una hiperinflación.

Con total cinismo, el gobierno nacional apela a que las provincias y municipios, que administraron mejor que ellos y con algo de sentido común en comparación con Dujovne y compañía, paguen los costos del megaendeudamiento que adquirió el estado nacional al tiempo que despedía empleados y achicaba sus funciones, hasta el punto de quitar el ministerio de salud, el de educación y el de trabajo. Pero dejando que sus respectivos ministros y sus familiares sigan cobrando un salario de faraones.

Tenemos un gobierno de faraones.
Lo único que resta esperar es que termine en tiempo y forma, que hagan el menor daño posible y que el próximo gobierno logre domar esta pesada herencia y sacarse de encima la bola de Lebacs, el endeudamiento (¿ilegal?) impagable, el FMI y todos los lastres que dejará el actual gobierno nacional.