Liga de Gobernadores: una ficción de Netflix



Martín Vázquez-. Las provincias son vistas desde Buenos Aires como homogéneas, con intereses en común y negociando en bloque con el encargado de los negocios legislativos, Rogelio Frigerio. Nada más alejado de lo que en realidad está pasando.

Hace un tiempo largo hablábamos del bolazo de la Liga de Gobernadores.  Decíamos lo que parece tan obvio, que es increíble que el porteñocentrismo siga creyendo en estos mitos. Que hay intereses en común entre Córdoba y Formosa, Tierra del Fuego y Neuquén, Río Negro y Santa Cruz, Santa Fe y Entre Ríos.

Tomemos la Región Centro como ejemplo. Córdoba y Santa Fe reclamaron a la Corte Suprema la discriminación presupuestaria del kirchnerismo, lo que finalmente llevó a que también Entre Ríos reciba más plata. En el camino, tanto Córdoba, gobernada por el peronismo de derecha, como Santa Fe, por los socialistas estancieros, crecieron a pesar de la sistemática discriminación que sufrieron durante el kirchnerismo (claro que crecieron en un país que crecía). Entre Ríos también creció, pero gracias a la sintonía entre Urribarri y Cristina. Es decir, dos estrategias distintas.
En Córdoba, Macri tiene su principal bastión nacional. El gobernador Schiaretti se ufana con la discriminación que recibe Mestre, el intendente radical de la capital provincial, integrante de Cambiemos. En Santa Fe pasa al revés: Rosario, el bastión socialista, es discriminado al igual que la provincia, donde se beneficia al intendente de la capital provincial, que se fue del Frente Progresista y ahora está en Cambiemos, José Corral.
Cruzando el río, vemos lo contrario: el gobierno nacional favorece al gobernador Gustavo Bordet y a Enrique Cresto, intendente de Concordia, en desmedro de Sergio Varisco, el intendente de la capital provincial e integrante de Cambiemos. De paso, alargaron la mano para que pase por los tribunales federales Sergio Varisco, porque parece que el narcotráfico empezó recién hace tres años en Paraná. Un chiste que solamente Patricia Bullrrich, que vive en un mundo paralelo, puede tomar en serio.




Estas tres provincias tienen intereses divergentes. Y eso que conforman una Región, que no se sabe bien qué objetivos tiene. Lo que se sabe es que en la política argentina pedir algún resultado concreto es un pecado. Se enoja hasta el Papa Francisco si le mencionan esa herejía de pedir resultados.
Si no hay nada en común en la negociación de los integrantes de la Región Centro con la Nación, qué puede haber en común con la provincia de Buenos Aires, hiperendeudada en dólares, con La Pampa o San Luis, cuyos buenos gobiernos son autónomos y pueden hablar de federalismo en serio. O con Neuquén y Santa Cruz, que manejan de manera tan distinta la renta extraordinaria del petróleo: en una provincia se cagan de hambre y la cana de Alicia Kirchner los caga a tiros y en otra tienen un estado de bienestar provincial que da envidia.
La Rioja y San Juan, que comparten la característica de la renta extraordinaria de la minería, no pueden ser más distintas. La Rioja es un pobrerío con una dirigencia política ultracorrupta que vive en palacetes feudales. San Juan es una provincia tranquila, con bastante igualdad social.
Así se puede seguir enumerando toda la noche.
No hay Liga de Gobernadores porque tampoco hay ni siquiera un mismo partido político que los aglutine. El partido provincial Somos Entre Ríos reniega públicamente de quien podría ser su socio santafesino, Unidad Ciudadana de Agustín Rossi o el Partido Comunista de Córdoba. Es difícil imaginarse a Bordet cantando la Internacional junto a Rossi pidiendo por la libertad de su amigo Milani. Y eso que lo único nacional que hay en política es Unidad Ciudadana, dado que la UCR es marginal en los principales distritos -CABA y Ciudad de Buenos Aires- y sus líderes tienen poco que ver: el filofascista Gerardo Morales de Jujuy no tiene nada que ver con Corral o Cornejo, el gobernador de Mendoza, por no mencionar a los radicales de Misiones, Corrientes y Santiago del Estero, que están de oferta al mejor postor.

Lo único que tienen en común es que no tienen nada en común. Por lo tanto, Rogelio Frigerio, encargado de comprar las voluntades legislativas para aprobar la nueva serie de Netflix: el presupuesto 2019; solo tiene que acordar primero con los gobernadores más necesitados (y ya los tiene) para que luego los demás se suban al carro, con un precio más bajo. Y algunos, casi regalados.
Como el presupuesto igual es una ficción de Netflix, lo que aprueben no importa. Ya votaron un presupuesto que calculaba un crecimiento del 3% para 2018, una inflación del 10% (luego modificada en un 50% con una conferencia de prensa, pero a esa falta de seriedad hay que agregarle que la inflación va a ser el 400% más) y un dólar a 18 pesos.
¿Qué importa lo que voten los legisladores comprados si se trata de una ficción de Netflix?