La izquierda está hecha mierda



Lucas Carrasco-. Corriéndose aún más a la derecha, el PRO toma medidas kirchneristas para recaudar y pagar a los chantas del sistema financiero, demostrando así que los instrumentos, los medios utilizados para un fin, no son neutros, pero tampoco son fines. Ni finales.


El regalo a los exportadores de granos de una megadevaluación que volvió a empobrecer a la mitad del país, tiene una contracara: vuelven las retenciones, para poder pagar a los estafadores que financian la fuga de capitales, el FMI. El Congreso Nacional y los gobernadores, avalan con su silencio este esquema pornográfico, sin lugar para sutilezas: esta topadora clasista nos voltea como muñecos de feria, sin pasión, con vulgaridad, sin conspiraciones, a la luz pública.
La derecha democrática que encarna al PRO no le paga al contado al Fondo Monetario ni financia con el Banco Interamericano (lo de Inter es un chiste institucional) la Asignación por Empobrecido, esa que festejaban con loas a Cristina en el patiecito de la Casa Rosada, los cuarentones millonarios que trabajaban de jóvenes. La derecha democrática amplió ese subsidio por empobrecido, al tiempo que fiel a su vieja tradición, no escondió la pobreza que aumentó. Para negarla y usarla de coartada penal, ya están los chantas de la Patria Liberada.

Las ideas de izquierda están hechas mierda: un mundo ridículo, con líderes de un nacionalismo autoritario con algunos ribetes populares, amenaza con ser el futuro. Ahí está Putin, el reciclado de la KGB que aparentemente es un influencer de Facebook, la oscura empresa del Departamento de Estado de un país gobernado por un idiota, Donald Trump. Cuya guerra tuitera con el emperador marxista e ídolo de multitudes en los amables foros de Davos, Xi Jinping, puede convenirle a los países con atraso industrial. Hay que rezar al dios de la carambola. Total la vanguardia tecnológica es la que va a definir la renta, que es la principal ganancia en la actual fase del capitalismo, no la plusvalía como suponía antes la izquierda, ni el multiplicador bancario derivado de los tóxicos financieros, como suponía la socialdemocracia europea, que es la derecha lúcida de nuestros tiempos. En cobarde retroceso. Es la renta. Con una incesante "movilidad" en su base piramidal. ¿O acaso alguien se atreve a aventurar que en los próximos 10 años, repito: 10 años, nada más; de seguir existiendo, compañías como facebook, Amazon, Google, Twitter, van a ser las empresas más rentables del globo terráqueo? ¡Si ya son un reducto de viejos melancólicos!
Susanti Pancho, el emperador del Vaticano, pertenece también a este nacionalismo autoritario que ha tratado de ocultar en su biografía. Los aspectos progresistas de Bergoglio se desmoronan por la institución conservadora que representa. Aún cuando los grandes maestros del tablero mundial compartan su nacionalismo autoritario pero con menos componentes populares. Como el caso de Bashar al-Ásad, el Hitler de Siria, que cuenta con el entusiasta apoyo de Francia, Alemania, EEUU, Rusia, China e Irán: como Hitler antes de invadir Polonia. El dios de la carambola esta vez nos cagó.
Erdogan, el golpista que sufrió un golpe de estado (aporía que los latinoamericanos, especialmente los argentinos, peruanos y venezolanos, conocemos muy bien, y en especial los radicales entrerrianos) puede terminar siendo la llave de una puerta al infierno que nadie quiere abrir. Por ahora. Oremos al dios de la carambola. No le pidamos solamente que evite otra sequía en la Pampa Húmeda.

Bielorrusia. Un lugar curioso. Mucho más que Corea del Norte, la desgastada Cuba, la horripilante Nicaragua. En Bielorrusia, donde Maradona encontró su anteúltimo amor por los dictadores que lo contratan, es un boticario de las viejas recetas estalinistas, como un Museo de Antropología cubierto por nieve de millones de años.
En Bielorrusia, las formas de la democracia liberal, se han mantenido, como una farsa. Hay una dictadura, pero con diseño institucional democrático. Como hacía Stalin y la mitad del universo le creía, porque no existían las fake news. Probablemente, porque el Hombre Nuevo, que era el Hombre Soviético, no tenía redes sociales.
El liberalismo, que fue la corriente progresista que dotó a la izquierda de algo para decir luego de la Ilustración, está en decadencia. Por un lado, porque la izquierda apela a conceptos liberales para hacer antiliberalismo cuando se pone en su faz antimaterialista de policía semiótico, una boludez con buenas intenciones pero que no pasa de caprichos de las clases medias altas, que ya ni siquiera se enfrentan a la "crisis del sujeto" sino que viven sumergidos en su moral victoriana y las nuevas Tablas de Moisés, que ahora es un semiólogo francés que escribe los mandamientos en lenguaje inclusivo. Por otro lado, se vuelve antiliberal para abrazar el nacionalismo autoritario, aunque en los países donde triunfa no se podría leer esta nota. O tal vez sí, si yo arreglara con algún jerarca del régimen, en cuyo caso, no se me podría insultar por esta nota. Ni siquiera contradecir. Porque tendría el celular del dios de la carambola.
Esa onda putrefacta del multiculturalismo que lleva a tolerar que la mujer sea inferior en Musulmandia "porque son culturas diferentes" pero en el metro cuadrado donde habitan los buenos progresistas veganos, no se debe coger sin antes firmar un contrato y autoflagelarse con la neolengua de la sororidad de txtes y txdas. La izquierda está hecha mierda. Aceptémoslo.
Es la derecha, incluso en Argentina, la que tiene algo para decirle al trabajador sobre su inseguridad existencial, su necesidad de sentirse incluido, el respeto que merecen sus aspiraciones, sus problemas con la criminalidad, el sinceramiento de que la educación pública es un desastre y así. Un progresismo vegano que lo reta por cómo habla, cómo viste, cómo piensa y cómo siente, para después muchachearlo con el fútbol y la comida "tradicional" porque hay que tener un amigo pobre para poder discriminarlo, es una izquierda en bancarrota intelectual, una izquierda hecha mierda, una izquierda oral y coral sin audacia, sin proyecto, sin futuro.