La irrelevancia de los críticos de cine



Daniela Sánchez-. Progresivamente, los críticos de cine van pasando a una merecida irrelevancia. Su pedantería, su corporativismo, su amiguismo y su elitismo, van cayendo en decadencia.


En la página en español más leída sobre cine, FilmAffinity, la página de las críticas de los usurarios ranquea mejor en muchas películas, aún cuando no haya ninguna crítica de usuario, que la página de los críticos de los diarios, en los algoritmos de búsquedas de Google. Obvio, sin estar logueado a Google y borrando previamente las cookies, para quitar el sesgo de usuario en el popular (¿o monopólico?) buscador.
La página más consultada en el mundo, IMDb, es en esencia bastante sencilla. Consiste en poner una breve reseña -tal y como la venden los productores- de una película, una serie o un documental y que los usuarios de la página voten. A favor o en contra. Sin matices. De ahí, un algoritmo saca un puntaje de 1 a 10. Así de sencillo. Así de efectivo.

Ambas páginas, que no son las únicas, hay muchas, son vitales para consultar si se ve una película o no. No tanto para ir al cine, más que nada para ver si comprar o no una película o una serie on demand. Porque ir al cine es un evento más bien social, una no va sola generalmente.
Las redes sociales, que permiten conectarse rápidamente con algún amigo o amiga que sepa de cine y que tenga el gusto parecido al de una, son otra fuente ineludible de consulta. El famoso "boca en boca" pero más rápido y más amplio (por ejemplo, preguntarle a gente que vive en otros países difícilmente se pueda hacer "boca a boca" sin incurrir en el sexo online).
Supongo que esto debe fastidiar a los críticos profesionales de cine. Que hasta hace poco eran los amos y señores de la industria.
Hasta los Oscar son acontecimientos que paralelamente que se transmiten en vivo a muchos más rincones del planeta que antaño, importan a menos personas y definitivamente, no incitan como antes a ver tal o cual película. Ganar una estatuilla sigue siendo importante, para ya no lo es tanto. Se ve reflejado en el hecho de que el resto de los festivales de cine, son cosas para entendidos solamente. Poner que tal película ha sido galardonada con tal y tal premio, ya no significa tanto. Si tu amiga te dice que una película es buena, porque comparte tus gustos y sabés que tiene buen olfato, entonces esa opinión vale más. Si además ranquea bien en las páginas de consulta, mejor todavía.
¿A quién le importa si un pedante, con prosa presumida, dice desde un diario que esa película no respeta tal o cuál canon de no se qué?



Como en muchas esferas de la vida moderna, la irrupción de las nuevas tecnologías y al tener mas variedades de consumo de un mismo producto -así como no desapareció el cine ni el DVD por el streaming, tampoco desapareció la TV por los servicios como Netflix- y muchas mayores posibilidades de compartir gustos y recomendaciones, también existe el riesgo de quedarse "encerrada" en un mismo guetto. Sin probar cosas nuevas. Sin abrirse a explorar otros géneros, otras técnicas. Es uno de los riesgos que corremos hoy en día.
Que se ve compensado con que el consumo de cine ya no proviene casi con exclusividad de Hollywood, aunque la mayoría del cine del resto de los países que triunfa en occidente, es porque le copia a grandes rasgos el estilo moldeado en Hollywood, lo cual le permite conectar en clave audiovisual con el espectador sin esforzarse demasiado. Se ve por ejemplo en las películas argentinas. Si uno ve las viejas películas argentinas de los 80 y hasta de los 90, va a ver una especie de "estilo argentino" que casi no existe en el cine de hoy, que es mucho más visto en Argentina y en el exterior.
Es otro de los riesgos intrínsecos de la globalización de las comunicaciones: la uniformización cultural.
A pesar de esos riesgos, el cambio es democratizador, sin engañarse con que es la panacea. No hay que ser ingenuos. Los algoritmos moldean nuestros gustos. O por lo menos lo condicionan.
Esos algoritmos no son neutrales ni matemática pura. Así como hay influencers en las redes sociales, la opinión de un anónimo o anónima de cualquier parte del mundo no vale lo mismo que otras opiniones. No es que es "un voto, una persona" en todo el proceso previo y posterior a una película. Pero sí es más democrático y más amplio.
Además está bueno que los pedantes "críticos de cine" reciban un poco de su propia medicina.