La interna peronista



Gerardo Pressman-. Los movimientos de Urribarri, con visitas a distintas localidades, se contraponen con su bajo perfil luego de que explotara contra Bordet. Llamativamente, el gobernador no le respondió y escaló su tono crítico contra Macri, lo que puede ser leído como una respuesta implícita.

Urribarri escogió difundir reuniones con militantes en pequeñas localidades de la costa del Uruguay. Es allí donde su presencia es más fuerte. Pero es allí donde es más fuerte también su rival, el actual gobernador.
Luego del explosivo comunicado dividiendo las aguas, en el cual habló de un potencial acuerdo entre Macri y Bordet (el potencial fue mas bien para guardar las formas, el solo hecho de mencionar la hipótesis, implicaba una fuerte ruptura) bajó el tono de confrontación y no volvió a hacer declaraciones explosivas que apunten directamente hacia Bordet. Por lo menos, no mencionándolo.
Cierto cerco informativo minimizó sus dichos.
Además, la coyuntura se englutió la pelea, porque fueron los peores días de la corrida cambiaria. Apenas se terminaba de votar una ley donde se faculta al gobernador a decidir la fecha de las elecciones, pero solo con dos posibilidades, en junio o en simultáneo con las nacionales.
Durante la votación, llamó la atención que se den vuelta como una media los diputados de Cambiemos, tanto los que están con el PRO, pertenezcan o no a la UCR, como quienes están con Atillio Benedetti, hasta ahora el candidato con mejores chances de triunfar en la interna, luego de que Sergio Varisco declinara sus aspiraciones provinciales y anunciara que iba por su reelección en Paraná. Aunque falta mucho todavía, en el medio, Frigerio hizo un operativo de prensa diciendo que hay un "operativo clamor" (?) que le pide que sea candidato a gobernador. Como últimamente solo transmite las órdenes del Fondo Monetario Internacional, se desconoce si el cantante de Ráfaga, contratado para hacerle un jingle de campaña, integra el junta directiva del FMI.
En esa misma votación por la controvertida ley, fue muy crítico el diputado Gustavo Guzmán y se ausentó, oportunamente, el diputado Pedro Báez. Una lectura fina de lo sucedido anticipaba lo que se iba a venir.



Bordet elevó el tono crítico hacia Macri, aunque luego deslizó que le aprobaría el presupuesto que desconoce, con pautas que se desconocen. Ya sus diputados y senadores nacionales habían aprobado el surrealista presupuesto 2018 que estipulaba una inflación anual del 10% y un dólar a 18 pesos. Urribarri se agarró de eso con astucia.
Mientras tanto, ni Bordet ni nadie de su elenco gubernamental salió a cuestionar a Urribarri, excepto la prensa sensacionalista que está siempre hablando de las causas judiciales, llamativamente paradas.
De este silencio se pueden tener dos lecturas.
La primera es la del gobierno provincial. Tanto lo que dicen como lo que no dicen. Lo que dicen es que no hay ningún acuerdo con Macri, solo pautas para poder gobernar. Y agregan con malicia que Urribarri hacía lo mismo con Cristina. Como si ellos mientras tanto vivían en Marte. Y a su vez, como si la relación de Urribarri con Cristina no hubiera sido fructífera. La actual relación de Bordet con Macri no se sabe bien en qué beneficia a los entrerrianos. Aunque llamativamente, nadie que esté alineado con Bordet tiene problemas judiciales por el pasado K.
Esta versión del oficialismo provincial lleva implícito que no quieren pelearse con Urribarri, porque necesitan sus votos.
A eso pareció contestarles Urribarri al asegurar, durante una reunión con militantes de la costa del Uruguay que "vamos a competir por dentro". La palabra competir implica ser opositor a Bordet. La aclaración "por dentro" significa no poner en riesgo la gobernabilidad en manos de Cambiemos, siendo funcionales electoralmente al ir por otro partido, como sueñan algunas corrientes de seguidores de Unidad Ciudadana.
La segunda lectura del tono mesurado del gobernador y de su equipo al no contestar los dichos de Urribarri, proviene del lado de Urribarri. Ahí sostienen que Bordet prefirió callar ante lo que consideran evidente. De esta lectura, hay también una lectura implícita: Bordet necesita una parte de los votantes de Macri y de lo que fuera el Frente Renovador.

Sea como sea, la economía está condicionando la mirada de la gente, que por ahora no presta atención a estos procesos internos, más aún cuando falta tanto para las elecciones.
En el microclima de la interna peronista, las reuniones de Urribarri, publicitadas por su equipo de prensa, no abundan en críticas al gobierno provincial. Sí al gobierno nacional. Con el que el gobierno provincial tiene una relación cordial, aún en pleno tironeo por quién paga el ajuste que ordenó el FMI luego del nuevo fracaso del modelo neoliberal. La crítica fuerte al macrismo, lleva implícito el mensaje. Lo mismo pasa con la defensa de Cristina. Por ejemplo, tras los dichos de Bordet de que "hay que aprobarle el presupuesto al gobierno nacional" lo cual suena razonable recordando lo que el entonces "Grupo A" le hizo a Cristina siendo presidenta durante el 2010, que no le aprobó el presupuesto.
Pero Urribarri contestó, durante un encuentro con militantes de Concordia que “La aprobación del Presupuesto del ajuste será el final de lo poco que está quedando en pie de la industria y de la producción nacional no ligada al modelo agroexportador”.  Y agregó: “Los dirigentes que estén de acuerdo y que le faciliten esa herramienta de ajuste a Macri que pongan la cara expresamente y que se hagan cargo de las consecuencias. En las sociedades de hecho, los socios son responsables por todo”.
Las alusión a las "sociedades de hecho" se compagina con lo dicho sobre el "pacto" con Macri, solo que suavizado o mejor dicho, como si tal pacto no fuera escrito o consciente. Este matiz, aunque suene fuerte y tenga una carga irónica, asegura que la gobernabilidad no está en juego, por lo menos de parte de Urribarri, que como presidente de la Cámara de Diputados y vicepresidente del PJ entrerriano y vicepresidente del PJ nacional, conserva una cuota de poder importante que podría trabar la gestión de Bordet. No lo hizo en estos tres años. Todo indica que tampoco lo hará ahora. Eso sí, no piensa cargar con los costos políticos de la "sociedad de hecho" con el Presidente de la Nación.
Entre la dirigencia intermedia, muchos sacan cuentas.
La clave está en las ciudades donde gobierna Cambiemos. Esos 32 municipios, de los cuales 8 son cabeceras departamentales, incluida la estratégica Paraná, están llenos de dirigentes que lanzan eventuales candidaturas a intendente con ganas de entrar en la lista de diputados. Pero quienes realmente quieren disputar por la intendencia, prefieren que vaya Macri en la boleta para centrar sus críticas en él y no en los intendentes de Cambiemos, en general, bien vistos por la gente, es decir que prefieren que no haya elecciones desdobladas. Por lo tanto, hoy están más cerca de Urribarri, porque a su armado provincial y su figura, le suma la figura de Cristina Kirchner, que es la dirigente peronista con mayor intención de votos en el peronismo y en el espectro opositor. Paradójicamente, es la única a quien Macri podría ganarle en segunda vuelta. Pero para las intendencias entrerrianas así como para la gobernación, no hay segunda vuelta.
Sin embargo, es temprano aún para acercarse a Urribarri y enfrentarse desde la intemperie a Cambiemos y el aparato del gobernador, que además controla el Partido Justicialista.
Para colmo, la crisis económica, golpea duro especialmente a los votantes del peronismo, su base sociológica tradicional (trabajadores, desocupados, pobres, comerciantes, pequeños empresarios, etc). Esto quita clima para internas o para la política en general, por lo menos hasta que estemos más cerca de las elecciones.
El problema de no saberse la fecha de las elecciones, es que los opositores internos a Bordet pueden quedar descolocados o tomados por sorpresa. Por eso el apuro para ir recorriendo la militancia peronista.

Queda como incógnita si los ex dirigentes del Frente Renovador como Adrián Fuertes, ex ministro de Bordet y si Jorge Busti, seguirán como estaban tan cerca del gobernador, luego de que fueran desplazados de los cargos que tenían. Y además, en el caso de Busti, porque necesita ser más crítico que el resto de Macri y del PRO, porque fueron sus aliados electorales hasta la anteúltima elección. No quedar pegados, a cambio de nada a la vez, a una debacle de la imagen del macrismo, suena de lo más razonable.