La conjura de los tercios



Lucas Carrasco-. Las diversas tribus de la política entrerriana moldean escenarios de máxima para luego, ya no contentarse con los escenarios de mínima, sino con el inmovilismo. Cambiemos está en problemas. Bah, tiene un gran problema que potencia los problemas menores: Macri.


Giuseppe Tomasi di Lampedusa escribió una sola novela. Caricaturizó, de manera entretenida dentro del género de la picaresca, la unificación italiana (exitosa, pese al pesimismo que la picaresca requiere y bien se plasma en su novela, El Gatopardo). Era un príncipe. Con título real, de la realeza. Que perdió en la unificación italiana. Casado con otra integrante de la monarquía, que también perdió todo tras el triunfo soviético y la ocupación de Letonia. Lampedusa fue prisionero en la Segunda Guerra Mundial, donde combatió. Escapó de una cárcel húngara y volvió a Palermo. Las grandes editoriales italianas rechazaron su novela y murió sin verla publicada. Sin enterarse que se acuñaría el término gatopardismo para describir una situación política donde "todo cambia para que nada cambie".
El John Kennedy Toole de la nobleza (real y Real) italiana, también fue premiado por su única obra, una vez muerto. El rol de insistente promotora de la madre de Toole, en este caso, lo ocupó la hija de Benedetto Croce, Elena.
En El Gatopardo, el Garibaldi retratado que sobrevuela la trama y le da sentido, no es el Garibaldi que actuó como mercenario en Gualeguay, Entre Ríos. Es el del monumento que insólitamente tiene en Paraná. Y la lectura política que se hizo sobre su obra, se sobreinterpretó con la coyuntura del fascismo y el ascenso de Mussolini.
Narra la emergencia, a través de la política, de las clases subalternas a la monarquía residual, principalmente, la burguesía. Y también la adaptación de la monarquía, en el marco de la unificación, a la nueva realidad de una sociedad dominada por el capitalismo burgués, al estilo italiano de otrora: basado en grandes compañías familiares ligadas al Estado y por lo tanto, con una fuerte imbricación entre política y negocios. Lo cual, además, encaja con el costado más rudo de la corrupción, el proto germen del resurgir de la mafia italiana hasta lograr (esto lo agrego yo) su esplendor décadas después. Y caer como un muñeco de feria, en el Mani Pulite.

¿Voto electrónico? ¿Nadie lo recuerda?
¿Boleta única? ¿Nadie lo recuerda?
¿Ley de Lemas? ¿Nadie lo recuerda?
Bien. Le agrego una más (aunque hoy por hoy, parezca que esto sí cambiaría, estoy seguro que en tres meses se agrega a la lista de los ¿Nadie lo recuerda?)
¿Desdoblar las elecciones provinciales? ¿Nadie lo recuerda?

En unos meses, inflando con cierta imaginación solvente un espacio vacante, se hablará de los tres tristes tercios: el tercio radical, hoy alquilado por la marca PRO, el tercio K, y por último, y esto es lo inflado, el tercio del peronismo federal que tiene como característica el verse seducidos a acatar ciegamente lo que mande el gobierno nacional, una fórmula compuesta por un presidente y su vice, ambos porteños. Con federales así, no hace falta unitarios. Garibaldi dejó su huella en este litoral.

Este tercio está inflado. Massa y Urtubey quieren ocuparlo, lanzando una interna, al estilo de la que ya fracasó entre Massa y De La Sota en 2015 pero sin la ruptura patética de una idea similar y olvidada: la interna en 2011 a padrón inflado entre Alberto Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde.

La traducción entrerriana, en términos de franquicias, sería la resolución de la inevitable interna de Cambiemos (inevitable porque Frigerio ya no tiene poder económico para seducir al resto y los radicales son mayoría abrumadora, y a los radicales no se les puede pedir que soporten el síndrome de abstinencia que les causa no hacer internas autodestructivas), el peronismo federal ocupado por Bordet y el kirchnerismo por Urribarri, que al no poder ser candidato a gobernador, deberá encontrar un comodín (ya buscó uno en el 2015, Bordet, y la cosa no le salió como esperaba) y lograr dotarlo de estructura y de votos. Ete tercio, el tercio K, es el más cohesionado. Un dato  importante. Porque...
La clave electoral radicará en algo muy simple: si Urribarri y Bordet compiten en el mismo espacio (lo cual es lo más probable) y si luego los votantes de ese espacio, hegemonizado por el Partido Justicialista, votan al ganador de la interna, Cambiemos estaría complicado. Porque tiene que llevar a Macri en la boleta. Ni los 16 años de gobierno justicialista en continuado pueden contra el ancla oxidada que es Macri, antes llamado Mauricio por los gerentes locales de su franquicia. Cuando en el PRO te dejan de llamar por el nombre de pila es porque estás jodido. Es como si en el peronismo no te llamaran por tu primer y segundo nombre. O como si en el radicalismo no te llamaran Doctor. O como si en el trotskismo te llamaran Licenciado (prueba irrefutable de que se recibió de algo, pecado venial si los hay).

En la novela de Lampedusa , la realeza termina perdiendo el poder, principalmente, por adaptarse, con demasiada facilidad, a los métodos de los ganadores sociales.
El réquiem de la nobleza sucede porque se asimila demasiado al entorno, como estrategia de supervivencia. Pero no sobrevive.
El Gatopardo enseña que a mayor intensidad del sector "propio", cuando hay un contexto de fragmentación y un adversario minoritario pero también "intenso", mayores posibilidades de ganar.  Ya lo había escrito Lenin. La consigna de "todo el poder a los soviet" no es porque los soviet representaran al pueblo ruso, sino porque sus partidarios ya habían controlado los soviet.
En Entre Ríos, al no haber segunda vuelta y al tener un historial de corte de boletas leve pero importante cuando nadie alcanza un tercio del padrón, hay que mirar otros detalles.
Por ejemplo: el liberalismo, en su acepción anglosajona, que acá podría traducirse como una centroizquierda gorila, ya no está contenido en Cambiemos. ¿Seguirá el odio al kirchnerismo alimentando el motor de su respaldo a Cambiemos con Macri, que ya no es Mauricio, encabezando la boleta?
La pregunta tiene relevancia, porque en Entre Ríos una boleta liberal centroizquierdista puede ir desde el 5 al 12%.
Hay otro sector y es el conservadurismo radicalizado. Lo que antes representó el partido de Cavallo o de López Murphi o de Alzogaray o de Manrique. Si ese sector, que hace demasiado hincapié en lo fiscal en vez de ampliar su repertorio para hablarle a los terratenientes y la clase media obsesionada con la criminalidad, consigue armarse, puede estar entre el 5 y el 10%.
Lo importante de ambas vertientes es que se desprenden de Cambiemos. Lo enflaquecen. Pero también es un sector que corta boletas. En realidad, es el sector del padrón que más corta boletas. Es decir, puede votar por Miguel Lifschitz o José Luis Espert para presidente y para gobernador a alguien de Cambiemos, si la franquicia local no consigue un candidato atractivo.
¿Y el voto en blanco? Tradicional recurso del electorado radical cuando están descontentos, no hay que descartar que sea el doble que el porcentaje normal. Lo mismo el ausentismo, especialmente en las PASO.
No es solo la división del peronismo el fenómeno a atender. Sino las eventuales rupturas por derecha y por izquierda, de una formación casi escuálida, como es hoy Cambiemos.