Historia del pollo en Entre Ríos



Por Santiago Zorrilla-. Una de las "nuevas" tendencias en el mundo de la alimentación es la producción de carnes creados genéticamente en laboratorios. Aunque no lo parezca, Argentina y Entre Ríos han sido pioneras en la producción en masa de alimentos genéticamente modificados, a partir de la industria avícola. Entre Ríos es pionero en la explotación del pollo en Argentina.



Estas aves domésticas llegan al ambiente rural argentino, con los primeros colonos suizos, que se instalaron en 1857 en San José para luego expandirse a Villa Elisa, Colón y Concepción del Uruguay.
Estos colonos suizos llegaron a la provincia de casualidad. Originalmente se instalaron en Corrientes, pero el gobierno no les reconocía el contrato de las tierras y entonces los ubicaron en tierras entrerrianas, en el Ibicuy, una planicie inundable y llena de pantanos. Para salvar la situación, el general Justo José de Urquiza, en ese momento presidente de la Confederación Argentina, resolvió ubicarlos en sus campos, cerca de su residencia –el Palacio San José- y asumir la empresa como un particular. La crianza de aves domésticas, entre ellos el pollo, fue una de las actividades agrícolas mas importante que llevaron adelante estos colonos. Hasta entonces, no había existido un pollo, tal y como lo conocemos hoy, producido en Entre Ríos.

Se denomina pollos a las gallinas y gallos que no han alcanzado la madurez sexual.
El pollo como alimento no es algo nuevo. Los primeros restos de esta aves, datan del Neolítico, Fueron encontrados en la provincia china de Hebei y se presume que  de ahí pasaron a Europa de la mano de los sumerios. En el Egipto antiguo ya hay constancia de avicultores, y en los tratados gastronómicos de los inicios del Imperio Romano se encuentran recetas de cocina con pollo, aunque no de la manera en cómo lo consumimos en Argentina. Las gallinas se usaban como ponedoras de huevos y a lo sumo, para caldos. El pollo no nos gustaba. La abundancia de vacas y sus carnes derivadas, le jugaban en contra al pollo, según nuestras costumbres.
Plinio, el viejo; un escritor científico, naturalista y militar latino, en su Historia Natural escribe que el caldo del pollo “afloja el vientre, con mayor eficacia si es de un gallo viejo”. Y Galeno, considerado uno de los padres de la medicina en "De alimentorum facultatibus", recomendaba que lo mejor para la mujer en período de lactancia es tomar testículos de pollo remojados en leche.
Mas adelante, en épocas medievales, el pollo era una comida suntuosa que solo disfrutaban las élites.



Andrew Lawler en su libro "Por qué cruzó el mundo el pollo; la épica saga del pájaro que impulsa a la civilización" cuenta que este alimento se masificó por impulso de un tipo de pollo diseñado para un concurso gubernamental en los Estados Unidos, en la posguerra de fines de los años 40. Para tal fin, se hicieron películas, documentales y todo tipo de propaganda. Esto le dio impulso global al consumo de pollo.
El consumo de pollo se masificó y dejó de ser un artículo de lujo a partir de la década del sesenta del siglo pasado para convertirse en un producto habitual en las dietas debido a su alto contenido proteico y vitamínico y la muy baja presencia de grasas. Se populariza, porque los avicultores industriales encontraron la forma de criar muchos pollos híbridos, denominados broiler, que permitió que baje abruptamente el precio de la carne de pollo.
El pollo broiler, o simplemente pollo parrillero como lo conocemos en Argentina, es aquel que es alimentado solamente a  base de alimentos balanceados. A su vez, se le añadieron antibióticos.
Lo conocemos como pollo parrillero, porque los pollos anteriores a los híbridos solo se consumían en guisos, o a lo sumo al horno, debido a la sequedad de su carne. En la Argentina, la incorporación de esta variedad hizo que el consumo anual por persona, pase de 4 kilos a 8 en 1965, y hasta 10 kilos en 1970.
La tecnificación en el proceso de producción avícola ha sido increíble en el último tiempo. Esta transformación genética logra que las aves consuman menos alimento en menos tiempo pero engordando, para producir la misma cantidad de carne. A su vez redujo la cantidad de personal necesario para trabajar en las plantas.
Estos avances han repercutido favorablemente en la baja del precio, lo que hizo que la mayoría de las familias argentinas opten por el consumo de este tipo de carne, ubicándonos hoy entre los países con mas consumo anual per cápita que está entre los 45 y 47 kilos.
Sin embargo, la producción avícola entrerriana tuvo que sortear varios obstáculos.
El primero de ellos, fue el traslado de la producción y el traer los alimentos balanceados a la provincia, ya que en esa época, aún no se había construido el enlace vial Zárate-Brazo Largo.
A finales de la década del ochenta, la cadena productiva logró su integración y en la provincia se producían los huevos fértiles, los pollitos BB, el alimento, y se tercerizó el cuidado y la guarda en los criadores integrados para luego faenar y comercializar el producto. De esta manera bajó aún más el precio al consumidor final, consolidando el hábito y aumentando el consumo.

En Entre Ríos, la industria agrícola es paradojal por las imágenes que muestran, por un lado, establecimientos frigoríficos ganaderos que otrora supieron alimentar a muchos países, hoy solo muestran sus ruinas, como pasa en Vizental en San José o Pueblo Liebig, mientras que las economías alrededor de estas ciudades crece alrededor de la producción e industrialización avícola, ubicando a la provincia como la principal exportadora, acaparando el 69,8% de las exportaciones nacionales.
Todo esto se logró en un lapso breve, importando tecnologías y alimentos y supiéndose adaptar a las nuevas condiciones económicas de la globalización y los cambiantes hábitos de consumo.
¿Un ejemplo para otras cadenas agroindustriales de la provincia?