¡Es la cabeza, estúpido!

Lucas Carrasco-. Las maneras en que reaccionamos frente a un crisis económica, condicionan el devenir de esa crisis.
La economía presume un imposible: ser una ciencia social perfecta. Tal cosa no existe. Aunque sí, claro, existe la ciencia perfecta: la matemática, por ejemplo. Si por perfecta se toman las dos acepciones, cualquiera de las dos, de la palabra: Que tiene todas las cualidades requeridas o deseables/ Que es muy adecuado para un determinado fin. Ambas acepciones calzan "a la perfección". Pero. Como la palabra perfección tiene una semiosis confusa, se las denomina ciencias "exactas". La economía, al utilizar (en menor medida de lo que presume) procedimientos lógicos derivados de las matemáticas, se presuponen exactas. Porque la matemática es exacta: 2 + 2 es 4; así que si sumo 2 focas y 2 cabras tengo 4 animales, 4 elementos, 4 mamíferos, y puedo suponer (y equivocarme) que entonces tengo 4 pinnípedos o 4 artiodáctilos. Con la misma arrogancia que un estudiante de química cree que los condicionantes psicológicos son fácilmente predecibles. Solo que el grueso de los economistas son bastante chantas y nunca superan el umbral del entusiasta estudiante de química. Que con el tiempo se dedicará a algo más productivo como fabricar drogas de diseño. Lo cual le quitará sus pretensiones lacanianas. Es un procedimiento matemático y lógico, propio de los estudiantes de química. Está chequeado. Posta.

Las ciencias sociales, donde se encuentra el derecho (que suple su debilidad y elitismo con palabras en Latín y cierto pacto de impunidad con el ridículo, que a menudo va acompañado con el divorcio de la sintaxis) y la economía, tienen mala prensa. Por eso se inventan un pase VIP a las ciencias exactas. Aunque ambas, ante ciertos fracasos que les hieren los coranzoncitos sensibles, se están volviendo cada vez más psicológicas, bah, más hechiceras. Para decirlo matemáticamente: 2 lacanianos + 2 maestros de reiki es igual a 4 hechiceros o 4 astrólogos o 4 pinnípedos o 4 artiodáctilos. Lo que pasa es que los psicólogos, especialmente los freudianos, encuentran por fin la posibilidad de ser tomados en serio: el analfabetismo funcional para las ciencias sociales que caracteriza al grueso de los científicos sociales de la economía y el derecho, se suple, de manera cada vez más extravagante, con la psicologización berreta, al estilo autoayuda de algoritmo de Google.
En esta canción que ¡PERDÓN! ¡PERDÓN! maltrata a los animales, es sexista, con lenguaje no inclusivo y de alta costura, hay un procedimiento matemático fonético (esto último lo digo en serio) pero eso no lo hace ciencia ni le otorga certeza alguna. Porque además no lo requiere.



Bien. Ya está el asunto de coleccionar nuevos enemigos. Ahora vamos al punto.
La manera en que se rompen los microparadigmas que articulaban la organización de los sentidos cuando el paisaje social se queda sin moneda, es variable. Hay quienes estallan (de múltiples maneras) por la escasez. Hay quienes estallan por el miedo a la escasez. Y hay quienes estallan por la euforia de la escasez ajena. A la que ven como una oportunidad. Y entremedio hay mil variantes.
En Argentina, los reflejos de viejas crisis condicionan de manera diferente a cómo reaccionaría, de existir el señor Ciudadano Promedio, de un país con una economía mas estable.
La ruptura de la cadena de pagos, el precipicio de la escasez como condición de la economía a la escasez como determinación de la economía, el aumento del desempleo y de las precariedades del desempleo, la renegociación tácita de casi todos los aspectos de la vida cotidiana y de los vínculos cercanos (después de todo, el dinero es nuestro principal medio de comunicación) provoca una ruptura epistemológica que en algunos casos puede tener mayor vértigo que en otros, pero que es difícil que no se vaya propagando como una pandemia de una película de ciencia ficción.
Antagonizar este proceso con la mediación de una narrativa sobre la corrupción del gobierno anterior, tiene el problema esencial que se encuentra en el mismo enunciado del problema: es una narrativa mediada la de la corrupción. La "cuestión económica" no se vive como mediación, aún en la sociedad posmoderna, porque es una ruptura epistemológica. Mayormente trágica en el electorado de Cambiemos, que es un electorado fluctuante que aceptó el contrato de una marca fluctuante. Cambiar por cambiar, el cambio como valor intrínseco, es una cualidad que el marketing comercial viene explotando hace añares. Y termina devorando, como en la dialéctica marxista, su propia creación original. El cambio de la narrativa del cambio hacia una narrativa de "normalidad" no pudo darse por la ruptura epistemológica de la desorganización económica. Y ahora, todos los enunciados anteriores, sobre todo los purificadores y moralistas, se le volverán poco a poco, en contra. Fortaleciéndose esos enunciados. Lo cual explica por qué las oposiciones no capitalizan políticamente esta "crisis" económica.
La ruptura epistemológica pone en presente perpetuo a quien se siente victimizado por las coordenadas desordenadas de la economía. La reconstrucción de una narrativa que la explique seguramente se hará con los enunciados disponibles. O sea, calarán fuerte la honestidad, la eficiencia, la distribución del ingreso, la necesidad de debilitar a los partidos políticos, el punitivismo, la depreciación simbólica de las élites, el salvajismo contra lo diferente y el miedo a las revanchas imaginarias, en un país cuya memoria es una lucha de revanchas inagotables.