El ser humano está hecho para emborracharse



Lucas Carrasco-. Como el Creacionismo o cualquier religión New Age, mi Teoría Estúpida, naturalmente pretenciosa, naturalmente algo descabellada, adentrándose peligrosamente en la antropología, la biología y la medicina; tiene fundamentos científicos. Sí, señores.

Los amantes del deporte -que por alguna razón INCONCEBIBLE- no me cuentan entre sus filas, suelen traer a colación, contra quienes practicamos el Sedentarismo Militante (he ahí el nombre de mi recién creada religión New Age que, como toda religión New Age que se precie, o, bah, toda religión a secas, debe estar pergeñada a medida de su creador. Esto es así desde que el hombre creó a dios a su imagen y semejanza), esbozos de antropología for dummies que, sin embargo, son ciertas: el ser humano se fue diseñando en su compleja evolución genética, como un mamífero apto para correr, huir, descansar, caminar grandes superficies desniveladas, trepar, saltar. Pero. Atención: en su evolución genética también desarrolló un cerebro más grande en comparación con otros primates a partir de la ingesta de proteínas, provenientes de la carne y sus técnicas de cocinado y conservación.  Dominó el fuego, se paró en dos patas, utilizó con mayor inteligencia la técnica de la caza y la recolección de frutos y semillas, hasta que derivó en la Revolución Agrícola. No se sabe si en esta etapa de domesticación de ciertas especies vegetales ya había domesticado algunos animales, hay quienes sostienen que los antepasados del perro, cuyos genes se perdieron en los lobos, ya convivían con los creadores de la domesticación vegetal, lo que conocemos como Revolución Agrícola.
Es altamente improbable que nuestra extraordinaria capacidad para comprender lo complejo y crear, no haya venido con los cambios fisiológicos necesarios para, por ejemplo, estar sentado en una cómoda silla giratoria durante largas horas del día y, como inventamos sofisticados manejos del fuego y la energía, de la noche, horas y horas donde, a partir de la creación de muchísimos sistemas complejos de abstracción -lo que llamamos lenguaje, aunque técnicamente, es Habla, que derivó en alfabetos y luego en procesadores de números matemáticos a una velocidad miles de millones de veces mayor que la propia mente (humana) que los creó, en unidades infinitesimales y así- podemos estudiar lo que nuestros antepasados o contemporáneos pensaron y dedujeron, para experimentar tras pensar y deducir y así crear cosas nuevas. Que van desde palabras a artefactos para que bajo una atronadora música electrónica hecha por el DJ Tamborcito de Tacuarí (puro pom-pom-pum-pom-pum) los amantes del fitness (ejercicios), running (correr) o zapatillas supersónicas decoradas con colores grasas que por cierto no existen en la naturaleza, para hacer Power Walking (caminar). Desde la huella fonética hasta el esclavito chino que pega las suelas de las alfombras mágicas de Nike, todo eso requirió estudio, creatividad, ciencia, experimentación, saber, historiografía, diseño, marketing, cultura y un largo y pesado etcétera que se hace, mayormente, sentado.  Repito: SENTADO. 
¿Está claro, señores?
Bien.
Pasemos al siguiente punto. Gracias por los aplausos. Gracias. Pueden tomar asiento. Porque es la postura natural del hombre, una vez que salió de las cavernas. Continuamos con la Clase Magistral. De nada.
Hay una película popular, creo que es francesa, que retrata el origen de la humanidad y se centra en la primera parte en Lucy, si mal no recuerdo. Se llama La Odisea de la especie, tiene tres partes. Lucy es una Australopithecus afarensis, real como Alfredo de Ángeli, pero las otras dos películas ya llegan al Homo Sapiens.
He leído, desde aquella película de principios del siglo XXI, varias revisiones científicas que avanzan sobre algunos de los supuestos de esta excelente película de divulgación y lo contradicen. Pero en líneas generales, sigue el consenso de la comunidad científica de aquellos años.
El guión y la narración son especialmente destacables, si se piensa que fue creado con fines divulgativos.
Agreguemos la siguiente secuencia imaginaria:
Imperio Asirio- una vid pierde algunos racimos, que caen al piso, cuando un homo sapiens descubre que un hominoideo evolucionado en simio (un mono sin cola) está trepado al árbol donde cuelga la vid y les está comiendo las uvas. Ahuyenta al mono. Se propone juntar, para comer en el momento, antes de que se pudran, los racimos caídos. Pero observa que su pequeña tribu de recolectores que aún dormía, se levanta espantada porque descubren a un félido, pongamos un león para hacerlo cinematográfico, enojado por alguna razón (no olvidemos que el león es el Rey de la Selva y en carácter de tal, siempre está enojado) y que empieza a rugir. Por lo tanto, la tribu ni se molesta en ponerse sus taparrabos, si total no hay nadie filmando ni son Jesucristo, que ni para morir se quitaba los calzoncillos, así que huyen desnudos a una pradera desde donde pueden trepar árboles y esperar que el Rey León se vaya a trabajar en algún dibujito animado o cazar una gacela, si es que había gacelas en la Mesopotamia de Oriente Próximo.
Nuestro ahuyentador del mono, empieza a correr, sin preocuparse por el racimo de uvas caído (total son uvas aún, si fueran vino, enfrenta al león, obvio) ni por la vid, que está a una altura donde el león no llega y, si llegara, no se treparía para no despeinarse. Por alguna razón, los leones siempre están bien peinados, así estén corriendo o masacrando algún infeliz: ni siquiera se manchan de sangre, hasta comen con servilleta. El león, empieza a correr a la tribu desnuda. Pero de camino se topa con el mono que huía del hombre. Y como no diferencia mucho el mono de los humanos, le da un tarascazo al mono. Pero el mono es un ser social. Así que salen otros monos, vestidos de patovica de boliche, a defender al mono herido. El león, finalmente, se engarza en una dura lucha y acaba con cinco monos, que se la daban de narcos rosarinos pero peleaban bailando El Twist del Mono Liso de María Elena Walsh: lo único que podían cazar vivo era una naranja. Y ni siquiera se animaban a matarla.
El león, que gusta de los embutidos naturales de carne de mono (es un león de Palermo Soho), se queda una semana comiendo su banquete de cinco monos.
Los humanos, cansados y hambrientos, al segundo día se bajan de los árboles y se van, a caminar buscando alimento.
Vuelven a pasar por el lugar luego de que transcurre el verano, el invierno y llega la primavera, cuando la vid quizás ya tenga nuevos frutos. No tiene.
Hay un racimo, caído sobre un pozo de agua estancada. Un homo sapiens toma agua. Resultado: se emborracha. Acaban de conocer el vino, aunque 7.000 años antes los árabes ya lo producían.



Desde el siglo 9 antes de que Jesucristo promocionara mundialmente (o sea, europeamente), como si fuera un Calvin Klein, su taparrabo, los árabes ya producían alcohol.
Son más de 3.000 años, mínimo, que los seres humanos llevamos tomando alcohol.
¿Y alguien sale a decir que no estamos acostumbrados?
¡Por favor!
Si de algo nos desacostumbrados -y nuestra flora intestinal, probablemente no lo toleraría y nos moriríamos- es a comer verduritas crudas crecidas naturalmente en los pantanos rodeadas de plagas: ahí tenés tu colchón de hojas verdes para la hamburguesa gourmet (que puede ser una rata muerta). Nos desacostumbramos, tanto como a correr porque nos persigue un león. O a treparnos a un árbol porque hubo un trueno y quedarnos ahí un par de días, no sea cosa que algún dios esté enojado con nosotros y tengamos que sacrificar al brujo de la tribu para contentarlo. Pero del alcohol, sí, nos acostumbramos. De sobra. Incluso puede que nos hayamos pasado de mambo. Lo concedo. Y que de vez en cuando caminar un poco nos venga bien -hasta el bar, la vinería, el kiosco, lugares estratégicos para una supervivencia digna que nos aleje de la noble idea de la eutanasia-. Incluso correr. De la policía. Es un ejercicio que puede tener beneficios. No lo niego. Pero así como el ser humano fue diseñando su pie y su musculatura para caminar sobre suelos asfaltados o en baldosas, también se fue diseñando para beber. De hecho, el alcohol, es anterior a las Nike por unos 2.970 años. Y no sé a cuánto tiempo se remonta el asfalto. Sé que las veredas, se construyeron en ciertas zonas de las ciudades más importantes y prósperas, pero eran veredas irregulares, rotas, paranaenses, resbaladizas y además, eran escasas y el calzado era apenas para cubrir los pies de las lastimaduras.
Es un hecho científico.
El ser humano está hecho para emborracharse.