El Macri con corbata



Lucas Carrasco-. Del Macri del minuto y medio en un mensaje por Facebook destinado a los mercados, con fondo de árboles y calma mal transmitida en la Quinta de Olivos, al Macri con corbata celeste, camisa y saco haciendo tono con la bandera argentina en el Salón Blanco, hablando 25 minutos.

Ya lo dijimos: no era el marketing, pero esta vez la idea se refuerza. Porque el primer youtuber que demora una hora un mensaje grabado, habló en youtube con otro tono. Más cansado, con los hombrros caídos, la mirada fija en el teleprónter, una sintaxis casi correcta, propia de escolar avanzado; una gestualidad escueta, el mismo tono cansino. Coacheado para un detector de mentiras de la Guerra Fría, el Presidente de la Nación se vistió de tal. Pero, el maldito Pero... No le habló a la Nación, le habló a sus believers. Lo cual es típico de los youtuber.

Un discurso paternalista, con menos recitados de las idioteces de autoayuda y con las remanidas hagiografías personales sacrificiales (efectivas, por cierto: acaso lo más efectivo de ese discurso) y la ostensible, demasiado ostensible a mi juicio, búsqueda de empatizar "con los que menos tienen", el discurso calzaba perfecto en lo que Michel Foucault caracterizaba como poder disciplinario pastoral. Se hubiera asombrado Rodolfo Puiggrós de mi pecado: hacer calzar los hechos en las categorías científicas, en vez del movimiento intelectual a la inversa, que es el correcto. Y bue, soy un principiante en esto de analizar discursos...(oh, sí, también me sumo a esta pandemia de falsa modestia y arrepentimientos).
La falsa modestia es una técnica muy valorada, con razón, en la Industria del Chamuyo. El enorme riesgo es que se note. Ahí, cualquier discurso, cae a un precipicio. Y además del lenguaje gestual, que denotaba que la modestia íntima era poco creíble, estaban los enunciados: si la culpa es de los otros, casi una paremia parodiada de Juan Gelman cuando escribió "de todos modos, yo soy otro", no hay modestia posible. Menos si no se desmenuza, con paciencia y firmeza a la vez, la culpa sobre qué: ¿la tormenta? ¿el significante vacío "crisis"? ¿la pobreza aumentando? ¿qué, Mauri, qué?; sin qué no hay por qué, sin un por qué íntimo y autocrítico no hay modestia; fingir modestia sin enunciarla, puede ser contraproducente. Lo fue.
De nada.

La búsqueda de empatía es un rasgo narcisista propio del oficio del político. Algunos tienen mayor volúmen teórico e imaginativo, para incluir esa cualidad dentro de un relato envolvente. Otros, son como Macri.

Llamaba la atención, en ese discurso, bah, en ese Servicio Sacerdotal de Urgencia, que pareciera un monaguillo poco entrenado: cuando el pastor abre los brazos es porque tiene correspondencia con un enunciado que busca incluir, llamar, convocar, perdonar; cuando los cierra, sobre todo si junta las palmas en señal de rezo, es porque denota introspección: acá estamos, pocos pero buenos, los salvados. El primer Presidente que no sabe hacer la señal de la cruz confundió sus cursos de lenguaje gestual y de fonética, e hizo las cosas a la inversa.Un buen youtuber lo hubiera corregido en la edición, poniendo chistes sobre sí mismo o emoticones polisémicos.

La prosodia del discurso, para alguien tan limitado intelectualmente pero con tanta resistencia emocional como Macri, fue de factura técnica impecable. Pero no era el momento para esa melodía. El resto de los componentes de la prosodia eran correctos, el de la melodía, no. Por el simple hecho de que los hechos están hechos de hechos, además de percepciones sobre esos hechos que están hechos de hechos. Y los hechos indican que hay que ir por otro lado. Un viraje, necesariamente, aún si es aparente, necesita otra velocidad en la prosodia. Otra musicalidad en el discurso, además de diferentes volúmenes. No es la calma, como intensidad segmental perpetua, el acento necesario para esquivar una tormenta si no se la está esquivando. O si los tripulantes no perciben que se la esté esquivando. Bienvenidos al Costa Concordia.