El desprestigio de la Iglesia Católica

O. Rivarola Salduna-. Cercados por la complicidad con la pedofilia sistemática, el oscurantismo contra los derechos civiles como el aborto legal y un populismo cínico, la Iglesia Católica atraviesa una nueva crisis aferrándose a sus privilegios.

Con la supuesta autoridad moral que creen poseer derivada de un dios único con el que ellos solamente pueden conversar y transmitirnos sus órdenes, los jerarcas de la iglesia católica apelan a la demagogia populista cuando necesitan aferrarse al poder para no perder sus privilegios.
Las condenas como la reciente por pedofilia al ciudadano Ilarraz en Entre Ríos, que cometió sus delitos probados en primera instancia en el Seminario de Paraná, muestran que la institución como tal se dedica al encubrimiento sistemático de los casos de pedofilia. Este encubrimiento no necesariamente encaja en la figura penal que tipifica esta conducta, no estamos hablando aquí de eso, sino de un encubrimiento que surge de la valoración política de ese caso y los muchos otros que en Argentina y el mundo se fueron ventilando y tienen condena penal. De esos casos surge que la iglesia católica tiene una conducta institucionalizada de encubrimiento, bajo la creencia de que las leyes laicas no se aplican en el interior de su institución. Una creencia arcaica y al mismo tiempo, peligrosa por antidemocrática.
Resta avanzar en el análisis pormenorizado de por qué las autoridades políticas le dan a una institución de este tipo el cuidado de niños. Porque la mayoría de los contratos, prebendas, componendas y negociados los han hecho con gobiernos democráticos, como la expansión de su red de escuelas privatizadas, subsidiadas por el estado.
Fue Arturo Frondizi quien permitió, a sangre y fuego hay que recordar, la privatización de las escuelas en manos de la iglesia católica. Es decir, fue un gobierno civil. Un gobierno decente, calumniado en la época con denuncias penales por corrupción que resultaron falsas. Además, Frondizi fue un estadista. Pero hay que recordar que también marchó contra la ley de divorcio cuando el Presidente de la Nación era el radical Raúl Alfonsín. En esa época, la iglesia católica opuso una feroz resistencia, acusando a Alfonsín, quien también era católico, de provocar la disolución de la familia. Un viejo cuento que como se ve es utilizado cada tanto.
Lo insólito es que ancianos supuestamente célibes den consejos sobre sexualidad y familia, teniendo en cuenta que según ellos mismos dicen, carecen de experiencia en estos temas. Por lo tanto, sus consejos están basados en la supuesta palabra de dios.
Al parecer, dios es un jurista experimentado que considera que hay que vivir como en la época anterior a Jesucristo y se los hace saber a estos privilegiados interlocutores exclusivos. Lo cual resulta raro porque en esa época no se penalizaba la homosexualidad, ni la infidelidad y el modelo familiar era muy distinto al que se aferran los actuales jerarcas católicos.

Los casos de Salta y de Entre Ríos son paradigmáticos.
En Salta, hubo que recurrir a la Corte Suprema de Justicia para que se deje de obligar a los niños a recibir educación religiosa en las escuelas públicas.
En Entre Ríos, los que hacen militancia política a través de denuncias judiciales no se animaron a meterse con la barbaridad estipulada en la Constitución Provincial, que denomina a las escuelas de adoctrinamiento católico como instituciones estatales de gestión privada, como si fuera el Banco de Entre Ríos o alguna otra entidad privatizada para hacer negocios, pero condenando a los niños a privarse de una obligación estipulada en la constitución Argentina: el derecho a una educación pública, laica y gratuita.
Nadie alzó la voz contra esta afrenta.

Vale la pena recordar que la nueva Constitución, aprobada por unanimidad, no fue puesta en práctica en más de 100 institutos creados "para la tribuna".  La Constitución solo funciona en las cláusulas que les interesan a los poderosos y los privilegios y prebendas que los rodean: la reelección del gobernador, la creación de Ministerios a gusto y placer, la privatización del derecho a la educación como el caso de las escuelas mencionadas, la condena a la UADER a no ser universidad nacional y por tanto no tener jamás ni el más remoto prestigio, y poco más.
La estructura del poder real, que va de la instalación de financieras para hacer negocios con Sidecreer y el Instituto del Seguro, la privatización del banco provincial, la falta de tierras para los pueblos originarios, la concentración de la tierra, el libre albedrío con los pesticidas y las semillas, la cesión de facultades del Estado a las patronales agropecuarias, el pésimo funcionamiento del Poder Judicial, etc, nada de eso fue tratado. La nueva Constitución tiene muchas cosas buenas, la mayoría no han sido puestas en práctica ni reglamentadas.

La iglesia católica atraviesa un período de crisis en todo el mundo, no solo por los escándalos de encubrimiento de la pedofilia, sino por los escándalos financieros en torno a la red bancaria que manejan, el oscurantismo con el que maneja bancos y propiedades y la presión al poder político para mantener y ensanchar privilegios, a la par que pierde fieles y prestigio. Sus iglesias están vacías, no tienen sacerdotes y su modelo de organización ha quedado viejo: es machista, reaccionario, usa a los pobres para mantener sus privilegios, tiene una especial obsesión con meterse con todos los aspectos de la vida de los niños, sus recursos económicos salen solo del Estado a costa de todos. Pero la gran crisis es de identidad. Si defienden todo lo que piensan, quedarán menos fieles de los pocos que ya hay. Si se abren demasiado y se adaptan un par de siglos, pierden el riesgo de que los pocos fieles que les quedan, se vayan a otras religiones donde encuentren la identidad que les falta en sus vidas. Para eso, ya hay otros cultos, una gran diversidad hoy en día y suelen ser menos hipócritas y más descontracturados.

El reciente giro a la política populista de la iglesia responde al oportunismo. Tanto para que su clientela de pobres no se les vaya con los evangelistas como para tener "autoridad moral" en donde el Estado está ausente. Así es como llegamos a tener un rey del Vaticano que es amigo de cuanto dictador se declare católico. Así esté acribillando a sus ciudadanos en la calle.