“Disculpe, no he estudiado el tema”


Daniela Sánchez-. En la radio y en la televisión, sobre todo en los programas políticos, ocurre algo muy loco: todos, absolutamente todos los entrevistados, saben del tema del que le preguntan. Es gente muy sabia. Nadie se anima a responder “no sé del tema”.




Supongamos que hay un potencial brote de alguna enfermedad que puede alarmar a la población y entonces es conveniente informar sobre algunas normas de higiene a seguir para mantener a raya una posible epidemia. Si se entrevista a un médico, aunque no sea especialista en esa enfermedad en concreto (total no es un programa de divulgación científica, sino de temas generales) el doctor sabrá dar pautas generales, sencillas y de fácil comprensión para prevenir el contagio de esa enfermedad. Perfecto. Pero qué pasaría si luego de explicar las normas de prevención, el conductor o la conductora le preguntaran:
 -¿Qué opina del precio del dólar?
Como el médico es un ciudadano, un profesional, probablemente informado (por algo los productores tienen su teléfono) sabrá explicar su posición personal, que seguramente la tiene. Pero qué pasa si luego le preguntan: ¿Y qué opina de la guerra en Siria? Para luego rematar: ¿Y cómo ve en general el conflicto en medio oriente? ¿Le parece que Messi tiene que volver a la selección? ¿Le parece que Darín da como “galán maduro” o solo es un gran actor, maduro? ¿Los tatuajes de Cande Tinelli no lo tienen un poco podrido? ¿Es probable que haya vida extraterrestre? ¿Qué le parece el cambio de autoridades en la Corte Suprema? ¿Cómo se soluciona la inseguridad? Sería ridículo, por supuesto. Lo más probable es que el doctor respondiera “mire, no sé, tengo una opinión personal, pero no soy especialista en el tema así que me la reservo para mí”. Eso no pasa nunca con ningún político. A los que entrevistan a agenda abierta. Cuanto más dure la entrevista, más temas distintos y variados, serán abordados.
Tanto el periodista como el político hablarán alegremente sobre un montón de temas.
 Es rarísimo que un político responda “no sé, no he estudiado el tema”.



Se supone que, como los políticos aspiran a cargos donde tienen que legislar o ejecutar o enjuiciar sobre diversas temáticas de un amplio repertorio, les conviene mostrarse como sabelotodo. También se supone que tienen asesores que se especializan en diversos temas.
 ¿Es realista imaginar que a las cuatro de la mañana un dirigente político que anoche estuvo en un programa de TV a las once de la noche, se levante y consulte con su asesor en temas sanitarios toda la gama de problemas sanitarios que hay en agenda, que consulte con su asesor penal sobre los temas de su rubro, que consulte con su economista y con su asesor científico? O es más probable, acaso, que solo hable con su asesor de prensa, por las notas que tiene pautadas y después sanatee, con enunciados generales y más o menos ideológicos?
 Lo segundo es lo más realista, creo. Porque como asesores contratan a los punteros, los amigos, los familiares, los de su confianza, etc. Lo cual no necesariamente equivale a saber. Porque además de saber del tema hay que saber explicarlo.

 ¿Cómo tomaría la gente a un político que dijera “disculpe, pero no sé nada del tema. Si le parece, consulto con mi asesor Dr X y mañana o cuando usted disponga, le doy una respuesta”? ¿La gente lo tomaría a mal? No creo. Al contrario. Le caería bien alguien que fuera sincero y que además se tomara en serio su labor y respetara la opinión de los especialistas. Sobre todo teniendo en cuenta que entre los especialistas de cualquier temática, hasta de las científicas, no hay Una Sola Opinión, sino distintos puntos de vista. Más si se trata de opiniones que pueden derivar en una eventual política pública de estado.

 Todos los que pisamos una facultad hemos pasado por el terrible momento de decirle a un tribunal de exámenes “no sé”.
Es un momento incómodo porque nos están evaluando sobre materiales que previamente nos dieron para estudiar y nos lo explicaron en clases. Nuestra responsabilidad era estudiarlos y entenderlos. Y no es lo mismo haberlo entendido mal que tener que responder “no sé”. Algunos optan por sanatear, pero en general es una jugada de corto vuelo y lo más probable es que los profesores se lo tomen a peor y sigan preguntando sobre el mismo punto.
Lo mejor es decir “no sé” y rogar por dentro que los profesores cambien de ítem y nos pregunten sobre algo que sí hayamos estudiado.
Pero el político no tiene la obligación de saber qué le van a preguntar ni de emitir una opinión sobre un tema, aunque esté en todos los medios ese tema, sobre el cual no sabe en profundidad. No solo que no tiene la obligación, sino que sería inhumano exigirle que sepa sobre todos los temas.
Se le puede exigir que consulte, que estudie, que dialogue con los involucrados, que se prepare y que tome la mejor decisión posible, pensando en el bienestar general y en especial en los más débiles. Eso es tener conciencia ciudadana, exigir responsabilidad, no semidioses que se la dan de sabelotodos. ¿No?